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La excelencia viaja en las botas de Messi

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La excelencia viaja en las botas de Messi

La excelencia viaja en las botas de Messi

Reuters

El Barcelona goleó en Lisboa y cerró el liderato del grupo C de forma matemática, un alivio de cara a descargar el calendario ahora que se acercan partidos comprometidos en la Liga. El Sporting quedó noqueado al cuarto de hora, cuando Henry y Piqué marcaron dos goles en apenas cuatro minutos. En el segundo tiempo reaccionó con dos goles rápidos cuando Messi ya no estaba en el campo. Pero el gol en propia puerta de Caneira evitó sufrimientos mayores a los de Guardiola en el tramo final del partido, en el que Bojan recuperó de sonrisa al marcar el quinto de penalti.

El Barcelona cumplió su objetivo en Lisboa. Ganó (con fases brillantes) y cerró el Grupo C, del que ya es líder matemáticamente al margen de lo que suceda en la última jornada ante el Shakhtar, un alivio toda vez que ese partido aparece en el calendario en un sandwich brutal, con el Valencia delante y el Real Madrid detrás. De paso, el equipo de Guardiola perfiló de nuevo las coordenadas de juego que se desdibujaron parcialmente ante el Getafe y, al hacerlo, avivó el debate sobre la 'Messidependencia'. Un debate algo artificial porque es cuestión de lógica que un equipo añore a uno de sus grandes estrellas; Una nostalgia que aumenta de forma geométrica si esa estrella es además uno de los mejores (para muchos el mejor) jugadores del mundo.

La cuestión es, que en parte por sentido común y en parte por las cosas del fútbol, con Messi vivió el Barça sus mejores minutos y con él ya fuera del campo para proteger su cuádriceps llegó la pájara azulgrana. Porque la historia del partido se concentró en dos fases calientes: en torno al cuarto de hora de juego, el Barcelona marcó dos goles y noqueó al Sporting. En el ecuador de la segunda parte, los portugueses resucitaron de lo que era una muerte prácticamente consumada tras el 0-3 de Messi con dos goles en dos minutos. Pero, sólo dos después, Caneira marcó en propia puerta el 2-4 y cerró las recién nacidas opciones de su equipo de recurrir a la épica.

Messi hace reconocible al Barcelona

Guardiola movió el equipo y planteó una alineación extraña. Sin Eto'o, con Cáceres en el lateral derecho, Gudjohnsen en el centro del campo junto a Busquets y Xavi y un tridente ofensivo con Henry y Hleb en las bandas y Messi como teórico delantero centro. Pese al baile de nombres y posiciones, el Barcelona se encontró a sí mismo en las botas de Messi en cuanto el argentino empezó a caer hacia la banda derecha y a capitalizar el juego de ataque. El Sporting, inocente pero de buena intenciones, planteó un partido abierto y de toque, y durante algunos minutos amenazó con plantar cara; Sólo hasta que Messi recibió de Henry y bailó en su zona favorita del campo, entrando en el área por la derecha para servir en bandeja el gol a Henry, que acompañó bien la jugada que él mismo había iniciado.

Tres minutos después, un córner en el área portuguesa convenció al Sporting de que esa no era su noche. El balón rebotó en la espalda de Gudjohnsen y quedó muerto para que Piqué lo tocara lo justo para marcar el 0-2. Ahí murió el equipo lisboeta, con Paulo Bento atornillado al banquillo y sus jugadores sin alternativas: incapaces de lanzarse al ataque o de encerrarse con sentido para minimizar daños. Este no es un equipo de bravatas, ni ofensivas ni defensivas, así que quedó convertido un una marioneta que corría detrás de un balón que era propiedad del Barcelona, con Messi tejiendo jugadas de fantasía cada vez más a sus anchas. Resultó muy decepcionante en este sentido el partido de Moutinho y Veloso, los jugadores de más talento del equipo lisboeta.

Segunda parte loca

El paso por el vestuario no reanimó al Sporting y mantuvo las mismas coordenadas. Con Bojan por fin como 9 puro (entró por Henry) el Barcelona seguía tocando con comodidad y rondando el área rival. Así llegó la jugada del 0-3. Una mano al borde del área local descubrió a la defensa totalmente despistada y a Alves, cada vez más parecido al mejor Alves, muy atento para sacar rápido y dar la asistencia de gol a Messi, el mejor del partido y retirado por precaución poco después con el choque teóricamente sentenciado.

Sin embargo quedaban sustos y tiempo para que el Barça estropeara con fallos defensivos su hasta entonces inmaculada imagen. En el ecuador del segundo tiempo, Veloso marcó de falta por el palo de un desacertado Valdés. En la siguiente jugada falló Cáceres y Liedson remachó el 2-3. Sin apenas haberlo buscado, el Sporting estaba en el partido. Mientras intentaba concienciarse de ello, Bojan trató de controlar en el área y Caneira, en el intento de despeje, marcó en su portería. 2-4 y golpe definitivo en el mentón de un equipo demasiado liviano.

Hasta el final, volvió la calma y el control del Barça, y volvió la sonrisa de Bojan, que provocó en otra escaramuza un penalti con expulsión del portero Patricio, que arrolló al joven delantero, encargado de colocar desde los once metros el 2-5 que cerraba un marcador que sugiere más locura de la que realmente hubo en el José Alvalade. En realidad, salvo dos errores defensivos, los de Guardiola fueron muy superiores, sideralmente mejores con Messi en el campo, con un control total gestado en las labores en la medular de Xavi y un notable Busquets. Incluso Hleb dejó por fin destellos del jugador que era en el Arsenal y el Barcelona, en definitiva, cerró su trabajo en esta incómoda fase de grupos y se evitó problemas de cara al último partido ante el Shakhtar. Que era de lo que se trataba, en definitiva.