Estocada de Champions
Los de Aguirre, superiores. Maresca fue expulsado por agredir a Agüero. Maxi y Kun, goleadores. El Atlético, a cinco puntos más el goalaverage

El guadianesco Atleti sacó su mejor perfil en el duelo a vida o muerte con el Sevilla. Aguirre escogió armas: sacrificio descomunal y velocidad. Jiménez aceptó el juego, y perdió. El Atlético salió con descaro, a jugar de verdad y fue el triunfador en una noche que puede ser decisiva en la lucha por la Champions. Golpe mortal en el campo del perseguidor, que sufrió un frenazo en seco.
Los atléticos plantearon un partido mucho más serio, con los conceptos mejor definidos. Salieron a morder desde el arranque y pronto marcaron a fuego su espíritu guerrero. El encuentro se disparó con dos chispazos de Agüero y Luis Fabiano, que salió al campo con rostro de depredador, siempre listo para ejecutar. Aunque anoche tuvo más ganas que pólvora, más rostro de goleador que poder de definición. Pese al inicial cruce de golpes, el duelo se desequilibró de inmediato. El Atlético enseñó sin temores su estrategia: torpedear, una y otra vez, a Alves para descubrir sus carencias defensivas. Simao cumplía con las órdenes y en su tercera incursión gestó el gol de Maxi.
El tanto del argentino le daba aún más poder al Atlético, que superaba al Sevilla con un espectacular despliegue físico. Los atléticos acudían a cada acción como si fuera la definitiva. Cuatro hombres cerraban con candado las bandas. Navas se hartó pronto del partido y Capel tenía que recibir muy atrás el balón. Una bendita lesión, para Navas, le echó del partido. No era su noche. La eterna promesa De Mul volvería a enterrar otra oportunidad. Su querencia a ir a las tablas le impide ser vertical y peligroso. El Sevilla renunciaba así a una de las bandas. Capel, siempre decidido, acudía al centro del campo. Por delante le quedaba una carrera de 50 metros, distancia eterna para explotar su regate. Raúl García y Camacho iniciaban la presión, superando a Keita y, sobre todo, a Poulsen, que nunca encontró su sitio en el partido. Nadie se escapaba del esfuerzo. Agüero se desgastaba en mil contras y Forlán firmaba una actuación sensacional. Arriba era una serpiente de cascabel y en defensa, un lobo defendiendo su guarida.
Inferior y débil. Con este panorama, el Sevilla se sintió desbordado y fue incapaz de deshacerse del dominio al que se veía sometido. Alves sufría con Simao y Luis Fabiano y Kanouté eran arrollados por Pablo y Perea, que ofrecieron un catálogo de contundencia. Sin jugadas para el recuerdo, fueron capaces de paralizar a la pareja de moda. Con las bandas cortocircuitadas, el Sevilla buscó con obsesión a Kanouté a base de voleones. Al malí le costó un mundo adaptarse a ese juego. El delantero no estuvo fino y Luis Fabiano lo sintió. Pese a la empanada mental, la calidad de ambos sirvió para elaborar la jugada del empate de Capel. Todo ocurrió en el ilusionante arranque que el Sevilla tuvo en la segunda parte. El equipo se activó y cazó en el marcador al Atletic, que lamentaba haber dejado escapar vivo al rival en los primeros 45 minutos. Comenzaba una aventura nueva.
Hasta que apareció el habitual error de la defensa sevillista. Antonio López lanzó un centro medido que Agüero aprovechó para recuperar la ventaja. El delantero se coló entre la pájara defensiva de Alves y las deficiencias de Mosquera en los balones aéreos. El colombiano, que se había mostrado seguro en las marcas fuera del área, tropezó en la misma piedra. Y es que un balón de playa, lanzado con unas chanclas, se convierte en una bomba racimo cuando sobrevuela el área pequeña del Sevilla. Dos minutos más tarde, Maresca se ganó la expulsión propinándole un cabezazo a Agüero. Era la prueba evidente del nerviosismo de los sevillistas, de la impotencia de sentirse incapaz de superar al contrario.
Con las banderillas puestas, el Sevilla se soltó. Alves tapó su desastrosa actuación defensiva con impulsos valientes. Luis Fabiano acabó buscando otro gol de oro, pero el Atleti caminaba por el Sánchez Pizjuán con su cara más seria. El Cid, Talavante y Enrique Ponce lanzan hoy la temporada taurina. Pero la estocada de Champions la dio anoche el Atleti.
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Raúl García sufre un esguince de grado 1-2 en el ligamento lateral externo de su tobillo derecho. El centrocampista del Atlético se lesionó tras una entrada de Poulsen. Fue retirado en camilla, aunque salió al campo en el segundo período. No pudo seguir en el campo y fue sustituído por Cléber en el minuto 51. Hoy le harán pruebas para ver el alcance de la lesión.



