"Cuando nosotros rebasamos los troncos, miré atrás y lo vi todo"
Aquel 2 de abril de 1992, Pepe Pla, jugador del Mérida, volvía de Madrid en el coche que iba delante del de Juanito. En el kilómetro 161 miró atrás: "Vi un resplandor, un choque, un chirrido". 17 años después "no lo he olvidado".


El espíritu de Juanito aún se respira en Mérida...
Nunca una persona caló tan hondo en tan poco tiempo en esta afición. Fueron seis meses, pero parece que estuvo veinte años. La grada le quería porque su fútbol era alegre, de ataque. Pero lo mejor era su corazón. Hay cientos de anécdotas que lo demuestran.
Revele alguna.
Un día nos preguntó a toda la plantilla cuántos hijos teníamos y, tras Reyes, apareció con una saca de juguetes: nos dio a cada uno regalos para nuestros hijos. El mío tenía cuatro años. Aún guarda aquel tacatá de madera...
¿Por qué viajaba con Juanito aquel 2 de abril?
Aquel día otros dos jugadores de la plantilla, Echeverría y Ricardo, y yo teníamos entradas para el Madrid-Torino. Juan sabía que yo era muy madridista y nosotros que él iba: no quería perderse la vuelta de Martín Vázquez. No íbamos juntos, pero en Navalmoral paramos para echar un café y nos lo encontramos con Lolino, el preparador físico. Recuerdo que Juanito dijo: "Vamos todos en vuestro coche". Pero era un calibra. Sólo entrábamos cuatro.
¿Vieron juntos el partido?
Estuvimos todo el día con él. ¡Si nos llevó al Lancaster y nos presentó a Don Alfredo! Cuando acabó el partido, se fue a los vestuarios y luego se encontró con Gordillo. Fue el último que le vio con vida.
Han pasado 17 años, pero al recordarlo aún se emociona.
Cuántas veces habré pensado en que fue Juanito quien cogió el coche en Madrid y no Lolino, que si hubiera conducido él, quizá, hubieran rebasado los troncos, que no se hubiera matado, que hoy sería entrenador del Madrid, estaba predestinado a ello. Pero se cambiaron en una gasolinera...
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¿Usted vio el impacto?
Nosotros vimos el camión, los troncos y el otro camión e hicimos un zigzag para esquivarlos. Entonces miré atrás para ver cómo pasaban ellos y vi el resplandor, el choque, el chirrido. Lo vi todo y les dije a estos: '¡Parad, parad! ¡Que se han dado!'. Frenamos. Ricardo y Echeverría se fueron corriendo. Yo iba por el arcén y ellos volvían con las manos en la cabeza: '¡Ay, Dios! ¡Juanito, Juanito, está muerto!'. Por mucho que viva, eso nunca se me irá de la cabeza. Era de noche, llovía, pero sabía que, al día siguiente, se iba a convulsionar toda España.



