Noche de locura en Moscú: a Hiddink quieren hacerle ruso
Medvedev le daría "la ciudadanía"

Moscú le dio la bienvenida al verano con una de las mayores alegrías, futbolísticas y de cualquier otra índole, que la vida le ha dado en estos años de capitalismo post URSS. 200.000 personas se echaron a las calles de la capital rusa para celebrar la primera gesta en mucho tiempo: desde 1988, hace 20 años, Rusia no se había clasificado para la segunda fase de un gran campeonato. Esta vez, cuando menos lo esperaban, se ha plantado en semifinales con el juego más deslumbrante del campeonato. La Plaza Roja se inundó de proclamas a favor de Arshavin y, sobre todo, de Hiddink, el gurú que ha vuelto a hacer milagros con una selección nacional: "Hiddink, ruso, Hiddink, ruso", cantaba la turba pidiendo la nacionalidad para el técnico holandés.
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A la mañana siguiente, el presidente ruso, Dmitri Medvedev (sucedió hace pocas semanas a Putin), bromeó dispuesto a ceder a los deseos de su gente. El jefe del Kremlin se encontraba en Bielorrusia, donde mantuvo conversaciones con el presidente de aquel estado, Alexandr Lukashenko: "Ahora no dejaremos que Guus Hiddink se marche a Holanda", bromeó un veterano de guerra, a lo que Medvedev replicó sonriente: "Él (Hiddink) no tiene que marcharse; le podemos conceder la ciudadanía".
Guus acumula nacionalidades sin necesidad de residir muchos años o tener antepasados en un país: en 2002, Corea le concedió la ciudadanía honorífica, tras clasificar a su selección para las semifinales de su propio Mundial, por primera vez en la historia. El damnificado de aquello, por cierto, fue España, que volvió a caer en los cuartos de final.



