15.000 españoles teñirán de rojo el Prater de Viena
Muchos llegaron tarde. La reventa estará hoy a 2.000


Es la una de la tarde y Viena, la ciudad gris de Freud, se ha puesto un traje de sol, nos recuerda a Mallorca mientras en sus calles se termina de psicoanalizar a una afición antes traumatizada, la española. Hace dos horas se acabaron la entradas en el ticket point de Messeplatz y Paco, que ha hecho 2.500 kilómetros desde Madrid, y sin pasarle la revisión al coche, chilla de alegría: fue el último agraciado. Hay parte mala: que venían con él Rafa y Julián, dos amigos que ahora rebuscan en la reventa. Ayer ya les pedían 600 euros por las entradas más baratas. Hoy, se estima, algún pudiente pagará más de 2.000.
Si esos pudientes son españoles y/o simpatizantes, habrá 15.000 con La Roja en las gradas del Prater. Los alemanes están a dos pasos y serán multitud, pero en la víspera no lo parece. Los que más gritan visten de rojo y muchos pertenecen a la generación que nació al fútbol de la Roja llorando a Naranjito y al resbalón de Arconada en París, como Pepe (32 años, del Madrid) José María (34, del Atlético) y Fede (34), que celebró "el ascenso del Rayo. Me gasté 300 euros en ir a Zamora. Vaya mesecito...".
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Miguel vive en Stuttgart, tiene padres españoles y su mujer Carmen es alemana. Ya tenían las entradas de la final "hace meses. Creíamos que Alemania llegaría seguro. Lo de España... Si gano, mañana duermo en el sofá", bromea Miguel.
Susana, Blanca y Lucía, tres chicas con apenas 18 años, vinieron de Valencia sin pensarlo, sin saber si le llegarían los ahorros y casi sin permiso paterno. Llegaron tarde al ticket point, pero les queda la pasión: "Al menos no dormiremos en la calle, tenemos la casa de mi tío. A lo mejor esto sólo ocurre una vez"... Pase lo que pase hoy, la Roja es una, somos de la Roja, al menos para 30 o 40 años más: guárdate el diván, Sigmund, ya estamos curados.



