Segunda | Nàstic de Tarragona 2 - Celta 1

Miku da aire al Nàstic

Se adelantó el Celta, pero el conjunto grana remontó

<b>POR ALTO. </b>Rubén Pérez no tuvo excesivo trabajo. Aquí, supera a Michu.
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Desde que el Nàstic vive con el agua al cuello juega sus partidos con unos niveles de ansiedad tan altos que, lamentablemente, no le dejan jugar a nada. Lo malo no es sólo eso, sino que, en ocasiones, termina por contagiar a su rival. Y el resultado son primeras partes como la de ayer. Nàstic y Celta hubieran hecho un favor al fútbol si le hubiesen pedido al árbitro terminar antes del 45'. Los unos parecían salvados y los otros, ascendidos. Nada más lejos de la realidad.

Cuesta recordar ocasiones claras de gol en el primer acto, si acaso las tuvo el Celta. Okkas, una pesadilla, tuvo la primera, pero su disparo se perdió por encima del larguero. Y antes del descanso, Jorge -talentoso siempre- se inventó una vaselina desde el medio del campo que por poco termina el gol. Lo mejor fue eso: lo peor el juego del Nàstic y la lesión, sin mediar entrada, de Peña. Así terminó la primera parte, sin más historia y sin la promesa de que la segunda sería más entretenida. Pero había sorpresa. Ambos equipos salieron muchísimo más enchufados en busca de ese gol que les acercase un poquito más sus respectivos objetivos. La balanza empezó a decantarse a favor del Nàstic, que apretaba fuerte al Celta en defensa. Sin embargo, allí Rubén aguantaba bien a los suyos. Y, de pronto, sin avisar, gol del Celta. Latigazo de Perera por banda izquierda y Núñez no perdonó ante Rubén. Viendo el cómputo global de ocasiones no era injusto, pero si nos fijamos sólo en la segunda mitad el gol no hacía justicia a lo que se estaba viendo. Pero el fútbol también es eso: los goles no vienen siempre cuando mejor se juega. Y, como en la vida, el Nàstic dio lo mejor de sí cuando se vio en peligro real de muerte. Sacó fuerzas de donde no las había y se creyó que podía darle la vuelta a la historia.

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Diez minutos.

El mazazo del Celta llegó en el 74', pero el Nàstic apeló al espirítu del Numancia. Campano avisó al Celta de que no estaban muertos con un libre directo al larguero (77'). Y sólo un minuto después, el mismo Campano sirvió un córner que Mairata supo poner en la escuadra. Era el empate, pero no le valía al Nàstic ese resultado. Está abonado a eso desde prácticamente el inicio de la Liga. El error del Celta fue no dormir el partido y ceder el balón para que el Nàstic le siguiera empujando. Y, a falta de dos minutos para el final, Miku (que había entrado en la segunda mitad) sorteó a Esteban y se inventó un gran gol. Tres puntos de oro para unos y el adiós a Primera para los otros.

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