Laporta ante la moción: "Necesito ayuda divina"
Se agarra a un discurso catalanista para vencer


Como si de un acto de final de campaña se tratara, Joan Laporta y su equipo decidieron hace unos días organizar una convocatoria en un hotel barcelonés para pedir el voto del no en la moción de censura que mañana se verá en el Camp Nou.
Rodeado de algunos directivos y de miembros de la sociedad civil catalana, Laporta no dudó en pedir apoyo para que no prospere la moción y se deban celebrar elecciones en el mes de septiembre. "Nos hará falta ayuda divina", aseguró Laporta cuando buscaba en la sala al sacerdote Josep Maria Ballarín, que fue el encargado de cerrar el acto junto con Laporta, que se despidió gritando "Visca Catalunya lliure!".
Y es que lo que se vivió ayer fue un acto nacionalista, más que un encuentro con tintes deportivos. Fueron invitados una docena de personas que no dudaron en ensalzar la personalidad de Laporta (obviaron sus reacciones), lo bien que lo ha hecho durante estos cinco años (llevan dos seguidos sin conseguir un título) y lo gran patriota que es (nadie comentó que la semana pasada estuvo en la tribuna del Ernst Happel de Viena animando a España)
El pasado.
También reconocieron que había roto con el pasado (sigue muy ligado con Joan Gaspart, por ejemplo) y aprovecharon para criticar a Sandro Rosell, la gran amenaza de Laporta por arrebatarle el trono del Camp Nou.
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Con tanta emoción, Laporta aseguró que "hay días que vale la pena vivir. Queremos seguir al frente del club y venimos observando una serie de actuaciones que quieren frenar nuestras acciones. La directiva siempre demostró que el ejercicio del poder no nos apartaría del catalanismo. Reconozco que a veces me he equivocado y por eso quiero pedir perdón a mis compañeros de junta".
Después de su parlamento, Laporta trató de forzar una lágrima que nunca salió, una acción que dio la sensación de estar preparada (cuando la sala lo ovacionó giró la cabeza hacia el vicepresidente Marc Ingla y le guiñó el ojo derecho). Además Laporta recitó a Salvador Espriu, cosa que acabó de excitar a la sala.



