Segunda | Las Palmas 1 - Hércules 1

Empate con matices

A Las Palmas le deja mal cuerpo; al Hércules, alivio

<b>PARIDAD. </b>Pablo Sánchez porfía por un balón dividido con César,  que se anticipa al corte.
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El Hércules llegó a Gran Canaria presumiendo de liderato y pasó la tarde hilando plegarias. Porque se pudo llevar un saco. Entre los postes y un Calatayud tremendo vivió un partido sin justicia en su suerte final. Así se explica que el botín mayor no fuera para la Unión Deportiva, que sigue purgando la derrama de puntos imposibles por su torpeza en el rectángulo donde hay que marcar diferencias. Las áreas le parecen malditas. Remates hubo de todos los colores en los dominios de Calatayud. Delicadezas que acabaron en el palo, como la que firmó Sergio. Disparos llanos, sin oposición ni arista alguna. Apunten en esa nómina de nuevo a Sergio y también a Nauzet. Y otras intentonas con algún rival incordiando. En ésas se quedó Pablo cuando su giro de cuello fue cortado por Abraham Paz y acabó en los guantes del portero. Todo, antes del descanso. Inexplicable el 0-0 con el que se alcanzó el intermedio ante semejante hoja de méritos en la misma dirección. Fútbol no garantiza goles y, en el caso, de Las Palmas la máxima cobra dimensiones radicales con exhibiciones como la de ayer. Sin restar méritos a un Calatayud sobrio y preciso, fue una injusticia manifiesta la paridad.

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Y el Hércules, que apenas había tensado la musculatura, entendió que más por menos constituía una oportunidad ejemplar. De ahí que se activara en cuanto comprobó que las camisetas amarillas administraban aviso y perdón en raciones simétricas. Bastaron dos amagos para que, a la tercera, Tote convirtiera una acción anónima en incidencia. Recibió de espaldas la pelota y, al sentir la cercanía de Samuel, se arqueó lo suficiente para provocar contacto. Penalti de los que se pueden pitar o no, de los que no inhabilitan árbitros ni otorgan la internacionalidad. Farinós, con ese aire funcionarial que dan los años y los kilómetros, hizo los deberes y sacudió el orden establecido. Tenía el Hércules lo apetecido. Partido avanzado, rival maltrecho y marcador cómplice. Pero cedió, tolerando el levantamiento local. De la manera más insospechada llegó la réplica. Calatayud desactivó una rosca desde la esquina con un despeje rotundo. Nada anunciaba el misil que gestaba David García desde treinta metros. Su derecha escupió un empalme majestuoso que se coló irremediablemente. Un golazo de los que sacian al personal y atenúan las mediocridades propias la categoría. Eligió Las Palmas nivelar a lo grande y eso pudo intimidar a un Hércules que, sin llegar al agobio, acabó temiendo lo peor y llamó a filas para proteger a su portero.

Cuestión de aristocracia. El que defendía liderato no acreditó su condición. Sí se ajustó al perfil una Unión Deportiva habituada a sembrar misericordia y cumplir penitencias.

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