Condenado al infierno
El Zaragoza vuelve a Segunda sólo seis años después

Sobran las metáforas. La realidad tiene peso suficiente como para rechazar aditamentos: el Mallorca ganó, pero el que va a la UEFA es el Racing, gracias a su gol tardío. Al otro lado del campo y de la realidad el Zaragoza, el equipo bonito, está en Segunda. El partido culminó, y le hizo de resumen explicatorio, a un fracaso de proporciones históricas. El marcador ofrece la sensación de un choque feroz, pero no tuvo nada que ver con eso. El Mallorca fue preciso. El Zaragoza sufrió su habitual escasez de energía. intentó todo con la fuerza de un muñeco de trapo. Un juguete roto.
Aun cuando los dos equipos se repartieron la pelota con ecuanimidad, siempre que el Mallorca rebasó la línea de medios del Zaragoza fue para meterle un caballo de Troya en el área. En el segundo tiempo, esa fragilidad tomó el aspecto de una ruleta rusa. Mortal. En la guardia del Zaragoza había una permeabilidad bien conocida, que al otro lado negaban la contundencia de Nunes, los Navarro y Basinas, jugador territorial donde los haya. Además, el Mallorca tiró el fuera de juego como si lo hubiera poseído el espíritu de Baresi. Diego Milito y compañía cayeron cuatro veces. El asistente de ese lado tenía el ojo rápido.
Diferencias así no se quedan en lo relativo. Por eso, mientras el Zaragoza disparaba un par de faltas contra el frontón y Diego tiraba un balón fuera tras venderle a David Navarro su recorte favorito, al otro lado Varela avisó con una volea antes de que Güiza dijera la suya. El 1-0 retrató al Zaragoza y anticipó su desenlace. Cuando trataba de incomodar el premonitorio control de Güiza en la entrada del área, Sergio se resbaló en la memoria que el césped guardaba de la lluvia. El jerezano remató, Sergio tocó desde el suelo y la refracción de la pelota mandó a César al lado vacío.
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Resbalarse parece una forma definitivamente tonta de morir. Pero al Zaragoza le ocurrió, como veremos. Antes se zafó un rato del descenso con un cabezazo de Oliveira que capitalizaba la ventaja del Valladolid en Huelva. Pero el cambio de banda entre Arango y Varela había mezclado bien con la insistencia de Webó, que jugó un partido musculoso fuera del área, y clínico dentro. Su gol resultó hermoso, pero nació de la forma más tonta posible. César se la dio a Sergio para que iniciara desde atr el asturiano se resbaló... y la agarró Arango. Su sinuoso centro lo remató Webó con la prestancia de un ángel.
El epílogo reunió dramatismo. Un cabezazo maravilloso de Aimar que Moyá deshizo junto al palo. La puñalada de Trejo en el 3-1 a la contra, cuando el Racing raptaba Europa. Y el descuento final de Oliveira.




