El teléfono conmemorativo dejó de sonar

Los griegos lograron la Eurocopa de Portugal de una original, por rácana, manera de jugar. Sin esplendor, con la ley del mínimo esfuerzo. Ganando 1-0 los tres partidos del KO y superando a España por un gol de diferencia en la fase de grupos. Luego, también fueron especiales en las celebraciones: no se fabricaron una pulsera ni una medalla conmemorativa, como suele hacerse en estos casos. Lo celebraron contratando números de teléfono móvil que incluían los dorsales de cada uno en el torneo. Parecía una forma de unir el grupo, de hacerse localizables sin necesidad de agenda durante el verano y los meses que vendrían. Con el tiempo, la emigración a otras ligas europeas (futbolistas como Katsouranis, Seitaridis o Giannakopoulos se fueron de Grecia semanas después de ganar el título) y la distancia consiguió el olvido entre los internacionales. Muchos de ellos ni siquiera tienen ya operativo el número, lo apagaron hace años. Más tarde, no clasificarse para el Mundial de Alemania abrió una herida definitiva entre muchos integrantes de la vieja guardia, que no lograron cerrar esta Euro. El espíritu de Portugal acabó olvidado y el teléfono conmemorativo dejó de sonar para siempre.



