"Por Dios Andújar, que me pierdo el derbi con el Atlético"
El Madrid peleaba una reñida Liga 80-81 a la Real Sociedad, que la ganaría en el último suspiro en Valladolid, y a tres jornadas del final Andújar le sacó amarilla a Juanito en el Bernabéu ante el Zaragoza. El '7' se perdía así el derbi con el Atlético...fotos con leyenda
Situemos fecha, entorno y escenario de la imagen: 12-4-81 en el Bernabéu, jornada 32 (antepenúltima) de un campeonato de Liga reñidísimo y que pelearían hasta el final Real Madrid y Real Sociedad, una vez que el Atlético se había quedado tras un arbitraje de Álvarez Margüenda en el Calderón ante el Zaragoza en pleno apogeo de las broncas de Alfonso Cabeza contra el gremio arbitral y la Federación. El rival madridista esa tarde también era el Zaragoza y tras una lesión de Pineda, Juanito protestó al árbitro y éste le sacó amarilla. Juan Gómez imploró, se puso de rodillas y pidió árnica porque era la quinta del ciclo y le impedía jugar el siguiente partido, también en el Bernabéu, y contra... el Atlético, casi nada.
El árbitro inflexible esa tarde con el '7' blanco era Juan Andújar Oliver. El almeriense, un tipo campechano, vivaz, recuerda esa escena y a su protagonista casi diría que con devoción, con mucho cariño: "Fue así. El Madrid se estaba jugando el campeonato y acabó ganando ese partido por 2-0. Juanito era un genio, 'un' figura y muy espontáneo a la hora de expresar cualquier actitud. Se dio cuenta de que con esa tarjeta completaba su ciclo de cinco que acarreaba sanción y que no podría jugar contra el Atlético y le salió su vena: se puso de rodillas, como podía haberse puesto de lado o tumbado en el césped. Juan era así. Había habido una entrada de Cedrún a Pineda, que quedó lesionado, y él vino a protestar y a pedirme que amonestase al portero. Pero había sido una acción fortuita, aunque Juanito era muy puntilloso, con mucho carácter, con ese genio que tenía. Primero me gritó algo así como que '¿pero no has visto que le han dado a Pineda un puntapié en los riñones?' Le mostré la tarjeta. Y fue entonces cuando se dio cuenta y se arrepintió: '¡Por Dios Andújar, que me pierdo el derbi con el Atlético!' Él le echaba la misma pasión a todo en su vida y en el campo a veces era un torbellino. Además, había salido de las bases del Atlético y entre eso y que era un choque decisivo por el campeonato, se le vino el mundo encima, se bloqueó y hasta llegó a fallar un penalti después".
Las explicaciones.
Recuerda Andújar más detalles: "No tuve más alternativa que mostrársela, luego siguió el partido y se le fue pasando el enfado. No hablamos ya de ese tema ni siquiera al final, aunque sí se picó mucho y se quejó en la Prensa. Los dos explicamos esa jugada al terminar el encuentro y ahí se quedó la cosa, aunque, claro, Juan fue sancionado con un partido y no pudo jugar 'su' derbi. Pero yo prefería siempre a hombres, a jugadores como Juanito, que tenía mucho corazón, mucho carácter y que a veces te metía en algún compromiso porque iba siempre de frente, te lo decía todo a la cara". (Llegado este punto no viene mal recordar cómo se explicaron los dos protagonistas en el AS de la época. Así lo hizo Juanito: "No, no pienso que Andújar me haya mostrado una tarjeta premeditada, aunque quizá por mi carácter ha podido pensar que yo iba a provocar. No soy tan tonto. Llevaba ya 26 partidos sin que me mostraran ninguna y me desmoralicé muchísimo, quizá por eso hasta fallé el penalti que tiré").
