Copa del Rey | La contracrónica de Juan Cruz

El Barcelona se tomó la tila

Es curioso que este Barça de ahora recurra como refresco a los más veteranos"

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La tila. Laura Martínez, que acompaña a Manuel Oliveros en las retransmisiones de los partidos del Barça para la SER, le pidió a sus colegas de Valencia que se tomaran una tila, cuando el 3-2 asomaba como una amenaza para el equipo de Koeman. Los nervios ya eran infinitos, y el Barça tenía taquicardia, una enfermedad rara para un conjunto que entró en Mestalla con una sobredosis de tila, precisamente. No sé si los comentaristas a los que Laura les pedía tranquilidad alcanzaron alguna dosis, porque el Barça parecía que se había tomado todas las tisanas disponibles. Hasta que llegó el miedo y empezó a empujar.

El refresco. Es curioso que este Barça de ahora recurra como refresco a los más veteranos de la plantilla. Y, sin embargo, fue lo único que despertó al equipo del letargo de la tila. Cansado de sí mismo, el conjunto azulgrana parecía una copia gris de sus buenos tiempos, y aquel Valencia sin ganas que vimos ante el Sevilla se le subió a las barbas con dos tremendos trallazos que dejaron a Víctor Valdés maldiciendo a su defensa. Y con razón. Pero más bien tenía que haber maldecido la existencia de la tila. ¿El refresco? Sylvinho fue imaginativo, y participó en el primer gol; y el otro refresco, el francés Henry, marcó ese gol que sólo un hombre de su temple puede llegar a hacer. Y luego defendió en su área como un jabato. Un currículum así lo pueden exhibir pocos.

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El sueño de Etoo. Cuando el Valencia aclaró su porvenir y marcó el tercero, la cámara enfocó a Joan Laporta. Sonreía, como La Gioconda. ¿De alegría, de educación, de paz? Sonreía, sin más adjetivos. Había prometido una prima, y los jugadores se iban quedando sin ese parentesco. Ya son multimillonarios, supongo, qué más da una raya más para un tigre. Me dio pena ver a Etoo en la primera parte; la sobredosis de tila debió consumirla entera. Marcó su gol. Pero el Barça ya no proyectaba otra cosa que sombra. Sobre su presente, sobre su porvenir. Una luz, aún, entre tanta pavesa, la de Bojan, el único que puede levantar el dedo y decir: "Eh, que yo estaba despierto". El resto dormía un sueño del que se despertaron demasiado tarde.

Koeman versus Rijkaard. La tila se la había tomado Rijkaard, hasta que le vio las orejas al lobo. El Valencia de este año es un equipo manso, y Rijkaard creyó que el suyo no lo era. Pero lo es. Está aletargado, confiado en que su desgracia es provisional. El Valencia está tan herido que muerde. Koeman tiene ese aspecto del que necesita ganar para sobrevivir. Acaso Rijkaard necesita perder aún más para aprender que la tila no es el remedio, sino la enfermedad. Es posible que la lección de anoche no le sirva ni a uno ni a otro. Porque, del mismo modo que perdió el Barça, este mismo Valencia que le ganó pudo haber sido goleado en la ida por el equipo que perdió.

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