Márquez diseña una trampa a Schuster

Hace días que Bartolomé Márquez está pensando en el partido del domingo. Obcecado y centrado en el encuentro, para el técnico blanquiazul la principal obsesión es la de poder frenar los movimientos rivales. Considera que el equipo de Bernd Schuster tiene infinidad de ellos, de ahí que provocar un cortocircuito en la creación le daría posibilidades a los suyos. Las conexiones entre Van der Vaart con los puntas, la presión de Mahamadu Diarra y la excelente diestra de Rubén de la Red preocupan al técnico catalán, que se estrenará como primer entrenador en la capital. Por ese motivo, al igual que viene haciendo en las últimas semanas, Márquez volverá a ensayar con los suyos a puerta cerrada. Lo hizo el miércoles y repetirá esta mañana. Pretende Tintín que su equipo tenga la pelota, sea duro en la contención y aproveche el último pase de Iván de la Peña para que lo aprovechen Luis García o Raúl Tamudo. El capitán no anda muy fino en los últimos meses, pero la confianza en él es importante. Ayer, Márquez insistió con el clásico 4-3-3, pero en la mañana del miércoles practicó una especie de 4-4-2, con el fin de comenzar a ensayar una presión asfixiante. Con Lo Pelat en condiciones, todo es posible. El cántabro sigue con esa magia especial en su pierna derecha y esa visión sensacional que recibió el día que nació. A todo ello, Greg Beranger regresará al lateral zurdo, mientras que Francisco Rufete podría dejar en el banquillo a Ferran Corominas para actuar por la banda derecha. El alicantino nunca venció en el Bernabéu, pese a vivir la época más gloriosa del Valencia. Hoy volverá la sesión privada. Hay que seguir practicando cómo frenar los movimientos blancos.