Curiosamente, Andújar nunca expulsó a Juanito con la camiseta blanca, aunque sí con la del Burgos y ya en el banquillo entrenando al Mérida: "En Segunda División y en el Plantío, con ocasión de un Burgos-Rayo, Juanito le dio un cabezazo a Uceda. Y le eché, claro, no me quedó más remedio. Le saqué la roja y le dije: 'Juan, te tengo que mandar a la caseta'. Habían discutido en una jugada anterior, no sé lo que se dirían los dos, pero fíjate cómo era Juanito, casi un canijillo como yo y le plantó cara a Uceda, un defensa con una planta física enorme. Pues se le encaró a pecho descubierto... y al final se le fue el cabezazo, esa sangre que corría por sus venas. Ya de entrenador le enseñé la roja otra vez. Fue en Vallecas y él dirigía al Mérida, que ganó 3-4 al Rayo. Pero Juanito lo protestaba todo, ya estaba amonestado y al final no tuve otra que expulsarle: 'Juan, venga te tienes que ir fuera del foso, aquí no puedes estar'. Lo aceptó y al final entró con toda normalidad a los vestuarios con Pepe Fouto, su presidente, sin más problemas".
Pese a todo, Andújar insiste en su especial cariño por el genio de Fuengirola: "Siempre que coincidimos luego fuera del campo nos saludábamos con corrección, porque de gente como Juanito lo que queda es lo bueno. A los genios como él se les puede perdonar todo. Yo en mis relaciones con los jugadores era dialogante, lo intentaba, aunque tras 15 años en Primera es normal que algunos estuvieran descontentos conmigo. Había jugadores a los que no podías convencer hablando y tampoco era cosa de estar en tertulias, de cháchara permanente todo el partido porque entonces se te va la fuerza por la voz. Y en lo bueno y en lo regular, Juanito te entendía en castellano duro".
El Bernabéu.
A Andújar nunca le sorprendió que incluso después de muerto Juanito siguiera despertando el clamor del Bernabéu: "En absoluto, ahí quedó ya un cariño de por vida en ese minuto siete por un jugador que es un mito. No, no creo que me cogieran manía en ese estadio por aquel lance. Cuando su terrible accidente, yo creo que su muerte entristeció a todos los españoles más allá de los colores de los equipos. Todos lo sentimos, aquello fue un drama sinceramente muy sentido por todo el fútbol español".
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Hablábamos del genio de Juanito, pero este otro Juan Andújar con el que estoy hablando también tenía sus cosas, que yo le recuerdo una primera etapa gestualmente muy histérico aunque luego se fue calmando un poco: "Sí, sí, y se lo explico. El futbolista español es muy bueno, pero quiere sacar la máxima ventaja a todo, va a la trampa y a querer engañar al árbitro; yo le respeto, defiende los intereses de su empresa pero yo tenía que estar pendiente de que no me engañasen. El futbolista se debe a su público y tú debes tener también tu listón, tus armas. Decirles a veces 'señores, éste soy yo y éste es mi nivel'. Pero sin tomarnos como enemigos. Cuando los jugadores se dieron cuenta de cómo me comportaba yo, aceptaban mejor las normas y todas las cartas boca arriba, con mis defectos y mis virtudes. Los años, como el buen vino, te van calmando y te vuelves más accesible, más dialogante".
Ha pasado el tiempo y Andújar Oliver lo mira todo como la suma de múltiples experiencias en su vida: "Es que es verdad que el arbitraje me ha dado a mí mucho, por ejemplo conocer a personas, ciudades, países... A ver quién me iba a decir a mí cuando yo era pequeño que saludaría a Juanito (sí hombre sí, Damián, o que le expulsaría de un terreno de juego), o que también le iba a dar la mano a genios de esto como Kubala o Cruyff, a ilustres como Gainza. Piru era el delegado del Athletic y un caballero, y para mí decirle que viniese a firmar el acta era un orgullo. También me ponía firme con Kubala: 'Pase usted, don Ladislao', le decía. O ver ahí a Di Stéfano de entrenador. Tenía carácter, pero siempre fue don Alfredo: no, a él nunca tuve que amonestarle ni expulsarle. Y tenía su genio también, como el gran Juanito".



