"La Séptima es el gran título del madridismo"
Ayer se cumplieron diez años de la Séptima. AS ofreció un exclusivo reportaje con Mijatovic, autor del gol. Hoy el protagonista es Lorenzo Sanz, presidente del Madrid aquel 20 de mayo del 98. Con él compartimos mesa en un homenaje en nuestra redacción.
Lorenzo Sanz visita AS diez años después del recordado 20 de mayo de 1998. Aquel día el Real Madrid ganó la Séptima Copa de Europa tras vencer en una magnífica final a la Juventus. Lorenzo Sanz era por entonces el presidente del club blanco y define como "el gran título del madridismo" un éxito que ya tardaba treinta y dos años en llegar. Se sienta a la mesa con nosotros y disfruta, emocionado, repasando capítulo a capítulo cómo llegó a besar la Copa en el Amsterdam Arena.
El proyecto. "Yo llegué al Madrid un 20-N después de Ramón Mendoza, presidente al que siempre he querido. Fue un tipo sensacional, peculiar, pero admirable. Sólo le faltó ganar la Copa de Europa para ser tan importante como Bernabéu. Llegué a la presidencia y me di cuenta de que había que hacer una renovación profunda. Empezamos por el entrenador: teníamos a Arsenio de manera provisional y alguien me habló de Capello. Me dijo que tenía una oferta del Parma pero lo traía si lo quería. Fui a Italia y Capello rompió el contrato con el Parma. Me pidió a Seedorf, Karembeu e Illgner. También a Roberto Carlos, que estaba mal en el Inter. Yo fui a hablar con Moratti y me dijo que me lo vendía porque si no tenía que echar a Hodgson. Lo fichamos por 350 millones de pesetas... Es el mejor fichaje de la historia del Madrid. Al final Moratti también echó a Hodgson. En cuanto a Karembeu, Juan Onieva se fue a Génova a ficharle y al salir de firmar el contrato se encontró a Joan Gaspart en el jardín. ¡Iba él también a ficharle. Llegó tarde! (sonríe)".
Lorenzo Sanz saca a relucir un nombre propio: José Martínez Pirri. Y le concede la parte proporcional de gloria en el proyecto de la Séptima: "Pirri sabe muchísimo de fútbol. Fijaos que le hablaba a Capello de fichajes que ni él conocía. Chicos que luego Capello se llevó a la Roma. Qué cosas. Pirri tuvo vista para fichar a Mijatovic, el más caro del proyecto. A Panucci, Suker, Morientes... Hicimos un equipo sensacional que no cambiaría por el que ahora mismo tiene el Madrid".
"El caso es que cuando estábamos por Navidad, Capello me dijo que le había llamado Berlusconi, que era su padre profesional y que se tenía que ir al Milán. Se quedó hasta junio. Ganamos la Liga, efectivamente, pero tuvimos que buscar entrenador. Nos hablaron de Heynckes y llamamos al Athletic para pedir referencias. Nos dijeron que era recomendable y lo elegimos. Fue un acierto, aunque tuvimos un trayecto hasta la Séptima cargado de incidencias. Lo peor fue, sin duda, lo que ocurrió cuando se acercaba el día de la final en Amsterdam...".
Heynckes se rinde. "Unos días antes de la final, Heynckes pide hablar conmigo. Yo no podía esperar lo que me dijo, pero fue muy sincero: 'Estoy hundido, presidente. No puedo con el equipo'. Me quedé perplejo y enseguida comprendí que teníamos que tomar medidas urgentes". Lorenzo Sanz nos explica que el entrenador alemán se encontraba muy presionado por unos asuntos personales que le habían perjudicado en el trabajo. De tal modo, se acercaba la gran cita de Amsterdam y el equipo necesitaba una clara autogestión y así lo entendió el presidente: "De inmediato llamé a los jugadores más influyentes de la plantilla. Me refiero a Roberto Carlos, Redondo, Sanchis, Hierro, Panucci y Mijatovic... Les conté la situación de Heynckes y tuvieron una respuesta impresionante. Fuimos a ver a Heynckes y los jugadores le dijeron que estuviera tranquilo, que iban a darlo todo y la Copa de Europa sería nuestra. Ahí reaccionó el entrenador y se dio cuenta de que tenía un grupo maravilloso y se vino arriba".
La previa. "El día anterior al partido me contaron los jugadores que Mijatovic se había lesionado en el entrenamiento. Me dijeron que no lo contara, que ni siquiera Heynckes estaba informado. La verdad es que todo se ponía feo". Lorenzo Sanz confiesa que estaba muy sereno. Inquieto, pero confiado en sus jugadores. No quería planes para después del partido. "Ni hablar de llevar champán ni nada. Si preparas la fiesta, palmas seguro. Eso es un gafe total". Y nos cuenta el ex presidente los momentos que vivió en Amsterdam: "Aquella ciudad era una maravilla. Italianos y españoles conviviendo con alegría y sin incidentes. Recuerdo que me encontré a un señor llorando porque le habían robado la cartera y se había quedado sin entradas. Le regalé dos de esas que guardamos para urgencias de última hora. ¡No veas la alegría que le di! Todavía me sigue mandando una caja de puros por Navidad".
