Fotos con leyenda | El día que Luis Suáres se cansó del Camp Nou

"Me silbaban sin parar, hice el corte de manga y me fui"

Agosto del 65. Partido amistoso. Cien mil aficionados en el Camp Nou. El Inter de H.H. llegaba como bicampeón de Europa con Luis Suárez como gran estrella. La afición azulgrana no dejó de meterse con su ex jugador hasta que éste estalló.

El corte de manga de Luis Suárez al Camp Nou.
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Según va recordando y narrando los hechos acaecidos el 25 de agosto de 1965, la indignación y la impotencia se van apoderando del protagonista. Casi cincuenta años después de su etapa de futbolista del Barcelona todavía no sabe por qué el Camp Nou no le terminaba de aceptar y le silbaba en muchas ocasiones, demasiadas, cuando vestía la camiseta azulgrana y también después cuando llegó con la del Inter, aunque fuera en un partido amistoso puro y duro:

"Aún hoy me pregunto por qué lo hacían. No lo entendía entonces y no lo entiendo ahora por más que hayan pasado tantos años. Aquel día exploté porque no iba preparado para que me silbaran cada vez que tocaba el balón. No venía a cuento. Habían pasado ya cuatro años desde que me había ido del Barça, incluso había jugado allí con el Inter en enero del 62, más reciente mi traspaso, y no había tenido tantos problemas... Pero ese día no me lo podía esperar. Hice dos jugadas consecutivas con dos remates altos. Me silbaban, me silbaban, no paraban de silbarme, así que les hice el corte de manga y me fui del campo".

El partido levantó una gran expectación en Barcelona. Llegaba el Inter tras ganar dos Copas de Europa consecutivas. Además, H.H. alineó a su once de gala: Sarti; Burgnich, Guarneri, Facchetti; Bedín, Picchi; Jair, Mazzola, Peiró, Suárez y Corso. El Barcelona, entrenado por Roque Olsen, replicó con: Sadurn Benítez, Olivella, Eladio; Gallego, Muller; Serafín, Pereda, Re, Seminario y Vicente. Golearon los locales (4-1) con tantos de Pereda (2), Re y Seminario. La crónica del Mundo Deportivo hacía referencia al acto de Luis Suárez y se puso del lado del público:

"Se insolentó con el público que le abucheó merecidamente. Fue una gran jugada de Suárez arrancando desde atrás y corriendo por el ala izquierda, cede a Peiró, corre a colocarse en el área pidiendo el balón y solo en la boca de gol tira alto. Fuera. El público le abuchea y sigue abroncándole durante largo rato. Suárez pretende organizar el juego, pero sigue la bronca. Finalmente en la banda incurre en falta entrando a Gallego y cuando el árbitro señala la falta, hace un gesto incorrecto y se va".

Varios minutos después de aquel gesto fue sustituido por Domenghini. Le da un poco de vergüenza recordarlo y, por supuesto, se arrepintió antes de llegar a los vestuarios, pero asegura que la situación era insoportable:

"Para explicar por qué pudo pasar aquello, tengo que hacer historia. Yo llegué al Barça con 18 años procedente del Deportivo. Entonces Kubala no jugaba porque estaba lesionado de ligamentos. Helenio Herrera, que era el entrenador, me dio mucha confianza y me ponía siempre. Era muy joven e iba para arriba. La gente empezó a tomarla conmigo, pero no jugaba en el puesto de Kubala. No era Kubala o yo, al menos eso entendía. Hubo un tiempo, cuando él se recuperó, que él sólo jugaba fuera y yo lo hacía dentro y fuera y eso molestaba a la gente. Estaba claro que Laszi allí era el rey, todos eran de Kubala, como de Di Stéfano en el Madrid, pero si cuando se recuperó Herrera no le ponía, no era por mi culpa. Los dos cabíamos en el mismo equipo. Allí comenzaron los silbidos".

Luis Suárez fue jugador azulgrana desde 1953 a 1961. Disputó 126 partidos y marcó 62 tantos. Ganó dos Ligas, dos Copas y dos Copas de Ferias. En 1960 fue designado Balón de Oro. En 1961, a caballo entre el Barça y el Inter, fue Balón de Plata, igual que en 1964. En 1965, se tuvo que conformar con el bronce:

"Durante todos esos años, el Camp Nou siempre me silbó al menor error o fallo. Yo por mi forma de jugar arriesgaba mucho tanto en el pase como en el remate. Era un centrocampista al que le gustaba llegar y rematar y en cuanto se me iba un balón, ya estaban con los silbidos. Recuerdo que hasta en una final de la Copa de Ferias contra el Birmingham no pararon de meterse conmigo... Parecía que era del equipo contrario. Hasta que hice un gol y entonces me aplaudieron. Era una final, ganamos 4-0 después de haber empatado allí a cero y me silbaban. ¡Era increíble!".

