El 'caso Santos' llega ya hasta la mesa de Sarkozy
El preso, que ayer vio a su familia, pide paz para la vuelta


Los familiares de Santos Mirasierra salieron de Marsella temprano. Llegaron a Madrid a las 9:30 horas y se dirigieron al despacho de Erlantz Ibarrondo, abogado del preso, en la plaza de Tirso de Molina, en el corazón de Madrid. Pocas horas después visitaron al reo en la cárcel de Estremera, cerca de Fuentidueña de Tajo, a unos ochenta kilómetros por la A-3. Un trasiego cansino para la comitiva encabezada por Lucile, su hermana, Séverine, compañera de Santos, y sobre todo para la madre del recluso, que también viajó.
En la capital les esperaban Inés, prima del detenido, y su tía. Ambas viven en Madrid. Mientras la familia sigue en procesión, y en paralelo al proceso judicial, para el 'caso Santos' se abre ahora también la vía diplomática.
El director del centro penitenciario Madrid VII, el nombre técnico que recibe la cárcel de Estremera, visitó al recluso en el módulo 4. Horas antes se había producido la intervención del la señora Martine Gambard-Trébucien, Cónsul General de Francia en Madrid, ante las autoridades penitenciarias españolas.
El 'caso Santos' ha llegado hasta lo más alto. El dossier jurídico de Mirasierra está ya sobre la mesa de Bernard Kouchner, ministro de Exteriores francés y hombre de confianza del presidente Sarkozy.
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Calma. Para Moratinos, ministro de Exteriores de España, el asunto tampoco es nuevo: hace una semana visitó Marsella por motivos de trabajo y lo primero que se encontró fue una manifestación pro-Santos encabezada por su hermana, Lucile Mirasierra.
Pero mientras las vías judiciales y diplomáticas siguen su curso, la gran preocupación tanto en Francia como en España es el partido que el Marsella y el Atlético deberán disputar en el Vélodrome el 9 de diciembre. Allí no estará el horno para bollos. Erlantz Ibarrondo, abogado de Mirasierra, precisa que "lo que Santos pedirá a sus compañeros es paz. Calma total". El letrado está convencido de que si algo no necesita su defendido son más incidentes. Lucile, que lidera el movimiento pro-reo, lo ratifica: "Queremos paz y libertad".



