Segunda B | Algeciras

El encierro continúa... y ya son tres semanas

Tensa situación que empieza a recordar a la del verano de 1986

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La situación en el Algeciras empieza a tensarse. Cuando más cerca parecía estar una solución al impago de los salarios a la plantilla, los acontecimientos de esta semana están minando la moral de los jugadores, encerrados desde hace ya 21 días.

Y es que el nombre del primer estadio donde este club, a punto de ser centenario (se fundó en 1912), jugó sus primeros partidos como local parecía augurar un camino de tormentos: El Calvario. Es lo que están pasando los jugadores y empleados del club, sin cobrar desde principios de temporada y lo que es peor, con visos de seguir así. La renuncia de uno de los avalistas para el endoso del Ayuntamiento y la irregularidad en el modo de hacerlo del otro, han dejado aparcada esta vía de solución.

La otra que empezó a abrirse la semana pasada se ha quedado en nada. La aseguradora multinacional de incógnito que Eduardo Herrera (Presidente de la FAF) había encontrado, debía responder el pasado martes tras haber estudiado la situación económica del club. Es jueves y parece haberse convertido en una empresa fantasma. No se sabe nada.

La situación comienza a tornarse dramática y empieza a flotar en el ambiente el recuerdo del trágico verano de 1986. Después de militar en Segunda en la temporada 83-84, se pasó a la catástrofe dos cursos después. Arruinado económicamente, descendido deportivamente a Tercera y en los despachos a Regional Preferente por impagos, el Algeciras se asomaba al pozo de la desaparición.

Entonces apareció Juan Gandiaga y levantó el vuelo del club con ayuda, no tanto de los estamentos municipales, sino por el empuje y la devoción de un vestuario entregado a los colores de su club. Los Capa, Cabello, Almenara y Quico lucharon por que el equipo no desapareciera. Una vez salvado de la quiebra, el club tuvo que meter desbrozadoras en El Mirador, cuya hierba alcanzó hasta un metro de altura. Se empezó de cero en Regionales y los jugadores (algunos de ellos habían estado en Segunda División), cobraban conforme se iban produciendo ingresos. El futbolista está hecho de otra madera. Y el esfuerzo tuvo recompensa. Ese mismo curso se subió a Tercera y el siguiente a Segunda B con una mezcla urgente de veteranía y bisoñez que recuerda y mucho a la plantilla actual.

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