Por todo lo que ahora cuenta con una naturalidad pasmosa no exenta de tristeza, cuando al año siguiente de aquella final de la Copa de Ferias y después de la final de la Copa de Europa que el Barça perdió ante el Benfica (3-2), tuvo la oportunidad de cambiar de aires, Luis Suárez vio con muy buenos ojos su traspaso al Inter:

"No es que un futbolista por aquel entonces tuviera mucha fuerza para forzar un traspaso, pero cuando surgió la posibilidad dije que estaba de acuerdo. En el Barça estaban Kocsis, Kubala, Eulogio Martínez, Czibor, Evaristo... Yo jugaba siempre, era fijo, igual que en la Selección, pero tenía un problema porque estaba claro que no me terminaban de querer como a otros. Helenio Herrera lo sabía e hizo la oferta. El Barcelona estaba entonces sin presidente, necesitaba dinero, acababa de invertir mucho en el nuevo estadio y además el Inter ofreció 25 millones y un partido amistoso por el que luego sacó cinco millones más de taquilla... Así que dije, voy a probar. Tenía 26 años, pensaba que podía estar allí cuatro o cinco años... Luego, otro, otro, otro, otro, hasta que te quedas. Resulta que estuve nueve en el Inter y tres en el Sampdoria. Pensaba que allí no podía seguir con esa situación. En España sólo podía ir al Madrid y estaba claro que a Chamartín no me iban a vender aunque Di Stéfano me decía siempre cuando estábamos en la Selección que me fuera con ellos, así que me fui al Inter".

Se le escapa una sonrisa cuando se acuerda de una anécdota al respecto de su relación amor-odio con la afición del Barça:

"Por la calle, la gente me paraba y me decía: 'Yo no soy de los que te silba'. Y así, uno, otro, otro. 'Yo tampoco, yo tampoco...' Entonces yo les decía que si ninguno me silbaba, ¿cómo es que todo el Camp Nou lo hacía...? Lo que también pensaba es que los que no estaban de acuerdo conmigo se callaban y los que no lo estaban eran los que chillaban. Lo mío era como el chiste del boxeador ese que le están matando a puñetazos y cuando se acerca a su rincón su preparador le dice que siga, que siga, que no le han tocado, que está intacto... y el pobre no podía ni estar de pie. Lo mío era lo mismo, nadie me silbaba, pero el estadio no veas como sonaba".

A pesar de todo, Luis Suárez se siente culé. Le gustaría que en el club azulgrana se acordarán más de él cuando llegan los homenajes y los actos conmemorativos de sucesos de su época, pero no es dudoso:

"Mis equipos son el Deportivo, aunque allí jugué muy poco, diez o doce partidos, pero es el equipo de mi tierra; el Barça y el Inter... Bueno y la Selección española. Soy muy de la Selección. Estaba encantado de jugar siempre con España y tengo como un honor haber ganado aquella Eurocopa del 64... y después fui seleccionador y aunque en el Mundial de Italia no nos fue tan bien como se podía esperar, hicimos una muy buena fase de clasificación y si se recuperan las crónicas de entonces se decía que mi equipo jugaba al ataque y que hacía muy buen fútbol..., como yo cuando era futbolista".

Y no tiene inconveniente en definirse como jugador:

"Era un organizador que atacaba mucho. Cuando llegué al Inter me sacrifiqué más por el equipo, porque en el Barcelona yo atacaba mucho. Me gustaba llegar y rematar. Yo regateaba bien y tenía un buen cambio de ritmo. Diría, sin ánimo de pasarme, que tenía un puntito de Cruyff, aunque él fuera posterior a mí. Era rapidito, con ese cambio de ritmo. Tenía una visión del juego amplia. Antes de que me llegara el balón ya sabía lo que había que hacer. Tenía un buen pase largo... de los que ya no se dan".

Luisito, como le conocen en Italia incluso fuera de Milán, donde se quedó a vivir, con breves paréntesis en Madrid en sus tiempos de seleccionador, recuerda que en el Bernabéu también se metían con él y le abucheaban:

"Pero lo del Bernabéu era más normal porque yo venía siempre con la otra camiseta, con la del Barça o con la del Inter y, además, los dos eran enemigos directos del Madrid. Lo que no olvido son las pitadas que me dedicaron el día de mi debut con la Selección como jugador. Fue el mismo día que Di Stéfano (30 de enero de 1957) debutó contra Holanda. La delantera la formábamos: Miguel, Kubala, Di Stéfano, yo y Gento. Tenía 22 años y Meana, que era el seleccionador, quitó a Héctor Rial para meterme a mí. Yo le decía, gracias Manolo, pero te van a matar. Di Stéfano, que me quería mucho y todavía me sigue queriendo, como yo a él, me decía: 'Tranquilo, gallego, que cuando empecemos a jugar y a tocar se acaban los silbidos".

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Y para despedirse cuenta que antes de firmar como jugador por el Barcelona, también tuvo oportunidad de fichar por el Real Madrid:

"Me habían visto algunos partidos, pero parece que fueron a uno con la determinación de decidirse. Fue Ipiña, que era el secretario técnico del club; el Deportivo jugaba contra el Valladolid y entre Ortega y Lasala, que fue una línea media muy famosa, no me la dejaron tocar. Y descartaron mi fichaje".

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