El reportaje | Irak regresa a casa

Uday torturaba al equipo si perdían

El hijo de Sadam, la amenaza

José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Hussein Saeed (Bagdad, 1958) es mucho más que el presidente de la Federación de Fútbol de Irak: es una metáfora, un símbolo de unión. Saeed tiene más partidos internacionales que nadie (126) y está considerado el mejor jugador iraquí de todos los tiempos. Participó en México 86 y, 22 años después, logró otro imposible en un país donde chiíes, suníes y kurdos podrían pelearse por un trozo de papel: fue elegido por unanimidad.

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"El fútbol nos salvará", deseó el presidente nada más acceder a su cargo. El fútbol era un deporte despreciado por Sadam, por considerarlo un producto occidental y peligroso. La extinción de su régimen puso al descubierto muchas cosas, entre ellas, las torturas a las que sometía uno de los hijos del dictador a los futbolistas si no lograban un buen resultado. Descargas eléctricas, baños de agua helada y amenazas con romper las piernas eran la manera de motivar a la selección que tenía Uday Husein. Aquella época ha sido denominada "la época oscura" del fútbol iraquí, que llegó a ser el 139 en el ránking FIFA. Ahora es el 72.

Desde la caída de Sadam la afición se ha liberado. Antes apenas lo practicaban 20 o 30.000 personas. Ahora, cuando las bombas amainan, Bagdad y las calles de las principales ciudades iraquíes se llenan de balones de trapo. El fútbol ha pasado a ser el primer entretenimiento de los niños.

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