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El Madrid repite discurso

Liga BBVA | Real Madrid 1 - Racing 0

El Madrid repite discurso

El Madrid repite discurso

Esta vez Higuaín fue el protagonista con un gran gol. El Racing se limitó a buscar la opción de Zigic. Faubert tuvo media hora y no la aprovechó.

Mejor no mirar. Mejor estar encerrado en una torre y recibir las noticias de un mensajero a caballo. Ganó el Madrid. Magnífico. Y van siete seguidas. Excepcional. Debe ser bueno ese equipo, debe resultar convincente el entrenador, vaya fiesta en el Bernabéu. Con vendas en los ojos hasta se conceden esperanzas para Faubert.

Así es. Todo funciona si pasas por alto el partido. Hay que hacer el esfuerzo. Se puede. Al fin y al cabo, la Liga es un torneo que no premia los argumentos, sino la puntería. Maquiavelo fue el primer entrenador que prescindió de los medios. Sólo importa ganar. Es como en el amor. Son los feos los que escriben poesías. Los otros culminan, suman, puntúan. Dígale usted a esos seres implacables que lo suyo quedaría más bonito si hicieran un soneto. Se reirán, primero; no entenderán, después.

El debate es filosófico. El fútbol como objeto artístico o el fútbol como cuenta de resultados. Mientras se valoren los puntos y se desestime la coreografía la discusión la ganarán siempre los mismos: los ejecutivos con maletín, los presidentes que temen y los entrenadores que vencen, Capello.

A estas alturas ya estoy pidiendo disculpas a Higuaín y Lass, cuyo juego se elevó por encima de la mediocridad general hasta convertirse en un asunto independiente. Y no me refiero sólo a su entusiasmo, ya conocido. Hablo de la calidad desconocida, de su revelación insospechada. Ni siquiera el mayor de los optimistas podía imaginar un acoplamiento tan perfecto en un club tan particular.

Táctica.

No olvido a Robben, ni al Racing. El primero siguió abriendo los mejores caminos, aunque esta vez le faltó la condecoración de un gol o una asistencia. Quizá la gripe. Del Racing, qué decir. Planteó el partido minuciosamente, ocupando los espacios que le correspondían y cerrando los otros. Durante largos ratos se impuso en el centro del campo. No en vano, eran cuatro contra Lass.

¿Qué falló entonces? Probablemente que el equipo se colgó en exceso del cuello de Zigic. Muchas jugadas que debieron apurarse se precipitaron con balones bombeados que buscaban la cabeza del gigante, el primo de Zumosol. Sólo Pereira exploró otros caminos y el resultado de su empeño es que rozó el gol en un mano a mano con Casillas que casi remata Pepe. En el resto de jugadas le rozaron a él. Si sobrevivió a Heinze ya está preparado para salvar la Tierra Media.

El gol lo devoró todo, lo que pasó y lo que pudo pasar. Raúl peinó un balón en el medio campo y lanzó la carrera de Higuaín, que retó a Navas. Luego, ante Toño, fue cruel. Y exquisito. Pudo chutar y recortó a un central que ya era un mercancías. Acto seguido, se ajustó el nudo de la corbata y definió como una estrella mundial.

En el minuto 60 entró Faubert por Robben. Acabaré con el suspense señalando que el francés no hizo nada. Se le podría aplicar el atenuante del estreno, los nervios del debutante, pero más que su inocuidad preocupa su estilo o, más concretamente, su ausencia. Si no eres ni elegante ni seductor sólo quedan los versos.