Gomina contra la Ley de Murphy
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Va a ser el pelo. Seguro que a su papá, el auténtico Pipa, allá en la Argentina, no le hizo ninguna gracia el nuevo peinado de Gonzalo, el Pipita. A los jugadores duros, y Jorge Higuaín, el padre, lo era, no les gustan esos detalles. Les parece que sólo apartan la atención de lo realmente importante: el fútbol. ¿O acaso no recuerdan a Passarella y Redondo? Central roqueño curtido en el Brest francés, con una nariz poderosa que le llega hasta el apodo y cuyo rastro todavía arrastran sus hijos (el otro hijo, Federico, es el Piponazo), el Pipa hubiese preferido que su hijo cambiara antes la forma de encarar a los porteros rivales.
Pero hay que ver lo bien que le ha venido la gomina a Gonzalo. Pareciera como si, con el cambio de look, Higuaín, el número 20 del Real Madrid, hubiese dado un golpe de mano a su carrera futbolística. Ya no soy un niño, papá. Ahora me peino yo. Y ha decidido hacerlo a lo Mijatovic, con la brillantina que más llama la atención. Un paso al frente. La ley futbolística de Murphy lo dice bien claro: nunca fiches a un jugador con un hermano también futbolista, en algún momento dudarás sobre cuál de los dos era el bueno. Incluso si acertaste. Higuaín ya ha roto las normas en casa con el pelo. Ahora está a punto de cargarse todas las leyes de la teoría de la conspiración.



