Primera | Athletic 0 - Racing 0

Correr y correr, para nada

Athletic y Racing se enzarzaron en una gran pelea de desgaste. Apenas se remat Armando, inédito. Colección de tarjetas. Yeste vio la roja al final

<b>CONTROL EFECTISTA. </b> Tchité, que saltó al campo en la segunda mitad, caza el balón en una postura acrobática. Su remate no tuvo consecuencias.
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No hubo goles en San Mamés. Los ingredientes que presidieron el esperado partido con Europa de trasfondo fueron el gasto físico, sin reservas, y la igualdad de fuerzas. El remate brilló por su ausencia, los delanteros apenas hallaron resquicio para probar su puntería por culpa de la concentración y esfuerzo desplegados en labores de contención por los dos bandos. Nadie logró imponerse y las aspiraciones internacionales de Athletic y Racing quedan pendientes de resolución para la última jornada del campeonato.

Para jugar la Intertoto, el Athletic necesita que el Deportivo no puntúe en Riazor frente al Villarreal y sumar los tres puntos en el Sánchez Pizjuán, mientras que el Racing también ha de sumar los tres puntos a costa de Osasuna en El Sardinero. Con eso le vale, no depende de nadie porque el Mallorca figura con un punto menos en la tabla.

Al cabo de los noventa minutos puede decirse que los de Marcelino dieron por bueno el empate. Así pareció en la fase final del intenso choque que protagonizaron con un Athletic que adoleció de falta de pegada ante su afición. La pechada de los rojiblancos fue replicada por otro alarde de fuerza de un Racing que prácticamente no dispuso de una sola oportunidad de marcar a su paso por La Catedral.

De poder a poder. Así plantearon el partido desde el primer minuto Athletic y Racing. Los dos equipos salieron a tope de revoluciones, dispuestos a batallar cuanto fuera necesario, sin la más mínima concesión, disputando cada balón con todo, en cualquier zona del terreno.

De semejante disposición resultó un equilibrio casi perfecto, roto en muy contadas ocasiones. Vamos, que las situaciones de peligro se cotizaron muy alto y todas ellas se registraron en el área de Toño.Tres de modo casi consecutivo mediada la primera parte, a cargo de Llorente, quien chutó alto desde la frontal, Garmendia, que cabeceó flojo, y Susaeta, cuyo disparo raso acabó en el lateral izquierdo de la portería cántabra.

Pero el Racing no se alteró en exceso, siguió dando guerra y el encomiable esfuerzo local por dotar de profundidad a su iniciativa halló innumerables pegas. Más con el paso del tiempo.

Calor ambiental.

La intensidad sobre la hierba se trasladó asimismo a la grada con reproches e insultos cruzados entre los escasos seguidores foráneos concentrados en un córner y el fondo norte a bloque. El asunto, la guerra dialéctica, prosiguió una vez concluido el encuentro. Cosas de la proximidad geográfica.

En fin, las chispas saltaban alrededor del balón y la consecuencia más notable fue la colección de amarillas, hasta cuatro vieron los racinguistas antes del descanso.

La frenética actividad del Racing tuvo la virtud de reducir los intentos de combinación rojiblancos. Los envíos en largo buscando a Llorente menudearon en ciertas fases, pero esa fórmula tenía antídoto, con dos centrales de envergadura siempre apoyados por Colsa. Quizás por ello, Caparrós diese minutos a Muñoz, a fin de favorecer una transición más elaborada, pero la alternativa tampoco cundió.

Marcelino, por su parte, puso a Tchité, un incordio permanente, autor de tres goles al Athletic este año. No cambió nada, casi ni rascó bola, los minutos fueron consumiéndose con idéntica tónica: máximo desgaste en el espacio comprendido entre las dos áreas, zonas prohibidas anoche, prácticamente vedadas ante tanto afán por ganar las posesiones por parte de todos.

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La estrategia empezó a cobrar un valor superior a medida que el final se acercaba. Ante la ausencia de acciones claras en jugada, el balón parado se antojaba la única vía hacia el gol. Y en esas ocasiones tampoco se apreció claridad. Forcejeos, agarrones y peticiones de falta no atendidas por el árbitro.

El 0-0 era inamovible y el Racing parecía encantado con la idea en el tramo final, al menos eso se dedujo de la parsimonia de sus hombres para reanudar el juego. Y el Athletic se quedó sin fuelle e ideas como para voltear la situación. Queda un partido.

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