Primera | Trigesimosexta jornada

Multifútbol

Elegancia sin humillación en el pasillo del Barça y 4-1 sonrojante luego, de esos que pueden ser cinco, o diez. Los culés no quedarán ni segundos, y el Atlético está obligado a ganar hoy para no ver cómo el Sevilla le alcanza en la lucha por la Champions. El descenso ya es cosa de cuatro: Osasuna, Recre, Zaragoza y Valladolid.

Joan Laporta
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Rijkaard y el Levante, dos pasillos-ejemplo.

El pasillo del Bernabéu fue bello con los campeones y ejemplar para los protagonistas. Aún se discutía sobre las espantás de Etoo y de Deco cuando en la fila de los que homenajeaban al campeón apareció un elemento extraño: Rijkaard. Al holandés se le vio el seny que no han tenido con él en Can Barça, donde, sin enseñarle la puerta, le nombraron a Pep como sustituto. Lejos de Chamartín, en Riazor, vivimos otro pasillo. Más inesperado, y más crucial, porque con las cosas de comer no se apuesta. Diez segundos de huelga y un pasillo a Sergio, al honor y a la honradez. Abajo la mentira de quienes engañaron a los futbolistas, que jugaron con ellos a la bolita y no al fútbol. bolita. Sergio la echó fuera, para completar el gesto, como manera de solidaridad. Aquí, está claro de donde nos debemos poner todos: honor que les ha faltado a quienes les dieron gato por liebre en los pagos, jugaron al dónde está la bolita. Sergio la echó fuera, para completar el gesto, como manera de solidaridad. Aquí, está claro de donde nos debemos poner todos:

Silva es valerón, pero además tiene raza.

A Valerón, ese santo, le apodaron un día el Zidane de Arguineguín. Y sí, puede que canario y francés trataran la pelota de manera parecida. Pero detrás de la elegancia de Zizou había un futbolista racial, que materializó su furia en el golazo de la Novena (para bien) y en el cabezazo a Materazzi en la final del Mundial, para mal. Silva también tuvo anoche su ying, y su yang. Se echó el Valencia a la espalda para marcar un tanto, una permanencia. Luego transformó en protestas el calor de sus venas y le expulsaron. Es de Arguineguín y tiene clase, como Valerón. Pero la raza la heredó de otros. De Zidane, por ejemplo. Del gran futbolista al crack sólo distan unos grados de más en la sangre.

Doble Gago

Las quinceañeras argentinas reparten por jornadas su amor a Gago. Le quieren menos en partidos de brega, como el de Pamplona, porque el pelo se le riza y el ceño se le frunce. Y emprende la guerra de guerrillas en apoyo de Guti, auxilio de Diarra, coraza de los centrales... Le quieren más vestido de gala, como anoche. Fernando pega dos pasos adelante y saca el balón jugado, llega a la frontal, hasta dispara. Ya no le pesa la hierba alta ni se cae en la baja. Y Mijatovic sonríe. El engominado balcánico ha metido en el microondas una legión de jóvenes futbolistas como quien mete un paquete de palomitas para que, poco a poco, estos imberbes vayan explotando. Higuaín, Granero, De la Red... Gago: el mismo que aterrizó despistado ya es capaz de jugar, a lo crack, un fútbol de varias velocidades.

Por momentos, El Sardinero pareció Anfield

Por unos segundos, La Fuente de Cacho sonó en El Sardinero con la liturgia con que los aficionados del Liverpool cantan You'll Never Walk Alone. La letra, menos solemne, mucho más festiva la racinguista, no contaba. Sólo importaban los sentimientos. Durante el partido los elementos se pusieron de parte de la épica. Bajo el diluvio, el césped y el resultado se enfangaron para el equipo local. Se vieron intensidad, ocasiones, uno de los choques más bonitos que ha pasado esta campaña por Santander. Las cosas no acabaron bien, pues al estadio cántabro le queda todavía mucho para convertirse en Anfield. Y no pasa nada, porque los cimientos, espirituales y deportivos, ya están puestos. La afición cántabra ha colocado las primeras piedras y, pase lo que pase al final, muchas gracias, Racing: a partir de esta maravillosa temporada, nunca más caminarás solo.

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El personaje: Laporta

Nerón observaba babeante como se quemó Roma y Laporta tampoco ha bajado de la atalaya mientras su Barcelona se consumía. Vive ajeno a estos días de intensa depresión culé, culminados, de manera lógica, con la goleada que recibió anoche el once azulgrana. 'Este Barça puede ganar muchas cosas'; 'Ronaldinho vale 40 millones' o 'Ganaremos 0-5 en el Bernabéu' han sido algunas de las últimas predicciones que nos ha ido dejando el presidente culé, en círculos públicos o privados. Un par de Ligas y una Champions engordaron su ego hasta convertirlo en un problema crónico, y ni siquiera los sinsabores de dos temporadas negras han despertado a Joan de su particular país de las maravillas. Mucho se había hablado sobre su probable ausencia en el clásico de Chamartín, pero no. Con el velo en los ojos, esperando el pasillo pero también un resultado positivo con el que devolver el regodeo, Laporta se plantó en el palco junto a Calderón... Y comprobó como el que ampliaba la humillación era el Madrid, como los eufóricos (con razón) aficionados blancos le gritaban: 'Laporta, quédate'. Y si es el enemigo quién quiere que te quedes...

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