Cumple cincuenta años la gran foto de Di Stéfano
AS reunió ayer a los protagonistas de una imagen inmortal: el autor del gol, el autor de la fotografía y el autor de la escultura. Di Stéfano, Agustín Vega y Pedro Montes se encontraron en el aniversario de una fotografía que simboliza el espíritu de un jugador y un club.

Un día como ayer de hace 50 años, lluvioso y frío, Di Stéfano consiguió en el Santiago Bernabéu un gol que se congeló en el tiempo. Fue contra el Vasas de Budapest, en semifinales de la Copa de Europa. Junto a la portería de Kovalik se encontraba aquella noche, como tantas otras, Agustín Vega, de 22 años, fotógrafo de la agencia Albero y Segovia, y luego compañero y maestro de varias generaciones de reporteros en el Diario AS. Con su cámara Retina, Agustín retrató en aquel momento, quizá sin sospecharlo, toda la grandeza de Alfredo Di Stéfano y el Real Madrid.
En el último medio siglo la fotografía de la celebración se ha publicado cientos de veces en medios de todo el mundo. Prueba de que la imagen se ha convertido en una referencia esencial es que fue la foto que eligió el propio Di Stéfano para que ilustrara el libro "Gracias, vieja", la biografía escrita por Alfredo Relaño y Enrique Ortego. "Me gusta porque en ella también aparece mi amigo Héctor Rial, el Nene". Y es la misma imagen que inspiró a Pedro Montes para hacer la escultura de Di Stéfano que se levanta en Valdebebas y que fue inaugurada el pasado mes de febrero. Ayer, exactamente cinco décadas después, tocaba reunir a quienes han sido autores del gol, de la fotografía y de la estatua. Del arte en tres dimensiones.
Encuentro.
El Real Madrid tuvo el buen detalle de invitar a Agustín Vega al homenaje a Di Stéfano, pero entonces La Saeta se pasó la jornada recibiendo felicitaciones y apenas pudo dedicar tiempo a aquel hombre alto y enjuto que le resultaba tan familiar y tan difícil de ubicar, quizá un viejo compañero de equipo o de juerga. Esta vez el encuentro fue más íntimo y más emotivo: "¡Flaco, la que liamos tú con la foto y yo con el gol!".
Tras los abrazos de rigor, los protagonistas ejercieron de genios modestos. "La foto fue una casualidad, porque si ves las foto, no la haces. Así que sólo supe lo que tenía cuando revelé el carrete", explicó Agustín. "Ni siquiera sé si la foto se publicó al día siguiente, no lo creo. Salió después en el Boletín del Madrid. Eran otros tiempos, tú te encargabas de todo. Primero hacía las fotos en el campo, luego las revelaba en la calle Alcalá y después las repartía por los periódicos en tranvía".
"Pues ya lo ves, todo fue una casualidad: mi gol y la foto. Recuerdo que la pegué con el exterior de la zurda y el balón hizo el chanfle al revés. Y se coló dentro. Hablan mucho de los golazos, pero generalmente tú tiras a portería y luego sale lo que sale", comentó el propio Di Stéfano.
El gol, fruto de una combinación con Rial, fue el tercero que lograba Di Stéfano aquella noche (4-0) y debió ser especial porque la celebración no resultó común. "La de aquel gol fue una celebración fantasma y es verdad que ya no se celebran así. Ahora se sacan unos abrazos que no veas. Además hay quince cámaras y parece que el tipo ha marcado 15 goles. Hoy marcan un penalti y salen corriendo para saludar a la mamá".
"Y no digo que lo de antes sea mejor, que luego se enfadan conmigo; sólo que era distinto. Antes, por ejemplo, la gente iba con sombrero y corbata al campo. Yo vi eso jugando Lángara en Buenos Aires, con San Lorenzo. Por cierto, aquel día marcó goles de todos los colores".
