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Liga BBVA | Novena jornada

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carlos mira

Pinchazos de Valencia y Real Madrid y liderato del Barcelona, que también fue capaz de conquistar un barrizal en Málaga. Sólo aguanta el paso el Villarreal: goleó al Athletic y olvida su ridículo en Copa. Hubo otros equipos rojiblancos que sí tuvieron una buena jornada: el Atlético volvió a ganar y el Sporting continúa su escalada.

El partido de valencia ya lo jugó Muñiz

Vittorio Gassman dijo que la vida habría de ser vivida no una, sino dos veces: una para ensayar y la otra, para disfrutarla sin cometer errores. Muñiz se ha puesto estas semanas en la piel del mítico actor italiano, pensando que sus partidos deberían repetirse. La primera vez limaría pifias y la segunda, ganaría. En Valencia, Navas estuvo bien al corte, Marcano supo distribuir y Tchité metió tres de las que falla casi siempre. Y comprobamos, por fin, que Muñiz es un entrenador valiente, aunque muchos lo hayan situado en la trinchera de los amarrateguis. Partidos como el de Mestalla le darían la razón. Aunque, como la vida ansiada de Gassman, haya que jugarlos dos veces.

Aguirre y Maniche, en gran hermano

Corren tiempos de crisis y los clubes tienen necesidad de ingresos extra. Ahí va una idea y es gratis: que pongan una cámara, a lo Gran Hermano, en el interior de sus vestuarios. Se forrarían mostrando al mundo esos escenarios repletos de celos y pasiones, dignos de competir con Dallas y Falcon Crest. A mí me gustaría saber, por ejemplo, qué culebrón mantenían J. R. Aguirre y Maniche Chaning el año pasado para que el mexicano decidiera cargarse al mejor centrocampista que ha tenido el Atlético en años. No hace falta ni que juegue bien: con la presencia del luso (que salga el Kun ya se presupone) la pelota corre mucho más y el Calderón bosteza mucho menos.

Alves, el travieso

Alves conduce la pelota más de lo necesario, algo que en este Barça del tiqui-taca parece reservado a Messi, el gran virtuoso. Alves chuta sin cercanía, pega patadas a destiempo y hasta discute con el árbitro. Hace, al fin, de niño travieso en el patio de los Iniesta, Xavi y Busquets, niños estos superdotados que apenas dan ruido en busca del éxito. Suena a pecado decirlo, pero el lateral brasileño chirría en la orquesta del metrónomo Xavi, con dirección de ese maestro novel pero aventajado que se llama Guardiola. ¿Y qué hay de malo? La nariz de Cleopatra parecía muy larga y las orejas de Cary Grant, un poquito grandes. La simetría es una utopía innecesaria a la que sólo nos acercamos mediante pequeñas imperfecciones. Como Alves, al que agradecemos su pizca de anarquía en este Barça casi perfecto.

El doble pivote defensivo de Schuster

No pretendemos aquí saber más de fútbol que Schuster, ni tampoco

convertirnos en el periodista con el que el simpático técnico alemán bromee en la próxima conferencia de Prensa, pero, desde la libre opinión y con el máximo respeto al equipo ayer local: ¿Qué sentido tiene salir con un doble pivote defensivo (Gago-Diarra) en Almería? ¿El estadio cómo se llamaba, Mediterráneo u Old Trafford? Mientras Guardiola no se arredró y mantuvo su alineación a pesar del barrizal de Málaga, Bernd decidía dejar a Guti en el banquillo (había ensayado con él) y colocaba en su lugar a otro medio destructor. Pero lo más inexplicable llegó después, cuando sacó al de Torrejón en el momento que más convenía salvar los muebles, con 0-1. El fútbol no es sólo un estado de ánimo, también es una actitud. Y a la actitud contribuye el técnico con su alineación inicial: si buscas el empate, es posible que empates.

El personaje: Tamudo

En el lenguaje de los dandys, llegar dos minutos antes es un motivo de educación y llegar dos minutos después, una treta de seducción. Los dandys manejaban a la perfección esos códigos socialtemporales. En el lenguaje de los cracks, como Raúl Tamudo, llegar medio segundo antes significa decidir un partido. Tamudo, sí, el mismo que falla la mitad de los penaltis que tira, pero que los tira siempre, como ayer. Y los sigue mandando fuera para luego estrellar un balón al palo (primero) y robarle la cartera a media defensa osasunista (después), con un toquecito de esos por los que el capitán perico se ha ganado fama de muy pillo. Más que pillo, es todo un dandy: se anticipa al rival para ganar el encuentro y, luego, se anticipa a la grada, a su técnico y a sus compañeros para lanzar los penaltis. Da igual que falle. Porque a los cracks, y más a los tan dandys como Tamudo, se les perdona casi todo.