Ghilas acepta los regalos
Dos grandes pifias defensivas condenan al Tenerife

una y Juanma personificaron ayer las miserias de un Tenerife que tiene mucho fútbol en sus botas, pero que no hará nada importante esta temporada si no corrige de una vez sus traumas defensivos. El Celta, ávido de gloria, aprovechó los regalos de los centrales canarios para ganar con más facilidad de lo esperado su primer partido de Liga.
Fue un triunfo justo. Oltra puede opinar lo que quiera, pero el Celta fue mejor, Luis García trabajó más que Notario y, aparte del omnipresente Nino y algún destello de Ricardo, el Tenerife estuvo más bien gris. Pronto se encarriló el encuentro para el lado gallego. Fajardo despejó un balón desde el centro del campo y la pelota cayó del cielo entre la línea defensiva tinerfeña y Luis García. Inexplicablemente, allí estaba Ghilas, más solo que la una, para batir de una extraordinaria vaselina al antiguo portero celeste.
368 minutos, más o menos lo que supone ver El Padrino y Lo que el viento se llevó una detrás de otra, tardó el Celta en marcar su primer gol. Estalló Ghilas, estalló Balaídos. No era para menos. En tierra de meigas, más de uno piensa que cuando te quitas el mal de ojo ya todo es coser y cantar. Expoleados por este tanto, los vigueses se lanzaron a por más. Renán tuvo un mano a mano, que salvó bien el meta canario. David Rodríguez reclamó dos penaltis consecutivos y es posible que en ambos existiera infracción. Eran minutos de control absoluto celeste.
Duró media hora. Richi mandó a las nubes un balón franco dentro del área y al Celta le entró el tembleque. Ricardo y Manolo Martínez volvieron a asustar a Notario. El Tenerife, que andaba medio ido, ya asomaba la cabeza. Así pues, el descanso fue bien recibido en Balaídos.
Aparece Nino.
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En la reanudación Ghilas se lo puso el doble de difícil al Tenerife. Otro balonazo defensivo (en este caso de Rubén) provocó la zozobra chicharrera. Luna no acertó a despejar bien ante la presión de David Rodríguez y le regaló un balón de oro al argelino del Celta para colocar el 2-0.
Nino se remangó entonces y se puso manos a la obra. Primero aprovechó un balón suelto tras un remate al poste de Kome para poner el 2-1. Luego, metió un centro muy peligroso que Edu Moya desvió unos centímetros por encima del larguero. Y todas las paredes, todo el juego, pasaba por él. En ese momento, Oltra y Murcia ya habían enloquecido. El Tenerife jugaba con una línea de tres defensas (dos laterales y Manolo Martínez, un mediocentro reconvertido). El Celta iba a acabar con cinco defensas y un trivote por delante. Con este panorama, era lógico que el Tenerife achuchase, pero lo hizo sin fe, sin gracia, sin chicha. Y el Celta, sí, pueden creérselo, volvió a ganar.



