De triunfar en el Sao Paulo a irse al Milán
A punto de debutar con el primer equipo del Sao Paulo tuvo un accidente en un parque acuático que le pudo apartar del fútbol. Sin embargo, se recuperó, se convirtió en la estrella de su equipo, ganó el Mundial 2002 con Brasil y en 2003 fichó por el Milán.


Octubre de 2000. Kaká ya empezaba a asomar como una de las estrellas emergentes del fútbol brasileño, se acercaba su debut en el primer equipo del Sao Paulo y saboreaba el presente cuando a punto estuvo de acabarse todo. Sucedió una tarde en un parque acuático de Sao Paulo, en el que estaba junto a su madre. El brasileño se lanzó a la piscina desde un tobogán y sufrió un golpe tremendo en la cabeza contra el suelo de la piscina. Le dieron cuatro puntos de sutura y todo parecía normal, pero dos días más tarde empezó a marearse en un entrenamiento y tenía enormes dolores cervicales. Los médicos del Sao Paulo le descubrieron una vértebra rota. Pudo quedar parapléjico, aunque finalmente se salvó de milagro.
Quizá, a partir de ese momento, aumentaron más todavía unas creencias religiosas que nacieron desde niño y que nunca se cansa de recordar: luce una pulsera con el mensaje de "Jesús", sus botas llevan el lema "Dios es fiel", y en una de sus chaquetas está escrita la frase: "Pertenezco a Jesús". "Cada uno recibe un don de Dios y el mío es jugar al fútbol", repite Kaká con insistencia.
Solidario. Lo cierto es que aquel día pudo truncarse su carrera y, tras varias semanas con collarín y un par de meses sin jugar, regresó al primer equipo. Ya nunca más volvió a los juveniles, en los que había hecho gran amistad con el ex madridista Baptista. Muchas tardes le llevaba en su coche Palio sin aire acondicionado a comer a su casa en el coqueto barrio de Morumbí. Incluso muchos días recogían a más jugadores del juvenil y su madre, Simone, hacía la comida para todos. Kaká nunca se sintió privilegiado por su condición social y ayudaba a los más pobres, lo cual demuestra el carácter humilde de un futbolista que, con el paso del tiempo, lo ha ganado prácticamente todo.
Sin embargo, su debut en primera se retrasaba, y la presión iba en aumento cuando los más apasionados del Sao Paulo empezaron a compararle con Raí, el gran centrocampista del mejor Sao Paulo de Telé Santana. En realidad Raí era el ídolo de Kaká, y le conoció poco después de su debut. Una gran actuación ante el Santos en el Morumbí ya le había colocado en boca de todos, pero su gran presentación fue en la final de la Copa Río-Sao Paulo ante el Botafogo, el siete de marzo de 2001. El técnico Oswaldo Álvarez le sacó en la segunda parte por Fabiano, con derrota 1-0 en el marcador, y él solo se encargó de dar la vuelta al partido y enloquecer a todo Brasil. También fue en Morumbí, cerca de su casa, en el estadio mágico del Sao Paulo, un coloso de cemento que había visto nacer a una estrella más. El técnico creyó en él y no le defraudó. Terminó esa temporada como estrella indiscutible y doce goles en su primer año como profesional. Era un Sao Paulo con Belletti, Maldonado, Baptista y Luis Fabiano, entre otros. Y Kaká se había ganado el puesto y el respeto de todos.
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Internacional.b Todo empezó a llegar muy rápido. Su primera convocatoria para la selección absoluta con Scolari fue en un partido ante Bolivia en Goiania, pero lo que de verdad le volvió loco fue su llamada para el Mundial 2002. Hasta Japón y Corea se marchó Kaká para vivir el título de Brasil, con Ronaldo a la cabeza. Tenía 20 años, únicamente jugó unos minutos contra Costa Rica en la primera fase, pero disfrutó igual. Ronaldo le llamaba Kakito y le ofreció la Copa del Mundo para que también la levantase después de ganarle 2-0 a Alemania en la final.
Ya entonces varios clubes europeos se interesaron por él. El salto a Europa estaba cercano y, aunque ya había rechazado una oferta del Paris Saint Germain, un gigante del mundo del fútbol estaba al acecho. Leonardo, el hoy técnico del Milán, le tanteó y convenció a todos, Berlusconi incluido. El propio Silvio no tardó en declarar: "Jamás en mi vida vi un jugador así, va a marcar una era". Para Carlos Alberto Parreira "alguien con el talento y las cualidades de Kaká aparece cada cincuenta años. En el futuro se convertirá en el ejemplo a seguir para cada brasileño que llegue a la selección". Lo cierto es que el Milán cerró las negociaciones en agosto de 2003 y Kaká llegó a Italia entre dudas, por ser casi un desconocido, e ilusión ante las declaraciones de todos. Y sin tiempo para adaptarse le tocó jugar. "Lo de Kaká con el Milán fue amor a primera vista", dijo en su día Leonardo. Un amor que duraría varios años y llevaría a Kaká hasta la cima del mundo, Balón de Oro incluido. Mañana lo contaremos.



