Multifútbol
Volvió la Liga y volvió a tropezar el Barça, que aún es más de Rijkaard que de Guardiola. Madrid y Sevilla compartieron sudores contra recién ascendidos (Numancia y Sporting), pero ganaron con idéntica borrachera de goles: 4-3. Ayer nos acostamos con un líder efectivo (dos tantos, seis puntos) e inesperado, el Espanyol.


El personaje. Toño
Para un ttécnico como Guardiola, perseguido por el pasado y agobiado por las urgencias, perder (o no ganar) es comenzar a morir, a dimitir de su puesto. Para cualquier meta, como el racinguista Toño, recibir un gol es morir un poco. Eso mismo nos sugiere la imagen de arriba, tomada durante el intenso epílogo del Camp Nou el sábado. A Toño se le ve sudoroso y palpittante. Mantiene la pelota justo encima de la línea, que es como balancear el cuerpo sobre un abismo. Cuando, harto de desperdiciar ocasiones, el Barça se subió a la portería del Racing, el partido quedó simplificado a la batalla entre esos dos egos: Toño contra Guardiola, portero contra entrenador. Seres tan antagónicos como parecidos, pues los dos ven el fútbol desde una posición angular, la más privilegiada. Ambos son figuras incomprendidas y solitarias: sólo juega un portero y, cuidado Pep: sólo puede haber un entrenador.
Senna se alarga el campo a los 32 años.
Treintaidós es edad de diván, de primeras canas y michelines consolidados. Treintaidós, sobre el césped, es tiempo de economizar carreras, de no bajar a defender demasiado o no subir a atacar sin razón. De acortarse el campo 10, o 20 metros. A la regla le ha salido una excepción que viste de amarillo (o de rojo), que juega en el Villarreal y en la Selección a pesar de haber nacido brasileño: Marcos Senna. Espoleado por su gol a Armenia, el primero con la Roja, Marcos se puso el traje de todocampista ante el Depor. Barrió atrás y chutó delante, una pesadilla constante para los defensas, los medios y los delanteros contrarios. Senna desafió a la edad, se alargó el campo.
Luis García reina en la 'liga de los asturianos'
Le está costando al Sporting cogerle el gusto a su nueva categoría, pero es capaz ya de pegarle todo un susto a todo un Sevilla, en todo un Sánchez Pizjuán. Paciencia. Ahí estamos, 10 años después, otra vez en Primera, con Gijón detrás brillando de ilusión a pesar de contar sus dos primeros partidos por derrotas. El regreso esportinguista no es el único motivo que tiene Asturias para ponerle a su fútbol una sonrisa, porque esta Liga ha amanecido harta de sidra, tal vez adopte el bable como idioma oficial. Villa y Cazorla, hombres en la Eurocopa, nombres del verano, deciden los partidos en Valencia y Villarreal. Pero por encima de Santi y del Guaje, más decisivo aún, se levanta la figura de un ovetense llamado Luis García: dos partidos, dos goles y seis puntos para él. El Espanyol se viste de líder y Montjuïc se va de fiesta, a ritmo de gaitas.
La 'Agüerización' del Atlético es evidente
Si Agüero está cansado, el Atleti baja los brazos. Si Agüero llega desde Pekín, montado en su medalla de oro que es el caballo del Cid, el Atleti le mete cuatro al Schalke. Y si Agüero no está, el Atlético no existe... O no aparece, como ocurría en Valladolid hasta que Aguirre se rindió a la evidencia y decidió sacar del banquillo al Kun. Ya no hay vuelta atrás: este Atleti se encuentra completamente agüerizado. Y no ha sido un proceso repentino. Poco a poco, la menuda figura del argentino se ha ido adueñando del juego, de los goles y hasta de la actualidad de los rojiblancos, sombras sin cuerpo, cervatillos huérfanos cuando el yerno de Maradona no forma parte del once.
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Higuaín o Raúl
Loca tarde la del Bernabéu, con dudas defensivas, con gol 5.000 y con una realidad que toma cuerpo partido a partido: Higuaín ha madurado, le llegó ya la hora de resolver el debate sobre la necesidad de aliviar o no de minutos a Raúl. El Pipita fue capaz de decidir en la recta final de la pasada Liga y, casi sin solución de continuidad, ha arrancado enchufado en estos primeros partidos. Dejó atrás su ansiedad ante el portero rival y responde a las exigencias de un club que no espera a los jóvenes, que es una máquina de devorar promesas. Higuaín juega bien, como siempre, y ha marcado pronto, como nunca. Da razones a Schuster y avisa a los delanteros con los que se debe repartir la titularidad: no hace falta que Raúl no esté bien, o que Van Nistelrooy se lesione. Con Higuaín hay nueve. Y siete.



