Cuando el gol es utopía
Osasuna no pudo contra diez ante un Depor perdido


Los técnicos son una raza aparte, y después de lo propuesto por Lotina ayer en El Sadar, diría que aquello de que el 'ataque de entrenador' es lo que los distingue. El club peleó por levantar la roja a Omar Bravo, fracasó, y la respuesta del técnico fue darle la titularidad a Bodipo (descartado este verano) y sentar a Mista. Para crear, Juan Rodríguez, con Valerón y Verdú en el banquillo. Piscu, debutando como lateral derecho. Guardado y Cristian, cambiados de banda. Enfrente Ziganda, con su artillería en el campo perfectamente ubicada, moviéndose como un reloj que ni se inmutó con la lesión de Monreal a los diez minutos. El primer tiempo acabó en tablas, pero el resultado a los puntos fue demoledor a favor de Osasuna. Masoud lo tuvo en el 19' tras gran jugada de Juanfran. Otra cabalgada genial del alicantino terminó con Piscu disparando a propia puerta y Aranzubia desviando milagrosamente al benévolo larguero. ¿Y el Depor? Gran pase de Cristian y Bodipo rematando a las nubes un gol cantado. Una llegada, clara eso sí, fue el balance de un primer tiempo gris plomizo.
Expulsión.
Lo curioso del tema es que el Deportivo, o más bien su técnico, recuperó la coherencia cuando De Guzman vio la segunda amarilla (absurda falta) con 37 minutos de partido por delante. La entrada de Verdú y Pablo Álvarez devolvió a Juan Rodríguez al mediocentro y el equipo ganó en solidez y trato del balón. Una expulsión terminó de golpe con la extraña revolución de Lotina, y a la vez sirvió para que las dudas de Osasuna se multiplicasen. El buen fútbol desarrollado en el primer tiempo, sobre todo el que salió de las botas de Juanfran y Masoud, se fue diluyendo como una azucarillo en una piscina de leche, precisamente cuando el Depor se quedó en inferioridad numérica.
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Con todo, los rojillos tuvieron a su alcance los tres puntos a falta de quince minutos. Un centro desde la izquierda se paseó plácidamente por el área coruñesa hasta que llegó a las botas de Juanfran, que empaló con clase y calidad. El balón se colaba, pero ahí apareció de forma milagrosa la espuela de Lopo para recordarle a Ziganda que en su equipo (y también en el Depor) el gol es una utopía. El castigo a esta preocupante falta de puntería son cuatro jornadas de Liga sin conocer la victoria. Cuatro partidos y sólo dos puntos. La clasificación empieza a pesar, y ésa suele ser una losa que termina sepultando la confianza, y sin ella, el fútbol termina por desaparecer.
La lectura para el Depor no es mejor: cuatro partidos seguidos sin marcar y viaje a Valencia. El punto puede ser bueno si Lotina descubre que la calidad de este equipo es casi inversamente proporcional a la magnitud de sus rotaciones. Veremos.



