Un par de "colas" light entre abrazos y ovaciones"
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No tiene una balanza para medir el calibre de las victorias, pero la del martes está inmediatamente después en su imaginario ranking de las dos finales de Champions, una ganada y otra perdida, que ha vivido desde que es entrenador del Liverpool. Benítez celebró la manita ante el equipo del que siempre será aficionado con la discreción y sencillez acostumbradas. Acometió la obligada conferencia de prensa, atendió a las radios y teles españolas, para refugiarse, por fin, una hora después de concluir el partido, en su rincón de Anfield.
A esa pequeña sala, al lado de la de los jugadores, Rafa invitó a AS, a quien esto firma y a Guillem Balagué, nuestro sabueso en Inglaterra. Allí le esperaban su mujer, Montse, acompañada por sus padres; su hermano, Francisco Javier; el pintor de Altea, Josep Díaz Azorín, parte de su cuadro técnico en bloque (Maciá, De Miguel, Xavi Valero...) y unos amigos ingleses. Ovación de gala. Antes, en 20 metros de pasillo, más aplausos y no menos de dos docenas de abrazos de rocosos directivos y empleados que le estarán eternamente agradecidos por noches como esa. Rafa sonríe. En su mano un refresco de cola light. Se toma dos. ¿Cava, vino, cerveza? Nada. Ni probar el alcohol. No le gusta ni en momentos tan trascendentales. El tercer tiempo duró tanto como uno de verdad: 45 minutos... y a casa. Espera el Manchester el sábado.



