Trofeo Bernabéu | Real Madrid - Sporting

La fiesta continúa hoy en el Trofeo Bernabéu

El Sporting de Moutinho mide el estado de euforia del madridismo

<b>REMONTADA HISTÓRICA. </b>Raúl recogió una Supercopa que el Madrid conquistó con nueve al Valencia.
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Es un misterio saber cómo afrontará el Madrid un partido sin pólvora, un rival normal y una noche sin Iturralde. Es imposible imaginar dónde encontrará la proeza. Es cierto que el torneo lleva el nombre de Santiago Bernabéu, que es el Churchill del madridismo e incluso la reina madre. Y es verdad que el Sporting es un club de rancio abolengo, un año más antiguo que el Madrid (1906), cantera de Futre, Figo y Cristiano Ronaldo. Pero temo que no baste.

La experiencia de lo vivido el domingo y otros anteriores nos indica que este equipo, en su condición de superhéroe, necesita una ciudad en llamas o un puente que se desmorone. Requiere dificultades, malvados, motivaciones extraordinarias. Lo cotidiano distrae, aburre, y por esa rendija se le cuelan al Madrid los peligros y los adversarios. Hay que celebrar esa resistencia a la derrota que tanto recuerda a las carreras de Nadal, pero no habrá que despistar el fútbol. No siempre se jugará a toque de corneta y no siempre estará el Bernabéu para cocinar a los invasores. Habrá mares sin viento, noches que se repitan y enemigos comunes. Y serán mayoría. Eso se ensaya hoy.

Supercopa.

Por otro lado, es imposible desvincular el partido de la inercia provocada por la hazaña de la Supercopa. El madridismo es una fiesta y ese calor animará las gradas. Ahora mismo no existe un público más crédulo. El mal juego es una trampa para el rival, hasta los goles recibidos. Son los sustos de una película de James Bond. Esa es la consecuencia de dos años de finales felices.

En ese ambiente de optimismo apetece ver caras nuevas. Hay deseos, por ejemplo, de comprobar la talla de Rubén de la Red, autor de un gol magnífico contra el Valencia. Apetece saber cuánto había de intención en ese golpeo y cuánto de Hildebrand. Es preciso medir el ancho y el largo de ese centrocampista. Ocurre lo mismo con Javi García, al que Schuster insiste en alinear como central. También Van der Vaart debe manifestarse después de su expulsión. Que nos cuente lo que le gusta, o que lo dibuje.

Liberados de la oficialidad de la Supercopa, esta noche el gran atractivo son las novedades, el espectáculo. Y habrá que sumar a eso la motivación que inspira a ciertos futbolistas el rumor de los fichajes. Por lo que se refiere a la plantilla, el caso Robinho se ha revelado más como un aliciente deportivo que como un problema social.

Los lusos.

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No olvido al Sporting de Lisboa, entidad polideportiva que presume de tener tres millones de aficionados en el planeta, sin que se pueda distinguir cuántos lo son por las llamativas franjas horizontales de la camiseta, heredadas del equipo de rugby del club en 1928.

Joao Moutinho, notable en la pasada Eurocopa, es el jugador más interesante del Sporting y recuerda a Deco por momentos. Cuesta entender que los grandes y más poderosos clubes del continente no se hayan lanzado al fichaje de este centrocampista de sólo 22 años. Quizá le falte una faena en el Bernabéu.

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