Para los ausentes
Dolió ver el Calderón vacío porque la afición no pudo festejar como merece el pase a octavos. Pese a todo, la hinchada se hizo notar. Algunos acudieron y, desde fuera, hicieron llegar su aliento al equipo que esta vez le correspondió.


Diferente. Cuando el Atlético marcó cada uno de los goles ante el PSV los videomarcadores del Calderón emitieron imágenes de la alegría que la afición rojiblanca mostró en los tantos de la victoria ante el Schalke, en la previa de la Champions, cuando se inició el sueño rojiblanco en esta competición. El Atlético pidió permiso a la UEFA para emitir estas imágenes de celebración durante 15 segundos y así paliar por unos instantes la frialdad del Calderón. Por un momento lo logró pero nada puede equipararse a la afición del Atlético, que se vio privada de disfrutar de un triunfo histórico.
Dentro del campo. Una pancarta resumía dentro del estadio el sentir de la afición: Nada ni nadie nos separará de ti. Estaba colocada en el fondo norte del desierto estadio. Unos 500 privilegiados asistimos al encuentro que ya forma parte de la historia rojiblanca. Ver el Calderón con las gradas vacías en un partido tan importante es algo que no olvidaremos fácilmente. Representantes de los dos clubes, patrocinadores, periodistas y los niños que salieron al campo de la mano de los dos equipos fueron los únicos que dieron algo de calor en la gélida noche del Manzanares.
Los de fuera. Unos 500 aficionados colchoneros vieron el encuentro en los bares y locales que hay en los aledaños del estadio. El Chiscón, el Doblete, el Parador y Resines fueron los puntos de encuentro de la hinchada atlética que hasta allí acudió como si fuera un partido normal. El Chiscón puso la televisión de cara a la calle y desde allí los hinchas vieron a los suyos. La afición los aplaudió cuando les vio calentar y durante toda la noche pusieron de manifiesto, a su manera, su sentimiento atlético. Dentro del estadio se les oyó cantar y gritar cada vez que hubo una ocasión de peligro. Incluso cuando el Atlético pasó por malos momentos, ellos apretaron desde fuera del estadio.
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Desolador. Ver el Calderón vacío es desolador, pero tanto o más es ver los aledaños del estadio como se encontraban ayer. Ni un alma por las calles, excepto en los bares donde se congregó la afición. Un silencio sepulcral y todo sin el colorido que rodea a un encuentro así normalmente. Ayer sólo había un puesto de venta de bufandas, camisetas o banderas del Atlético. Apenas había Policía fuera y los jardines anexos no estaban llenos de hinchas deseosos de entrar al campo. Ayer en Vía Carpetana no había ni un autobús de las peñas que vienen de fuera. Y un partido así no parecía tal.
Por ellos. Por eso esta contracrónica va dedicada a todos ellos, a los grandes ausentes del partido. A una afición que llevaba 11 años esperando una noche como ésta, donde el Atlético consiguió meterse entre los 16 mejores equipos de Europa. Esta pesadilla ya terminó y la afición podrá estar con los suyos en octavos.