Hace memoria y cuenta otra anécdota: "En un momento dado se formó un tumulto y me vi aprisionado entre gente cantando y saltando. Me sacaron de allí cuatro chavales vestidos con la camiseta del Madrid y uno de ellos era... ¡mi hijo Paco! Me dijo que no lo contara porque se había escapado de Mallorca sin que lo supiera el club y le podían multar".
El gran día. "Tengo que reconocer que fue una buena idea contratar a Los del Río para cantar La Macarena en el césped antes del partido. Ja, ja, ja. Ahí ya les ganamos uno a cero a los italianos. El ambiente del campo era maravilloso. Imborrable en mi memoria. El madridismo vivió aquel título como nunca ha ocurrido después". Lorenzo nos cuenta que dio su 'lorenzina particular' a los jugadores: "Sí, sí. Yo bajé al vestuario para dar moral y les animé. Les dije que era una ocasión única. Que lo dieran todo. Fernando (Sanz) me dijo que a las dos de la mañana había tenido una revelación: Mijatovic iba a marcar el gol de la victoria y se lo había dicho en la habitación. Eso fue lo que luego ocurrió...".
El partido. "No sé si alguna vez en mi vida lo he pasado tan mal. La Juve tenía un equipazo y eran claros favoritos. Recuerdo el momento del gol como una explosión increíble: ¡Gooooool, goooool! Ese Pedja, qué 'jodío' el tío. Lo tenía mal para meter ese balón, pero resolvió de una manera sensacional. Después, tras ver la jugada en televisión, puedo decir que Mijatovic fue un poco egoísta (ríe a carcajadas) porque tenía a Morientes solo para darle el pase sin nadie delante, pero eligió la forma más difícil de marcar". El ex presidente se emociona de verdad. Gesticula como si aún estuviera en el Amsterdam Arena. Hace diez años de aquella alegría, pero se le hace un nudo en la garganta y se le humedecen los ojos... "No podéis imaginar el sufrimiento en los últimos minutos. Me marché del palco. Mi mujer me vio y se vino conmigo a una salita. Allí, sin ver las imágenes, arrinconados, escuchando por el móvil la retransmisión que me pincharon desde Madrid. No podíamos apenas respirar. Cuando el árbitro pitó el final... No sé qué sentí. No se puede explicar. Me quedé en blanco. No podía hablar. Tocas el cielo, pisas sobre una nube. Los jugadores me pidieron que bajara al césped y empecé a dar abrazos a todo el mundo. Incluso a gente que no sabía quién era. Me emocioné al ver a Heynckes y nos fundimos en un sincero abrazo. Sabíamos lo que había sufrido y ese hombre merecía un premio por su esfuerzo. Fijaos que tanto él como yo ya habíamos pactado su marcha... Es que hay cosas que la gente desconoce y nadie se explica algunas decisiones ¿Cómo pudimos abrir la puerta a Heynckes después de ganar la Séptima? Pues ahora se conoce la respuesta".
La celebración. Lorenzo Sanz retoma el relato de la alegría después de este inciso sobre Heynckes. Hablamos de la fotografía que AS inmortalizó en ese instante y que después sería una histórica portada: Rey de Reyes. "Bueno, ya sabéis que la tengo enmarcada y colgada en el cuarto de baño de casa. Ja, ja, ja, ja. Cada mañana la veo y me da fuerzas. Es un revitalizante maravilloso. En aquel momento yo no sabía ni lo que pasaba. Me llevaban los chicos a hombros y yo sólo pensaba en la alegría inmensa del madridismo. Creo que en ese momento me llamó por el móvil Su Majestad el Rey y después el presidente Aznar. No había nadie de la Casa Real en el palco... Creo. No sé muy bien la razón...". Duda unos momentos y sigue haciendo memoria: "Nos hicimos fotos con la Copa en el césped. Por cierto, como anécdota, en una de ellas hay un tipo que jamás nadie ha sabido quién es. No era nadie del Madrid ni tampoco de la UEFA. Tiene su gracia. Un infiltrado que ha salido en una foto histórica. Después nos marchamos al vestuario y tuvimos que pedir el champán a la Juve. Ellos pensaban que ganaban seguro".
