Fútbol | Los lunes del Asador Donostiarra

Mel: "A este Rayo la Segunda le parece el Cielo"

Canterano del Madrid, goleador y entrenador. Es decir, educación, vocación y profesión. De las tres cosas ejerce Pepe Mel, pero es difícil poner en orden la triple condición del guía del resucitado Rayo, del que habló ayer en el Asador Donostiarra.

José Mel Pérez pasa revista.
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José Mel Pérez (Madrid, 1963) llegó al fútbol con once años. Fue a probar con el Madrid, pasó el corte y se convirtió en el nueve del equipo Camacho. Y recorrió, gol a gol, todos los cursos en el club sin esperanza. Era coetáneo de la Quinta del Buitre: "Ese equipo ganó cinco ligas consecutivas, que se convirtieron en un muro insalvable para el resto de canteranos". Así que, después de cuatro años en el Castilla, tomó la primera salida posible: Osasuna. Después jugaría y ascendería a Primera con Castellón y Betis y acabaría en Granada, Getafe y el Angers francés, un epílogo breve y extravagante para su carrera. En todos dejó goles (23 en el Castellón que subió, 27 en el Getafe en el que se despidió de España ya con 35 años...), pero nadie le quiso como el Betis. "No diga gol, diga Mel", rezaba una pancarta cuidadosamente colocada en la parte baja de un fondo a la que el goleador se encaminaba en las celebraciones : "El Betis es un club muy especial. Yo metí 24 goles en Segunda el año del primer ascenso, pero la temporada siguiente el equipo fue último y yo hice 14. El pichichi fue Butragueño, con 19. Yo siempre tuve gol, desde crío. Pero me ayudaron mucho los extremos. En el juvenil del Madrid tenía a Michel; en el Betis, a Chano y a Gordillo; en Osasuna, a Enrique Martín. Era casi un pecado no ser pichichi. A lo mejor porque yo vivía de los extremos no concibo el fútbol sin bandas. La primera regla desde que entreno es que los laterales están obligados a atacar". En el repaso de su carrera se detiene en su primer Castilla, el de la Quinta, campeón de Segunda: "Con Butragueño jugué en el Tercera, porque él llegó muy tarde al Madrid. Le acompañaba muchas veces su padre y traía perfumes para todos. Le ayudó mucho una gran actuación con el juvenil en el Trofeo Bernabéu". Sin embargo, cree que el talento de Martín Vázquez estuvo siempre muy por encima del de sus compañeros de generación: "Era el mejor de la cantera y con mucha diferencia. Hacía cosas que yo no he visto hacer a nadie. Ponía el balón en el centro del campo y admitía apuestas sobre cuántos disparos pegarían en el larguero. Muchas veces hacía diez de diez. Era capaz de conseguirlo incluso pegándole con el exterior del pie".

"Siempre querré al Madrid, porque para mí fue un colegio. Incluso tenía que llevar mis notas al club. Ahí me hicieron persona, me enseñaron a jugar al fútbol, a competir. Y me dieron una educación. Recuerdo un partido con el alevín, en el campo de tierra de la antigua Ciudad Deportiva. Nos habían dado unos uniformes de una talla superior a la nuestra. Y entonces apareció Bernabéu. Se bajó del coche, paró el partido y obligó al utillero a buscar camisetas de nuestra medida. "El Madrid no puede salir así a un campo", le dijo. Así era el club. Estaba en todo. A Michel, a Francis y a mí nos dijeron un día: "Os vais voluntarios a la mili". Y ni rechistamos. Y luego están los técnicos, gente que ayuda a querer al club: Malbo, Pozo, Grosso, Amancio, Del Bosque". Del Bosque. El primero que le dio una oportunidad como técnico a Mel: "Me llamó para que echase una mano en las pruebas a jugadores de 13 o 14 años. Es el seleccionador ideal, porque es muy bueno eligiendo a gente. Hay técnicos que ven bien el juego, pero luego dudan mucho a la hora de elegir. Él coloca al futbolista donde mejor rinde. Para ser seleccionador no se requiere ser un excepcional entrenador, porque los jugadores ya te llegan entrenados. Lo importante es hacer grupo y trabajar psicológicamente con él. Y ahí Del Bosque es magnífico. A mí apenas me ponía en mi primer año de juvenil y, en cambio, estaba encantado con él. España pinta bien bajo su mando".

"Te das cuenta de que quieres ser entrenador cuando empiezas a cuestionar las cosas que hace el que te dirige", explica Mel, que de aquella primera experiencia con los cadetes del Madrid saltó a El Álamo y luego al Coslada, al que hizo campeón de Tercera (2000). Entonces reapareció el Madrid: "Yo llegué a un acuerdo con Pirri para volver. Me haría cargo del Castilla o del C, pero entonces me llamó el Mérida de Primera. Y Pirri tuvo el hermoso gesto de liberarme. Lo que ocurre es que dos meses después el Mérida desapareció. Tuve la suerte de que me llamó el Murcia".

