El Huesca exhibe pegada y orgullo en su estreno
Los azulgranas jugaron con diez durante cincuenta minutos

No deja de hablarse de un concepto que, al parecer, va a marcar el devenir de los clubes de esta Segunda División: entender la categoría. En ese aspecto, puede decirse que el Huesca es un alumno aventajado. Con opciones de mejora, eso sí, pero muy listo a la hora de acoplarse a la categoría.
Salió Calderón confiando en el armazón del ascenso, aderezado con el trabajo de Erice y la magia de Rubén. Y aunque en los primeros minutos el Castellón parecía el único dueño del partido, los azulgrana se soltaron los nervios de la mejor manera: Roberto hizo un encaje de bolillos entre la defensa albinegra y de pared dejó un balón franco para Rubén, que enfiló la portería contraria con determinación y, con la sangre fría de los mejores delanteros, fusiló a Carlos Sánchez, llevando el delirio a las gradas. A partir de ahí, a las trincheras. Al mando de Erice, bien resguardado por Corona y Dorado, el Huesca hizo saber a los hombres de Abel que iba a guardar su ventaja con todas sus armas. Lamentablemente, a falta de cinco minutos para el final se cometió el único error de bulto del partido. Con un saque de esquina a favor, el Huesca concedió un contraataque donde Arana, magistral, provocó la jugada que mandó a Camacho a la caseta en una acción cuanto menos dudosa. El 1-1 llevó a la afición azulgrana -impecable en su estreno- a un cierto estado de zozobra ante una situación difícil en el descanso.
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Pero el Huesca se agarró a la casta y a la calidad, rehaciéndose de una manera formidable. El latigazo restalló en la defensa albinegra cuando Roberto, a lo Henry, marcaba el segundo. Fue de dimensiones importantes. El conjunto de Abel, que se encontró con los papeles cambiados y medio groggy, buscó la igualada. En el intervalo, Lalo tuvo una falta que se marchó por poco y Rubén, ávido de gol, rebañó muy forzado un balón que pudo ser el tercero. El cansancio iba haciendo mella y eso fue suficiente para que Mario Rosas encontrase un resquicio en la zaga azulgrana para nivelar el electrónico.
La sensación del partido no puede ser mala. El equipo de Antonio Calderón -increíble la tranquilidad y aplomo que el gaditano transmitió a sus jugadores desde el banco-, debe salir fortalecido. El primer examen serio de la temporada se pasó con nota. Tan sólo faltó la guinda de la victoria.