En Madrid. La noche fue muy larga en Amsterdam. Al día siguiente el avión trasladó al flamante campeón hasta Madrid, donde esperaban miles de aficionados para aclamar al campeón. "Todo fue muy divertido en Amsterdam. Recuerdo que los jugadores me cantaban 'el Moro se queda, el Moro no se vende'. Y es que tenía una oferta de la Roma de 5.000 millones por Morientes. No veas la paliza que me dieron con la cancioncilla durante el viaje. Cualquiera se atrevía a vender a Morientes después de esa demostración... El caso es que llegamos a Madrid y aquello fue el no va más".
"Me pareció bien en aquel momento y me lo sigue pareciendo que el madridismo se dé cita en Cibeles para celebrar los grandes éxitos. Lo malo es que de aquel uso se pasó después al abuso y por eso se han tomado medidas. La Séptima la celebramos subiendo todos los jugadores a la fuente... Hay que tener cuidado con estas cosas, la verdad".
La realidad fue que un millón de madrileños se echó a la calle para festejar el esperado título. Nunca se vio algo similar en la diosa madridista. Sanz lo entiende así: "Después de treinta y dos años esperando, hay un antes y un después en la historia del club. La Séptima es la auténtica Copa de Europa que hizo vibrar al madridismo y que volvió a colocar al Real Madrid en el Continente. No tengo duda de que la Séptima tuvo mucho que ver para la designación del Madrid como mejor club del siglo XX".
Recuerdos. Lorenzo Sanz frena en seco y mira mucho más atrás. A su infancia, cuando acudía al Bernabéu y no podía imaginar que un día sería capaz de ganar una Copa de Europa. "Claro que piensas en cuánto te ha costado llegar. Pensaba en aquellos días con mi padre. Mi padre era del Atleti, aunque nunca me lo quiso confesar. Yo siempre lo sospechaba, porque no quería que fuera al Bernabéu (sonríe). Yo me escapaba y cruzaba por la Ferro, lo que es ahora San Juan de la Cruz. No se me olvida que compré una entrada para la final del 58, con la Fiorentina, que me costó doce pesetas. Era ahí arriba, en el tercer anfiteatro. Yo tenía trece años y lo recuerdo ahora perfectamente. Son cosas que cuando vives emociones como la Séptima te vuelven a la memoria...".
Y aún el ex presidente se crece y nos cuenta su pequeña frustración: "Fijaos que yo quise ser portero de fútbol. Hice mis pinitos en el Puerta Bonita y también en el Conquense. Aunque apenas jugué porque me pagaban doce mil pesetas y no me llegaba para ayudar a mis hermanos. Enseguida me tuve que poner a ganarme la vida por otro lado".
Aquellos jugadores. Se desprende de Lorenzo Sanz un cariño especial por 'sus' jugadores. De su mano llegaron futbolistas de primer nivel, en un proceso de renovación difícil, porque no había dinero: "Tuvimos que firmar un súper contrato de televisión para hacer caja y rompimos con la Liga. Pero fijaos qué nombres: Roberto Carlos, Suker, Morientes, Savio, Seedorf, Mijatovic... Redondo. ¡Madre mía, Redondo! Qué fuerza tenía en el vestuario, qué liderazgo como jamás he visto. Un fuera de serie. Yo creo que estos nombres tendrán que estar siempre en el cuadro de honor del club. Hay gente de este tipo que siempre debería estar en el club porque aportarían muchas cosas".
A por la Octava. Lorenzo Sanz y su directiva siguieron adelante con ilusión después de tan trascendental éxito. El por entonces presidente tuvo derecho a liderar las primeras reuniones para fundar el G-14, grupo de presión para la UEFA que ahora ha sido disuelto: "Es un error que no exista el G-14. Yo lo presidí y creo que no tenían que haber cedido los clubes, Ramón Calderón el primero, porque la UEFA aún maneja el dinero de la Champions y lo reparte poco y mal...".
Pero había otros objetivos, como ir a por la Octava, para lo que se dieron unos primeros pasos algo traumáticos, en especial en lo referente al entrenador: "Tenía a Camacho, pero en una reunión me pidió que si le echaba, su equipo de trabajo seguiría en el club. No podía aceptar tal propuesta. Le dije que las condiciones las ponía el club, no él. Total, que le di la mano en el despacho y le invité a salir. ¡Ni siquiera llegó a ser mi entrenador! Fue visto y no visto. Entonces fuimos a por Hiddink, al que yo había visto en el Mundial y me pareció un tipo serio. Con él ganamos la Intercontinental, otro trofeo que tenía que ganar este club, y fue una gozada de partido en Tokio. El famoso día del aguanís de Raúl, ¿lo recordáis?".
Sanz nos cuenta de Hiddink, de Toshack y de Del Bosque, el hombre de la Octava: "Un día pregunté por él y me engañaron porque me dijeron que no quería entrenar al primer equipo. No lo entendí. Le llamé y se lo pregunté directamente. Me dijo: 'Presidente, es la ilusión de mi vida'. Fijaos lo que luego hizo. Nos dio la Octava". Pero esa ya es otra historia.
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