Liga BBVA | Real Madrid - Athletic

El caso Ramos calienta la visita del Athletic

Schuster castiga al lateral con el banquillo. Vuelve Robben

<b>LLORENTE Y LOS FANS. </b>El delantero del Athletic posó con varios afi cionados a la puerta del hotel.
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Sergio Ramos se ha ganado un foco. Sus declaraciones a nuestros compañeros Tomás Roncero y Óscar Ribot (ver páginas 4-5) han sido la suculenta noticia de las horas previas al partido contra el Athletic. La reacción de Schuster ha completado la polémica, pues al entrenador le cambió el humor cuando se le mencionó el asunto en conferencia de prensa: primero negó haber leído la entrevista y por fi n admitió la conveniencia de reunirse con el jugador. Entre una cosa y otra, el alemán dejó caer silencios largos y afi lados como espadas toledanas. Olía a castigo y lo habrá. El lateral se quedará hoy en el banquillo a benefi cio de Michel Salgado. Se trata de la primera disensión interna en el Madrid de Schuster y se trata, también, de una crítica táctica que se expone con razones y ejemplos. Sergio Ramos se siente solo y piensa que su rendimiento mejoraría con un jugador de banda por delante, función que desempeñó Beckham tiempo atrás. En el fondo subyace un principio estratégico fundamental: un lateral, por brioso que sea, no puede ejercer de extremo y defensa. No deberían sorprendernos las consideraciones de Ramos porque, de manera más genérica, Van Nistelrooy y Robben ya se han manifestado en el mismo sentido: hacen falta jugadores de banda. Si el sevillano ha entrado en detalles es porque

siente el problema como un perjuicio directo y porque su desencuentro con Schuster viene de lejos, del 13 de septiembre, cuando el entrenador, atendiendo a una información errónea, criticó que el jugador hubiera sido infiltrado en el España- Armenia.

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Sin Ruud La suplencia de Ramos distrae el partido de otras novedades. Van Nistelrooy no podrá jugar como castigo a la tarjeta roja que vio contra el Atlético y su ausencia, tan temida, servirá para probar el ataque del Madrid sin su mejor delantero; el holandés ha marcado diez goles en once partidos ofi ciales y suma cuatro tantos en Liga, todos a domicilio. Su ausencia adelanta a Raúl (cuatro goles, siempre en el Bernabéu) e Higuaín (3), al tiempo que permite a Robben regresar al once titular. Aunque un extremo suple a un ariete, el dibujo sigue siendo cubista. Con Gago, Sneijder y Van der Vaart en el medio del campo, la profundidad por banda depende de la trashumancia de Robben, de la timidez de Marcelo y de las galopadas de Sergio Ramos, que de eso se queja. Basta con que el rival amenace su zona para dejarle en situación de rey ahogado. Guti y Diarra, que regresan a la convocatoria después de diferentes lesiones, partirán de inicio en el banquillo. Por otra parte, Cannavaro y De la Red no entraron en la lista como consecuencia, se supone, de la política de rotaciones, aunque el canterano no disputó un solo minuto en Turín. Si el Madrid se presenta espoleado por una derrota, el Athletic lo hace acuciado por cuatro, las que ha sufrido en Liga y que le dejan con cinco puntos en el puesto 17º, sólo liberado del descenso por tener mejor diferencia de goles que el Recreativo. La situación es grave: el equipo de Caparrós ha perdido los tres últimos partidos (Barça, Sevilla y Getafe) sin marcar un solo gol (286 minutos sin ver puerta). Hubo buen fútbol por momentos, un innegable deseo de jugar la pelota, pero falta profundidad y no hay puntería. El resultado son cuatro únicos goles en siete encuentros. Y Llorente, el ariete, sólo ha marcado uno.

Expectativa. Siempre nos ocurre igual con el Athletic: su alineación congrega un reparto de buenos futbolistas, apreciados y cotizados (Iraola, Amorebieta, Orbaiz, Yeste, Llorente...), sin embargo, sobre el césped del Bernabéu apenas dan para media hora de fútbol académico y escasamente malicioso. El problema, como ya ha apuntado Caparrós, no es el talento, sino el carácter. Y esa fortaleza de ánimo se gana en estadios como Chamartín, contra equipos como el Madrid y en noches de soga al cuello. A eso se mide el Athletic: a un campeón espoleado, un entrenador irritado y un Ramos vengador. Mucha tela.

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