Primera | Trigésimosegunda jornada

Multifútbol

El Madrid de Schuster ganará la Liga al 'tran-tran', con los empujones de calidad que pegan sus estrellas. Los dos últimos se los dio Sneijder. Al Barça no le basta con Etoo, bigoleador impotente en el empate de Huelva. Nueve puntos entre blancos y culés y el suspense, para otros lugares de la tabla: la Champions y el descenso.

Iturralde González
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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El 'Ronaldo vendado' y Coloccini se vengaron

Quienes le conocen dicen que es tímido de vocación, pero Coloccini se rebeló contra esa naturaleza. Nada más meter el 1-0 al Athletic, el argentino le enseñó el dorsal a Caparrós y lo hizo al más puro estilo mate NBA: in your face, en tu cara. Colo era uno de los damnificados por la era Jokin en A Coruña. El otro fue Xisco, al que el utrerano no mandó a la grada, sino a la otra punta del país: al Vecindario. Ayer Xisco no marcó de milagro, pues dio un palo e hizo cuatro ocasiones. Y sí, quizá anduviera equivocado Caparrós: tanto como para que Carrusel haya bautizado a Xisco como el Ronaldo Vendado por la aparatosa gasa de su cabeza. Un Ronaldo esforzado, repleto de voluntad.

El silencio de Geijo y los gritos de De Biasi

Dejar pasar el balón es al fútbol lo que el silencio al lenguaje. Y los silencios pueden decir mucho, en el idioma de la vida y en el de la pelota también. Para que Pedro León gritara su tanto, ese que da esperanzas aún al Levante, tuvo que callarse antes Geijo, que despistó a toda defensa del Betis. Luego ambos lo celebraron con De Biasi, técnico que chilla en las derrotas y no suele hablar tras las victorias, que muestra cada jornada la gran diferencia entre callarse y bajar los brazos. El italiano es pundonor vestido de Armani: nos enseña a vivir (y morir) dignamente en estos tiempos y este fútbol, en que el honor parece, cada día más, una riqueza intangible entre un mar de materialismo.

La garrapata suiza 'llamó' al renacido Palop

Esta semana no hubo partido internacional, pero sí una convocatoria en la Selección. Y no la hizo Luis, sino esa garrapata fastidiosa que nos desmitifica esa que creíamos tranquilísima Europa Central, sobre todo tras echarle un vistazo al bucólico hotel de España en Los Alpes. Entre los vacunados habrá más de 30 futbolistas, y ya no nos resulta noticia la ausencia de Raúl. A estas alturas sorprenden otras cosas: una, la persistencia en Albelda, que ni juega ni va a jugar en el Valencia. Dos, que se cuente aún con seis futbolistas ches, amenazados como andan por el descenso. Y tres, la llamada (de facto, porque junto con Iker y Reina es el único meta que se vacunará en principio) de Palop como tercer portero. Andrés ha tenido altibajos durante la irregular campaña sevillista, pero en Mallorca se le vio seguro, en la línea del gran arquero que ha sido durante estos años de gloria nervionense.

Con Etoo no basta

El todo es siempre más que la suma de las partes y por eso los equipos (los de verdad, los que crean alma, aquellos que logran instalarse en la memoria colectiva) se acaban convirtiendo en organismos vivos, para lo bueno y para lo malo. Los organismos nacen, crecen, se reproducen y, esto es ley de vida, también mueren algún día. A este Barcelona agonizante le está creciendo Messi a ratos, y Bojan le viene de camino. Le mandaron a Henry a principios de temporada, pero parece haber rechazado ese transplante. Y en Huelva sólo logró funcionarle bien una cosa, aquel que puso la casta e hizo los dos goles, Samuel Etoo. El camerunés es, para la era Rijkaard, el corazón que se niega a morir, que late todavía. Queda la Champions, los últimos estertores en la Liga... Pero todo indica que con Etoo no basta.

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El personaje: Iturralde

Iturralde fue la gota (o el chorreón, más bien) que colmó otra jornada negra, negrísima, para los que visten de negro en nuestra Liga. Desde el gol que no entró en Huelva a los dos del Levante que parecieron legales pero no subieron al marcador en Heliópolis. Desde el fuera de juego de Tchité para el 1-2 de Mestalla al orsay en el tanto de Ogbeche, que empató el partido para el Valladolid ante el Atlético. Errores puntuales, con todo, que pasarán al olvido eclipsados por el último recital de, más que un juez, una superestrella: Iturralde González. Un hombre que en la escuela de colegiados debió de hacer pellas durante la lección número 1, la que enseña que un buen árbitro de fútbol es aquel que pasa desapercibido y deja todo el protagonismo a los jugadores. Ayer, Iturralde expulsó a Torres y se encaró con cualquiera que se puso en su camino. Fue un gallito fuera de las áreas, pero un liliputiense dentro de ellas, donde dejó sin señalar cuatro penaltis. Cómo no estaría el vasco que incluso consiguió empequeñecer al gran Rafa Guerrero, otro trencilla aficionado a los shows al que, esta vez al menos, no le dio por aparecerse en el Bernabéu. Iturralde y Rafa, vaya parejita.

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