"Antes vivíamos de vis a vis, ahora de domingo a domingo"
El equipo de la cárcel de Soto del Real compite en Tercera Regional. En la Comunidad hay tres más.


Lo más difícil es cuando regresas y ves la torre", dice James, colombiano, mientras un silencio que pesa se instala entre los demás. Es miércoles, 09:30 horas, el equipo Madrid V está reunido en el vestuario y calla porque cuando sus jugadores salen lo hacen con un permiso que acaba, de nuevo, ante la cárcel de Soto del Real. Al cruzar el último repecho de la carretera se topan con la torre de control de la prisión. Esa torre que siempre les recuerda dónde están.
Madrid V es un equipo formado en la cárcel de Soto del Real, que desde esta temporada compite en Tercera Regional. A sus 23 futbolistas les une, aparte de una condena, una pelota, y es que, desde que en abril de 2008 comenzaron a entrenarse para jugar de verdad, de domingo a domingo, para ellos la libertad se llama fútbol.
El de Soto es el cuarto equipo de presidiarios en la Comunidad de Madrid. El primero se inscribió en 1992 y fue Madrid II (Alcalá Meco). Le siguieron Madrid IV (Navalcarnero), Madrid VI (Aranjuez) y ahora Madrid V. Las reglas son para todos iguales: renuncian a subir de categoría y no pueden salir de la cárcel. Si les toca jugar fuera, es el rival quién acude a la prisión. En los presos lo único que varía es su camiseta. Para Madrid V la oscura con una franja verde en las mangas es la de casa; la naranja, la de visitante.
"Hay días en los que el campo está congelado, pero a nosotros nos da lo mismo, venimos a entrenarnos igual", lo dice Gáspar. Hoy es un día de esos. Cae la nieve y ellos trabajan como si no. "Quizá es que nos lo tomamos con más ilusión, pero es que el fútbol es nuestra vía de escape", esgrime. El campo está en un extremo de la cárcel, altos muros que terminan en el alambre de espinos lo custodian. Está homologado por la Federación, es de tierra y estuvo cerrado durante mucho tiempo, precisamente, por su ubicación. "Estaba demasiado desprotegido". Habla Luis Alberto, el técnico deportivo de la prisión, el entrenador, de quien nació Madrid V. Su devoción por el deporte es absoluta. Practica rugby y fútbol casi desde que nació en Valladolid hace 39 años. "Para ellos el partido del domingo es el acontecimiento de la semana. Los lunes, los periódicos deportivos se rifan". Le corta Canario, que antes que preso fue jugador en las categorías inferiores del Tenerife y el Lanzarote y le ayuda a dirigir al grupo: fuera se sacó el nivel I de entrenador. Lo retomará al salir. "Desde infantiles no me pasaba que llega el viernes y ya no puedo dormir por el gusanillo", sentencia. Ese día las palomitas y los frutos secos se acaban en el economato. Los que no juegan, pugnan por estar en la lista de público.
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La imagen. 1995. La cárcel de Soto del Real abre. Carabanchel cierra. Kilómetro 40 de la carretera de Colmenar. 17 módulos. 1.973 presos. 400 mujeres. Varios pasillos y controles se suceden antes de llegar a la última puerta, esa corrediza que se cierra, clic, para encerrar. Aparecen la torre, un jardín cuidado, los corredores a los lados, una biblioteca, un polideportivo y, al final, a la izquierda, el campo. "Los rivales llegan con respeto, pero en seguida se les pasa". Nunca ha habido problemas. La regla no es jugar bien ni tampoco ganar, es la imagen: "Lo vital es que el rival se lleve una buena impresión".
Madrid V es undécimo, su media de edad es de 35 años. "Fíjate, entre los cuatro centrales suman 175", ríe Rober, al que llaman Márquez por ser mexicano. Todos tienen motes. También está Cannavaro, Mamadu, Chiqui, Canario. Habla el último: "El fútbol es tan importante que antes vivíamos a vis a vis y ahora de domingo a domingo". Si no se entrenan, o trabajan en sus módulos o estudian. Muchos se han sacado una carrera. Pero no sólo eso. En lo físico también lo notan. Todos han restado kilos. Canario ha perdido 40; Gáspar, Chiqui, el portero, ha pasado de 113 a 78. Hay españoles, colombianos, marroquíes, mexicanos, argentinos... La cocaína en algunos casos, casi todos, y la falsificación en otros, los menos, les ha unido en ese campo, "la única tierra que de verdad se puede pisar en la cárcel", zanjan. Es por eso que lo llaman libertad.



