A propósito de Carlos Queiroz

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Tuve la oportunidad de conocerle en el verano de 2003. Fichó como técnico del Madrid y me tocó ir a Portugal para entrevistarle. La primera impresión fue excelente. Pasaron los meses y cuando el Madrid se desplomó tras la final de Copa ante el Zaragoza en Montjuïc (3-2) y llegaron las críticas, Queiroz cambió. Dejó de hablar, de sonreír y de saludar. Pasó sin pena ni gloria. Cuento esto porque, desde entonces, le tiene odio y manía a todo lo que huela a Madrid.
El interés del club blanco por Cristiano le sacó de sus casillas. Dijo barbaridades ("Quieren nacionalizar español a Ronaldo, como a Cristobal Colón") y emprendió una batalla que ha dejado a medio camino por la selección de Portugal. Criticó a Cristiano por querer irse del United y él ha sido el primero en dejar tirado al Manchester y a Ferguson. Cargó contra el Madrid por ofrecerle algo mejor al portugués. Días después, la Federación Portuguesa llamó a su puerta para hacerle seleccionador y aceptó al instante. ¿Cuál es la diferencia? Parece que lo suyo está bien y lo de Cristiano, mal. Queiroz tiene dos varas de medir, para él y para los demás. A Cristiano le debe una explicación...



