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Zaragoza y Elche ansían su primer triunfo en la Liga

En el deporte no existen las victorias ciertas ni hay derrota imposible, pero La Romareda no parece en condiciones de aceptar siquiera la medianía de otro empate. Es lo que en fútbol se llama una urgencia. Zaragoza y Elche precisan ganar, porque es lo suyo y sobre todo porque están los dos pinzas. Ese imperativo define el partido. Y lo demás (el doble cañón Ewerthon-Oliveira y tal)... lo demás es literatura.
La mayoría de los equipos de Segunda están hechos para iniciados en la categoría. Por ejemplo el Elche, reconocible franja verde de un club clásico, alejado un par de décadas de sus mejores días. Un grupo joven dirigido por David Vidal, que sabe latín y otras lenguas muertas, todas ellas viperinas. En Segunda todo el mundo se parece mucho a los demás y esa es la gracia de la liga, si tiene alguna. Al Zaragoza tampoco lo conoce ni su padre, que no está claro quién es por más que señalen a Herrera, al que siempre le cuelgan hijos de otro, como a Aznar. Les pasa por guapos y ricos.
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Sorpresa. Desde luego, Coentrao no es sobrino del entrenador: cada vez que hay lista, el portugués acaba en la grada con los pelos como escarpias. Ayala tampoco entró ayer, toma cuartelazo, así que seguirán Pulido y Pavón, lo que sería buena noticia si nos fiáramos de alguien. La duda estriba en si Marcelino convierte al sedoso Jorge López en pivote o pone a Gabi con Hidalgo, mire usted. Vidal jugará a la metamorfosis: Olmo y David Fuster en la izquierda. Y en el doble pivote, la pareja Acciari-Rodri deja paso a Cobo-Usero. Santos y Saúl pasarán de la grada al once. Total, cinco cambios.
Vidal dice tener una receta para sorprender al Zaragoza. Como si hacer eso fuera el desembarco de Normandía...