Mientras Di Stéfano escribía su leyenda, Agustín Vega fotografiaba la suya a pie de campo. "Me ha pasado de todo. En una ocasión un balón salió fuera y yo, para devolverlo al campo, le metí un gol a Betancort. También me abrieron la cabeza en el Bernabéu, en una ocasión que perdía el Madrid, y seguí haciendo fotos con una venda. Recuerdo que diluviaba".
Entrañable.
Si el encuentro fue emotivo, la conversación resultó deliciosa y desordenada, como se agolpan los recuerdos. Agustín Vega, por ejemplo, descubrió que había sido botones del Atlético y que le echaron por escaparse a ver un partido. Di Stéfano, divertido, incidió en la picaresca de la época. "Había un tipo que se colaba en el estadio con una barra de hielo y en la puerta decía que era para los jugadores. Había otro que llevaba una galleta María en el interior de la solapa y la hacía pasar por la credencial de un policía secreto. Cuando le descubrieron le preguntaron qué hacía con una galleta en la chaqueta y el tipo contestó: '¡Me la como en el descanso!".
Como no podía ser de otra forma, Di Stéfano se convirtió en el protagonista de la tertulia. Y rió con ganas. Con el auditorio cautivado, pasó de Gardel a la cantera sin que notáramos la transición. "Mi padre nunca perdonó a Gardel no haber sido barítono. Recuerdo que en casa había fotos de Caruso o Tito Schipa, los mitos de la ópera en aquella época. Yo tenía cuatro años cuando murió Gardel, pero lo recuerdo bien, porque llevé el periódico equivocado a mi padre y me hizo volver a por el suyo. Gardel murió en Medellín, cuando su avión iba a despegar, pero falleció en tierra, ojo, dicen que por una balasera (tiroteo) que alcanzó al piloto, uno de los mejores que tenía Avianca".
"Años después en París, junto a Muller, Kopa y Santamaría, me topé con El Garrón ("el gorrón"), el local que compró Gardel en París para beber con sus amigos. Creo que he sido el único argentino que he sabido donde estaba".
"Se dice que Gardel cada día canta mejor, y es porque antes cantaba con tres tíos que tocaban alambres y ahora le ponen orquestas detrás. Está enterrado en el cementerio de La Chacarita y siempre hay alguien que le enciende el cigarrillo de su estatua".
Y del pasado, al presente. "Vi al Manchester contra el Roma y me gustó mucho, aunque le faltaba Giggs. No hizo un gran partido, pero defendieron con tesón y entusiasmo. Es verdad que Cristiano Ronaldo es muy bueno, pero esos jugadores hay que sacarlos de abajo, por que si no ¡para qué queremos la cantera! A los chicos hay que probarlos y enseñarlos, porque a los jugadores el asunto les entra por los ojos y no por los oídos. El entrenador no pone a nadie: los jugadores brotan solos, como las plantas. Cuando llegan saben el abecé y tú debes enseñarles lo que sigue, la hache o la jota, y no estoy hablando de la jota aragonesa".
"Cuando yo debuté con River con 18 años me dijeron: cuando veas a uno con una raya roja en la camiseta, se la das. Sólo eso me pedían. Perdimos contra San Lorenzo, pero yo hice una chilena que se estrelló en el travesaño. ¡Si la marco me consagro! No dormí en dos días...".
"Miren, yo le pongo velas a la industria británica, ¡la que armaron los ingleses...!".
Di Stéfano descubrió que cuando presiente que el Real Madrid va a sufrir en un partido, prefiere no acudir al Bernabéu. Así lo hizo en las visitas de Roma y Getafe, ante los que se cosecharon dos derrotas. "Lo hago por el bobo (el corazón), porque no quiero que me dé ningún susto. Me han dicho que me han puesto un mecanismo de primera categoría, pero con esto pasa como con los relojes, no te puedes fiar".
