Marcelino, en Careñes: "Ye un pueblín, pero ye el mío"
Su carrera como entrenador es corta, apenas dos años en Primera, pero ya es el técnico de moda en nuestro país. La fama, los focos y los aduladores no le han hecho, sin embargo, perder contacto con el suelo. Pisa firme y es muy consciente de quién es: un hombre de pueblo.

"Ye un pueblín, pero ye el mío". Cuando un asturiano utiliza esa expresión para definir una localidad está describiendo exactamente lo que es Careñes, el pueblo natal de Marcelino García Toral. Casas de pueblo, pocas, diseminadas por unos prados de verde espectacular, y unos cuantos chalets de veraneantes, casi todos de Gijón. Careñes es una parroquia del Concejo de Villaviciosa, situada a ocho kilómetros de la capital del municipio y con apenas doscientos habitantes en invierno. Por no tener, no tiene un centro del pueblo como tal y el bar y la tienda están en Villaverde, el pueblo de al lado.
De aquí salió Marcelino para ir interno cinco años al Colegio San Francisco en Villaviciosa: "Allí me enamoré del fútbol, encontré mis primeras porterías reglamentarias, (en el pueblo poníamos unas piedras en medio de un prau). De allí ya salí para Mareo donde superé unas pruebas sociales".
Muy de pueblo.
Está enamorado de su pueblo, donde viven sus padres, y vuelve en cuanto puede. "Yo es que soy muy de pueblo. De este pueblo. No es que tengamos gran cosa, pero me encanta beber unos culines de sidra en Villaviciosa con los amigos o ir a comer un centollín con la familia a Tazones". Lo de la sidra son palabras mayores en estos lares y Marcelino confiesa ser un ferviente admirador: "Mi padre hace en casa una muy rica. Yo tirándola soy muy malo, se me da mejor beberla".
En esta zona costera de Asturias empezó a jugar y también a entrenar, en el C.D. Lealtad de Villaviciosa, primero en el equipo juvenil y, posteriormente, en el de Tercera División. Y de ahí hasta llegar al Racing. "En Gijón, Huelva y Santander se vive muy bien, pero en Careñes..."
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"El día que me dijo que fichaba por el Racing fue el más feliz de mi vida". Raquel Toral, la madre de Marcelino, puede ser la gran aliada de Francisco Pernía para conseguir la renovación de cara a la próxima temporada. Mientras su marido y su hijo, Marcelino los dos, están con el fotógrafo de AS en el lagar en el que hacen la sidra casera, ella, sentada en el salón de su casa que presiden innumerables fotos de su hijo y de su nieto, reconoce que la familia está viviendo una época extraordinaria: "La otra vez que estuvo en Santander, cuando era jugador, sufrimos mucho. Fue cuando acabó descendiendo el equipo a Segunda B. Ahora nos estamos desquitando de aquel sufrimiento".



