El baile del campeón

Primera | Real Madrid 4 - Barcelona 1

El baile del campeón

El baile del campeón

J. AGUILERA

El Real Madrid se dio un lujo y para celebrar el título de Liga le regaló a su afición una goleada al Barcelona, que dejó una triste imagen y nunca estuvo a la altura ni del escenario, ni del rival y, mucho menos, de su brillante pasado. Raúl, Robben, Higuaín y Van Nistelrooy firmaron los tantos del Madrid. El Barcelona, obligado a disputar la ronda previa de la Liga de Campeones.

Exhibición del Real Madrid, que bailó sin piedad a un Barcelona deprimido, sin alma, sin nada que recordara al equipo que fue. Ni siquiera pareció un equipo de fútbol. Fue un grupo de futbolistas desconcertados, que se movieron sin sentido y sufrieron un revolcón de los que se recuerdan con el tiempo. Recordarán los barcelonistas la humillación sufrida y disfrutarán los madridistas del baile con el que les obsequió su equipo para celebrar el título de Liga. Porque eso fue lo que sufrió el Barça, un baile en toda regla. La memoria no le alcanza a uno para recordar un Barcelona con tan poca alma, con tan poco espíritu. Tan deprimente. Lo peor no fue la derrota, sino la imagen que dio.

Todo lo contrario que el Madrid, crecido por el título y por la poca oposición que encontró. Lo único fantástico que se ha visto esta temporada, con el Barcelona de por medio, ha sido este lujo de partido que regaló el Madrid a sus aficionados. Raúl, Robben, Higuaín y Van Nistelrooy firmaron los goles, pero la obra completa la firmó todo el equipo, que eso es en lo que se ha convertido el Madrid, en un equipo. Espectacular Robben, genial Sneijder, imperial Diarra, lúcido Gago, acertado Raúl, virtuoso Guti y como siempre Casilllas, el mejor del mundo en su puesto.

Se vio el pasillo del Barcelona al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Extraña costumbre esta del pasillo, que dignifica a quien lo realiza, pero no hace mejor a quien lo recibe. Si acaso sirve para desenmascarar a quienes se borraron para no salir en la foto. ¡Qué difícil se hace para algunos mantener la dignidad en la victoria o en la derrota!

Se puede interpretar el pasillo como simbólica abdicación o traspaso de poder, o como ese anunciado fin de ciclo, que ha vuelto a tomar el puente aéreo, esta vez para alejarse de Barcelona y quién sabe si instalarse en Madrid. El tiempo nos dirá la verdad de todo. En cualquier caso, demasiadas palabras las provocadas por el pasillo, excesivo debate para no hablar de fútbol.

Lo importante para el Madrid no es el pasillo que le ha hecho el Barcelona o el que le puedan hacer el Zaragoza o el Levante. Lo importante es que se ha proclamado campeón porque ha sido el mejor, no el menos malo como dicen algunos de los que han perdido la Liga. Cierto que el nivel de la Liga española ha ido a menos en los últimos años, pero de todos los que han participado esta temporada, el Madrid ha sido el mejor.

Del mismo modo, lo preocupante para el Barcelona no es haber hecho el pasillo al Madrid, sino el errático viaje que emprendió hace tiempo y que le ha llevado a ninguna parte. La autogestión ha terminado convertida en autocomplacencia. Demasiada camiseta y cada vez menos gambeta, que canta Andrés Calamaro. Asusta la capacidad autodestructiva de este equipo, que en tan poco tiempo ha pasado de tenerlo toda a no tener nada.

Morbo

Una vez saciado el morbo de los que se paran en la anécdota y no quieren ir más allá se jugó un partido de fútbol. Y sobre el césped, donde se descubre a los campeones y se desenmascara a los mentirosos, el Madrid exhibió sus galones de campeón, se lució ante el Barcelona y le dio un buen repaso. Colaboró el árbitro, Pérez Burrull, que no vio una falta a Márquez en el primer gol y apreció una dudosa infracción, que protestaron los barcelonistas, en el segundo. Pero esos errores del colegiado no deben servir para justificar una derrota bien merecida por el Barcelona, que nunca estuvo a la altura de su nombre, ni de la exigencia que le planteó el rival.

El técnico del Madrid, Bernd Schuster, reforzó el centro del campo, dejó un solo delantero y dejó a la defensa del Barcelona sin referencias para marcar. Diarra se alineó junto a Gago y Sneijder, Guti y Robben formaron un triángulo maravilloso, que se movió a su antojo y desnudó al Barça, dejando al aire todas las miserias del equipo que todavía entrena Frank Rijkaard. Raúl completó el ataque. En defensa, Marcelo recuperó su sitio en el lateral derecho y desplazó al amnistiado Heinze al centro.

La zaga del Madrid estuvo seria, centrada y el trabajo que tuvo lo solucionó con solvenciam salvo en el gol de Henry. Todo lo contrario que la defensa azulgrana, perdida en el Bernabéu y tan descentrada como el resto del equipo. Zambrotta, Márquez, Puyol y Abidal fueron un juguete para Robben, que estuvo espectacular, y Sneijder, genial. Claro que más permeable aún fue el centro del campo, tan incapaz en la destrucción como en la creación. Tan pobre fue su actuación que Diarra pareció un virtuoso, un malabarista que se atrevió a tirar caños. En eso se ha convertido este deprimente Barcelona, en un conjunto capaz de convertir a duros fajadores en finos estilistas.

Messi, Bojan y Henry tampoco justificaron su sueldo. Como tampoco lo hizo Valdés, muy desafortunado. Rijkaard reconoció el error de su planteamiento a los 23 minutos, cuando retiró a Gudjohnsen y dio entrada a Giovani. Pero el mal ya estaba hecho. En esos momentos el Madrid ya ganaba 2-0. Primero fue Raúl y después Robben, que remató de cabeza una falta sacada por Guti. Algunos viajeros encuentran más oposición para sentarse en el metro que la que encontró Robben en los defensas del Barcelona, que miraron con indolencia cómo cabeceaba el holandés.

Lo que transcurrió de ahí al final fue una fiesta de madridismo, que completaron Higuaín, al poco de salir, y Van Nistelrooy, que reapareció para transformar un penalti cometido por Puyol. No hubo partido, porque para que eso suceda debe haber dos contendientes y en el Bernabéu sólo apareció uno. El tanto de Henry y la expulsión de Xavi no fueron más que dos anécdotas. A eso quedó reducido el Barcelona, invitado de lujo en la fiesta del Madrid y que deberá disputar la previa de la Liga de Campeones.