Primera | Cuarta jornada

Multifútbol

El Madrid alumbró a un crack (Van der Vaart) y recuperó una leyenda (Raúl) ante ese Sporting que a tantos está resucitando. El Barça tiró de árbitro para ganarle al Betis. El Atlético dejó de ser pupas en Getafe. Villa sigue siendo Villa. Nervión perdonó a Jiménez y el Villarreal, que asusta más que nunca, no perdona a nadie.

Rafael Van der Vaart
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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El personaje

Rafael van der Vaart es una mezcla entre la escuela holandesa y el duende puro, made in Chiclana. De la primera virtud nació un hat-trick en su primera gran noche madridista. De la segunda, ese taconazo con musho arte, homenaje, casi sin notarlo, al mejor futbolista en la historia del Real Madrid. Tal vez el gesto esté inspirado por alguna imagen que su retina conservó del gran Alfredo Di Stéfano, aquel todocampista que llegó desde el otro lado del océano. Alfredo, precisamente, el mismo que entrega la camiseta a muchos otros futbolistas que se dicen �nacidos� para jugar en el club blanco. Y sí, esta vez el tópico se nos convierte en verdad verdadera. Rafael está hecho a la medida del club blanco, sólo necesita de la brisa para mandarla a la red. Tiene algo a lo Sneijder, otro tulipán total que la pone como nadie, que trabaja incansable y que golea con la facilidad con la que unta la mantequilla durante el desayuno. Wesley busca el regreso a la vuelta de la esquina y los rivales tiemblan ante el desafío: pararle a él y a Rafael, dos holandeses perfectos para el Real Madrid, ese club que anota goles, celebra victorias y gana títulos por mera inercia, estadística y espiritual.

Jiménez o el 'síndrome del entrenador español'

El sevillismo la tomó con Caparrós y luego lloró al utrerano hasta que los títulos cargaron de crédito a Juande. Más tarde, despechado, recibió con jolgorio a Jiménez (¡qué coj... tienes!, le cantaban), pero para recelar de Manolo ha bastado que empatara el derbi por culpa de sus experimentos. Somos así con los técnicos españoles, y no sólo en Nervión: inmisericordes cuando están, pero melancólicos en su ausencia. Algunos, a Aragonés, le echamos de menos ahora lo mismo que antes le echábamos de más. Tenemos el mono de que nos adoben con un "y tal", esa ciencia de lo insospechado, las grises tardes de domingo o las mañanas con ojeras de muchos lunes. Vuelve ya, Sabio.

Guardiola quiere hacer un equipo de autor

El Barça de Pep salió vivo gracias a Daudén, decidido a arrancar la página del libro en la que ponía "penalti", y gracias también al imprevisto oportunismo de Gudjohnsen. Esta vez, el técnico quiso evitar sospechas y se dejó en el banquillo a su protegido invento, Busquets, que es a Guardiola lo que Carmen Maura fue al primer Almodóvar: la actriz fetiche de un director rebelde, destinado a hacer películas de autor, pero que terminó logrando un Oscar. Al público no tiene por qué gustarle el fútbol de autor: pero siempre le gustarán las victorias. Ganar es hacer taquilla, y armar un gran equipo de fútbol, un malabarismo artístico. Yo, la verdad, sigo sin apreciar los cambios entre aquel Barça de Rijkaard y éste de Pep, creador obstinado que no sabe aún en qué acabará su película: si en una excentricidad sin futuro o en otra, como aquel Dream Team que él mismo lideró, obra maestra.

Jurado y Valerón: con sal se covierten en cracks

Dos cambios de ritmo, tres toques milimétricos y primer golazo de Jurado en Son Moix. Otro futbolista, como Valerón, al que los sabiondos llegaron a comparar con Zidane. El de Arguineguín apuntaba maneras en el Atlético, pero necesitó irse a A Coruña para entrar en nuestro corazón. Con 14 años, Jurado cambió las gambas de Sanlúcar por el tráfico de la capital, donde no explotó, ni en la cantera del Madrid ni en el banquillo del Atleti. Pero dos meses le han sobrado para despuntar en Mallorca. Puede que, como el Flaco, estemos ante un chico tímido que si está soso no tiene chispa. Pero que cuando siente la sal en las piernas, entonces sí, se convierte en el crack que todos esperábamos.

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Sinama con gol

Sinama no es comparsa de Agüero y Forlán. Es complemento, sustituto eventual para noches como las de Getafe en las que Diego anda lesionado y el Kun (que nació humano) se ha olvidado su infalibilidad en casa, junto a la chimenea, cerca de Giannina y de su suegro Maradona. Sinama es un futbolista de partidos que empiezan raros y se enquistan, directos al desastre. Su 0-1 se encuentra en el manual del delantero bueno: control, orientación y remate. Y el 1-2, en el manual de delantero oportunista, apurando al defensa hasta convertirse en autor moral del gol. Para aspirar a un título hay que tener a más de uno o dos futbolistas diferentes: uno para grandes partidos, otro de apoyo y otro para los trámites. Sinama Singol, así le apodaron sin originalidad y con algo de mala uva, comparte ya el pichichi.

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