Contra el Sevilla, le falló el olfato: no acudió al estadio y vio el partido al día siguiente en vídeo. Y disfrutó: "Lo mejor del partido fue el entusiasmo de ir a buscar la pelota. El equipo atacó y se quedó defendiendo, no como otras veces, que se quedan desperdigados. Lo hicieron perfecto y eso que los del Sevilla también la tocan muy bien".
"Claro que hoy todo es distinto, empezando por los balones. Ahora parecen globos. Tienen el mismo peso, 450 gramos, pero es diferente la textura y al golpearla con el pie la pelota se hunde y tiene una dinámica diferente".
"En Buenos Aires había balones de distintos números, 1, 2, 3, que no tenían el mismo peso, de manera que los más jóvenes jugaban con unos y los mayores con otro. Por eso había chicos de 12 años que ya hacíamos maravillas. Eso era bueno para aprender".
Sobre la pelota trata una de las anécdotas más divertidas de Di Stéfano. "En Argentina llaman bartolear a despejar el balón a cualquier sitio. A esos jugadores había que recordarles de qué estaba hecho el balón, de cuero, de donde venía el cuero, de la vaca, y qué comían las vacas, el pasto. ¡Pues bajen la pelota al pasto!".
La preparación física también era diferente, pero los jugadores no lo acusaban tanto. "En mi caso prefería jugar entre semana que el entrenamiento del miércoles, que era el más fuerte que había. En este asunto creo que la culpa la tiene la Prensa, que dice que los jugadores están cansados por jugar entre semana. Y claro, ellos se agarran a eso y lo hacen cosa de ley. Pero ahora los hoteles son mejores, los viajes, la alimentación".
La precariedad no evitaba al irrupción de prodigios físicos como Francisco Gento. "Le pedíamos que parara un poco porque no le podíamos seguir y al final ya no nos salía ni la voz. Lo de Paco ha sido un espectáculo. Gento era un velocista y luego lo aprendió todo, incluso el taquito, porque él no la daba de tacón, sino de taquito".
El escultor Pedro Montes, buen aficionado y socio del Madrid desde el año 63, recordó que algún entrenador dijo que no le sorprendía como corría Gento, "sino cómo se paraba, en seco".
Las aventuras de ese equipo fabuloso e irrepetible son multitud. "En Belgrado, en cuartos de la Copa de Europa de 1956, nos encontramos con una nevada increíble. Yo creo que Bernabéu no quiso el aplazamiento porque estábamos detrás del telón de acero... Nos ganaron 3-0, pero quedaron eliminados (4-0 en el Bernabéu), así que cuando acabó el partido nos despidieron con bolazos de nieve. Villalonga, que era el entrenador, salió muy digno sacando pecho. Hasta que le tiraron una bola con una piedra dentro y casi lo matan al pobre".
Solidario.
Rial, Mateos, Gento... Los relatos de Di Stéfano siempre incluyen referencias elogiosas a sus compañeros. "Porque yo no he sido un goleador, ni siquiera me gustaba tirar los penaltis. Lo que yo he sido es un jugador de equipo, un compañero. Para que lo sepan".
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Así transcurrió la carrera de un jugador que sufrió pocas lesiones, aunque inoportunas. "En Chile no jugué por un problema de ciática que no resolvió ningún tratamiento. Me puse onda larga, corta y hasta onda media...".
"Tienes buena memoria Alfredo, pero ¿te acuerdas de lo que hiciste ayer?", le preguntó Ferrándiz. "Pues a veces me olvido Pedro. Ni siquiera he recordado que tengo que tomar unas pastillas Duermo poco. A veces me quedo dormido a las doce y me despierto a la una. Entonces me pongo a leer o a ver la televisión. Me gusta la Liga argentina. O el baloncesto americano. ¡Que buenos son! El que más me gusta es Kobe Bryant Y también el gordo... ¡Shaquille! Y así voy. Me ducho a las cinco de la mañana y me afeito a las seis. Pero no crean, que por la mañana estoy muy fresco".



