Amistoso | Al Nasr 4 - Real Madrid 1

Baño árabe al campeón

Robben adelantó al Madrid, que terminó goleado por los locales

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Santiago Bernabéu, que sabía del asunto, ofrecía primas por ganar los partidos amistosos en las giras del Real Madrid. La cantidad, que era sustanciosa en relación a las fichas y se abonaba en dólares, aumentaba según se marcaban más goles, de manera que las goleadas eran rentables y frecuentes. Los futbolistas no ponían pegas a los largos desplazamientos (entonces América estaba mucho más lejos) y la leyenda del club se mantenía a salvo.

Eran otros tiempos, claro. Ahora los jugadores disfrutan de contratos demasiado relevantes como para valorar un incentivo aislado y amistoso. Y el club, imagino, tampoco se siente en condiciones de exigir victorias simbólicas. Pero salir goleado contra el Al-Nasr de Riad afecta al orgullo, al prestigio y a la imagen de marca, que es el etéreo concepto que se utiliza para afirmar que el Real Madrid es tan reconocible en el mundo como la Coca-Cola o la Iglesia Católica. Ni las burbujas ni el clero se hubieran permitido un patinazo así.

En Arabia tendrán al Madrid por un equipo legendario, simpático y amable, pero no por uno temible. Es evidente que lo admiran, porque el recibimiento que le dedicaron estuvo a la altura de un segundo alirón. Y es muy posible que de la admiración naciera el entusiasmo y la inspiración del Al Nasr. Pero en estos momentos, el gigante blanco ya es menos gigante y cuando los jeques deseen un rival tremendo llamarán a otro.

Tampoco hay que dramatizar, me dirán. Y es verdad. Se cumplieron ciertos objetivos. Por ejemplo, no se lesionó nadie. También hay que admitir que el campeón español fue derrotado en buena lid por un equipo que ayer fue superior. Lo que nos demuestra que todo el mundo juega bien, que ya no existen los membrillos y que el fútbol es una monarquía que tiende a la democracia.

De gala. Lo sucedido no ofrece excusas. Como se incluía en el contrato (dos millones de vellón), el Madrid saltó con un once muy parecido a su equipo titular, con las únicas novedades de Baptista y Saviola.

Después de una primera parte para aclimatar cuerpo y alma (en ese estadio buena parte del público ganaba más dinero que los jugadores), el Madrid se adelantó. Robben controló en el área y la colocó en la escuadra, impepinable.

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Los árabes se intimidaron poco y en cinco minutos se pusieron por delante en dos acciones fulminantes. Su tercer gol fue de cabeza y pilló a los blancos comiendo palomitas.

Diarra, ídolo en la península arábiga, reaccionó a cañonazos, pero le faltó puntería y le sobró portero. Van Nistelrooy reclamó penalti, pero llegó el cuarto. El Al-Nasr lo celebró exageradamente, como si hubiera conquistado la Champions, cuando lo que había ganado en realidad era la Liga española.

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