Perfil humilde y familiar que encaja en un grande
Casado muy joven, vive en Oporto con su mujer e hijos

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Luis González nació hace 27 años en Buenos Aires. Criado en Parque Patricios, aprendió pronto de sus padres Óscar y María que el trabajo y la seriedad conducen al éxito. El mayor de tres hermanos, Lucho comenzó a jugar al fútbol con seis en la Plaza de España. A los nueve probó en el Baby Fútbol. De allí pasó al club Unidos de Pompeya y cuando ya tenía la edad suficiente probó para entrar en las inferiores de Huracán. Lucho trabajaba repartiendo volantes y paseando perros. Su padre lo acompañaba a entrenarse, pero para que el chico no llegara cansado le daba dinero para el autobús, mientras él hacía el recorrido a pie. En Huracán fue cubriendo etapas hasta que en 1998 debutó con el primer equipo. Con el Globo se hizo un sitio en el fútbol argentino y comenzó a hablarse de su pase a Europa. En 2002, ya con las maletas listas para viajar a Francia y enrolarse en el Chateroux, River se adelantó y compró su pase.
River cambió su vida, pero no su filosofía. Lucho, muy joven y casado ya por aquella época, cuenta que nada más llegar a Núñez le paraban por la calle, pero se negaba a firmar autógrafos por vergüenza. En 2005, el Oporto le permitió dar el salto a Europa, pero para él todo sigue igual. Tímido y muy familiar, vive en Portugal con su mujer y sus dos hijos. Profesional hasta la saciedad, es raro verle por la noche lejos de casa. Su humildad es tal, que no para de sorprenderse por la dimensión que ha alcanzado su figura en el Oporto. Ídolo para la afición de O Dragao, le hicieron capitán cuando casi no llevaba allí un año y le llaman El Comandante.



