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Otro triunfo, el mismo guión

Liga BBVA | Real Madrid 1 - Deportivo 0

Otro triunfo, el mismo guión

Otro triunfo, el mismo guión

Valió el gol de Raúl. Robben volvió a ser el jugador más brillante. Decepcionó el Depor, que sólo tuvo a Valerón. Por momentos se escucharon pitos

El Real Madrid no cambia el discurso: sigue colgado de Robben, sujeto por Gago y Lass, protegido por Pepe y Casillas. No hay novedad en el frente. El equipo se diluye en las segundas partes, donde el rival, sea el que sea, encuentra una oportunidad. El Deportivo también la tuvo, aunque careció por completo de mordiente en ataque, de fuego, de uñas. Valerón se tiró el partido metiendo buenos pases, pero lo suyo era amor no correspondido, mensajes en una botella y la botella en medio del mar.

La victoria, la quinta consecutiva, aleja al Madrid de otros perseguidores y le afianza en el segundo puesto. Buenas notas, notable en religión, sobresaliente en gimnasia y matrícula en aseo personal. Sin embargo, el quinto triunfo no evita ni la preocupación ni los pitos del final. El equipo, dignamente recompuesto para ganar partidos domésticos (cuatro de cinco en el Bernabéu, no lo olvidemos), no parece todavía en el nivel de los grandes compromisos.

Y luego está la alegría. A excepción de Robben, nadie regala una sonrisa. Se valora el interés por marcar pronto, pero desespera la distracción posterior. El temor es que un rival afilado se cuele por esas rendijas de la confianza cuando ya sea imposible rectificar. Hablo del Liverpool, de la Champions, del objetivo al que debe estar encaminado cada partido y cada gol. No nos engañemos con la Liga, evitemos citar el objetivo de asegurar la Champions. Aquí juega el Madrid.

En la primera mitad el anfitrión se empleó con entusiasmo, no se puede negar. Lo inquietante es comprobar que no se detecta nada nuevo en el juego. Si el equipo se ilusiona, se inclina hacia Robben. Si sufre, busca a Robben. Y también se acude a él en los atascos y en las siestas.

Ayer Robben comenzó en la izquierda e hizo crujir las vértebras de Manuel Pablo. Cuando se cambió de banda lo padeció Luis Filipe. Su pierna zurda sembró el pánico en cada acción y repartió pases cuando no tuvo más remedio, porque Robben, quede claro, sólo centra a punta de pistola. Pero ni eso se le puede reprochar torciendo el gesto, no vaya a ser que se enfade. El Madrid está en sus manos y las de su masajista. Tan crudo.

Un recurso. La primera anotación que nos dio noticia de un Deportivo con pulso llegó a los diez minutos: Valerón trazó entre líneas y Bodipo no llegó a la pelota por un metro. La jugada descubrió todo lo que tenía el Depor: Valerón. El resto estaba a su servicio, como se entregan los equipos de colegio a los buenos futbolistas. Y no basta eso para asaltar el Bernabéu.

En los minutos que siguieron se recuerdan otras internadas de Robben y dos patadas, de Zé Castro y De Guzmán, que pudieron ser castigadas con roja y sólo se saldaron con una amarilla al canadiense. Higuaín y Gago salieron caminando de aquellos accidentes porque la juventud es un divino tesoro y algunos tobillos parecen de goma.

El gol, no obstante, no encontró relación con el argumento general y fue fruto de una jugada de estrategia. Sneijder sacó un córner en dirección al vértice del área y desde allí centró Lass, cerrado y malicioso. Raúl, que empujó sigilosamente a su marcador, remató con la oreja y el balón se ajustó mortalmente al palo. El capitán no disimuló y abandonó la escena riendo y frotándose el pabellón auditivo, todavía sonrosado. Se le podrá cuestionar en otras circunstancias, pero los partidos ásperos, los que se rematan con las orejas, siguen siendo suyos.

El Deportivo salió más entero tras el descanso y su reacción coincidió con el desmayo del Madrid. Poco añadió la entrada de Van der Vaart por Sneijder. Mientras el equipo de Lotina recuperaba la autoestima en contacto con el balón, el ejército blanco se reducía a dos únicos soldados: Gago y Lass. Su trabajo resulta admirable. Ellos son suficientes para contener al enemigo y, aunque su esfuerzo físico es descomunal, aún se permiten detalles de buen fútbol. Son mucho más que dos jugadores sensatos.

Pronto resultó evidente que el dominio del Depor era un espejismo. No había delanteros. Riki no mejoró a Bodipo, lesionado, y Lafita se enredó en batallas que dejaban el balón en segundo plano. Pese a todo, disfrutó de la mejor ocasión: quebró a un Heinze oxidado y disparó con rabia. Casillas repelió el cañonazo.

Se escucharon silbidos, primero por la pasividad del Madrid y luego por los cambios de Juande, que relevó a Higuaín por Huntelaar y a Raúl por Drenthe. Este último emparejamiento fue doloroso.

Robben regresó para completar unos minutos finales primorosos y si sus jugadas no terminaron en gol fue para delatar la realidad del equipo. Triunfos, Robben, contención. Le valdría a cualquier equipo, pero hablamos del Madrid.

El detalle: en los palcos 'pitó' burrull

La anécdota del encuentro llegó a través del circuito interno de televisión que emite los partidos en los palcos privados del Bernabéu. Al dar las alineaciones del Madrid y del Deportivo y el nombre del árbitro, en las pantallas de televisión salió que el colegiado era Pérez Burrull. El lapsus provocó que en algunos palcos VIP hubiese bromas sobre si había abandonado anoche la famosa nevera...