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Mel entrenó al Tenerife en Primera, fue el segundo técnico de Ángel Torres en el Getafe de Segunda, se quedó a un paso de Primera con el Alavés pese a sumar 74 puntos e hizo debutar a Sunny con 16 años ("El futuro está en África") en el Poli Ejido antes de llegar al Rayo, en verano de 2006. "Después de cuatro años en el desierto, a este Rayo la Segunda le parece el Cielo. La Segunda B es dificilísima. Te encuentras campos donde no caben más de cinco futbolistas en un vestuario y hay que ducharse poco menos que con un caño. En Canarias te obligan a jugar a las doce de la mañana con treinta y tantos grados. Es una categoría muy poco atractiva. Yo acepté porque la propuesta era del Rayo, pero lo hemos pasado fatal". En la primera temporada el Rayo murió en la orilla del segundo playoff, contra el Éibar. En la pasada, acabó primero la fase regular y ascendió tras tumbar en la muerte súbita a Benidorm y Zamora. "Allí llevamos a 3.000 o 4.000 aficionados. La noche que subimos, había familias que me paraban por la calle y me daban las gracias. Es increíble. La gente te agradece que cumplas con tu trabajo". Y ahora, con aquello aún por enfriar, ya le piden el ascenso: "La presidenta es la más cuerda de todos nosotros. "Hay que mantenerse, que lo hemos pasado muy mal", me dice. Quiere muchísimo al club. Considera como hijos, o nietos, a los futbolistas. Dos veces estuvo a punto de venderse el club y Teresa Rivero se llevó tal disgusto que los hijos le recomendaron a Ruiz Mateos que diese marcha atrás. En los partidos se pone muy nerviosa. Recuerdo uno, ante el Universidad en Las Palmas, que acabó el encuentro detrás de nuestro banquillo. Ahora, este Rayo está mucho mejor estructurado que el Betis en el que yo estuve". El problema, en vías de solución, es de infraestructuras. Mientras se termina la Ciudad Deportiva, todos los equipos de categorías inferiores deben repartirse césped artificial y horarios en un solo campo. "Y aún así el juvenil le ganó la Liga al Madrid y al Atlético".

Lopera. Le ha cogido cariño de verdad Mel al Rayo, hasta el punto de que cuando, en diciembre del 2006, recibió una oferta de Lopera para sustituir a Irureta en el Betis acabó diciendo no: "Yo no le podía hacer una guarrada al Rayo. El Betis pretendía que yo diese el paso de marcharme, pero me fui a hablar con Ruiz Mateos y él me dijo que les hacía polvo. Me bastó con eso para quedarme".El verano ha sido largo. El Rayo ha fichado ocho futbolistas en negociaciones laboriosas que dejaron a Mel sin vacaciones: "El club da el paso de fichar, pero a mí me gusta llamar a los futbolistas para decirles que cuento con ellos. Eso lo aprendí de mi época de jugador. Cuando yo estaba en el Castellón recibí ofertas de Espanyol y Betis, y me decidí por este último porque me llamó Corbacho". Mel convenció personalmente a Aganzo, que tenía una oferta del Mallorca. Y Felipe Miñambres, director deportivo, le llevó una semana a Linares para que viera a Diamé, una de las sorpresas del comienzo de temporada: "Allí no jugaba mucho porque tiene sólo veinte años, pero le vimos entrenar varios días y lo trajimos". También volvió Cobeño, procedente del Sevilla, pero del criadero rayista: "Se hizo aquí porque la cantera es buena. A la presidenta le molesta mucho que se hable de Negredo como canterano del Madrid. "Estuvo ocho meses allí y catorce años aquí", dice. Ahora tenemos un internacional Sub-19, Sáez, por el que ya han preguntado Sevilla y Villarreal. Estos dos equipos peinan muy bien el mercado. Hace poco se fue Miñambres a ver jugadores en Brasil. Llevaba una lista de veinte. A los pocos días me llamó. Había visto ocho y seis los había fichado ya el Villarreal pagando 60.000 euros por cada uno. Los cedía a equipos grandes de allí para que maduraran. La cantera es importante. Por eso yo aplaudo a Guardiola. Y al Barça. Se fue Milla y para el puesto había 'fabricado' a Pep. Y luego a Xavi. Y a Iniesta. Y a Bojan. Y a Verdú, al que yo he querido fichar. Pep tira de los que conoce y si funciona, enriquece el patrimonio del club. Los entrenadores de cantera sólo deben pensar en ella, no en utilizarla para llegar ellos al primer equipo. Del Bosque siempre quiso trabajar con los chavales. Lo del primer equipo se lo encontró". Y así se fue Mel, mojándose en todo menos en los tres que subirán: "Esto no ha hecho más que empezar".

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