Uday torturaba al equipo si perdían
El hijo de Sadam, la amenaza

Hussein Saeed (Bagdad, 1958) es mucho más que el presidente de la Federación de Fútbol de Irak: es una metáfora, un símbolo de unión. Saeed tiene más partidos internacionales que nadie (126) y está considerado el mejor jugador iraquí de todos los tiempos. Participó en México 86 y, 22 años después, logró otro imposible en un país donde chiíes, suníes y kurdos podrían pelearse por un trozo de papel: fue elegido por unanimidad.
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"El fútbol nos salvará", deseó el presidente nada más acceder a su cargo. El fútbol era un deporte despreciado por Sadam, por considerarlo un producto occidental y peligroso. La extinción de su régimen puso al descubierto muchas cosas, entre ellas, las torturas a las que sometía uno de los hijos del dictador a los futbolistas si no lograban un buen resultado. Descargas eléctricas, baños de agua helada y amenazas con romper las piernas eran la manera de motivar a la selección que tenía Uday Husein. Aquella época ha sido denominada "la época oscura" del fútbol iraquí, que llegó a ser el 139 en el ránking FIFA. Ahora es el 72.
Desde la caída de Sadam la afición se ha liberado. Antes apenas lo practicaban 20 o 30.000 personas. Ahora, cuando las bombas amainan, Bagdad y las calles de las principales ciudades iraquíes se llenan de balones de trapo. El fútbol ha pasado a ser el primer entretenimiento de los niños.



