Un nuevo episodio en la búsqueda de un cerebro rojiblanco

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El Atlético ha convertido la búsqueda de un mediocentro en algo así como su Grial particular. García Pitarch lleva ya dos temporadas en su papel de Perceval peinando lo conocido (Motta) y lo desconocido (Cléber Santana) con poca suerte hasta el momento. Dio luz verde a la salida de Luccin pensando en que Maniche había hecho propósito de enmienda, pero se equivocaron, o más bien les defraudó Nuno. Al portugués no le iba muy bien en el Atlético y Cerezo cree que fue un error dejarle marchar. Tampoco es que Maniche le esté dando mucha suerte al Inter, más aún cuando su papel está siendo testimonial. Su pataleta con Aguirre dejó tocado al mexicano, pero es que nada más llegar a Milán es Mancini el que parece, o al menos eso ha dicho ya, que no seguirá. Así las cosas el Atlético, un año más, entrará en la ginkana de los mediocentros. Sí rotundo a Diego. El brasileño no es un pivote al uso, es un mediapunta reconvertido que consigue oficiar de armador, eso sí, en un equipo creado, diseñado y dirigido para atacar como es el Werder Bremen de Thomas Schaaf. En otro ambiente, como ya se vio en el Oporto, no funciona.
Diego adorna esa espectacular visión panorámica con un disparo muy efectivo con ambas piernas y esos toques de genio que sirven para desequilibrar partidos y eliminatorias. El brasileño, sin duda, puede acabar con esa novela de folletín en la que se ha convertido la nómina de mediocentros rojiblancos con aspiración a llevar el peso ofensivo. Habrá que ver ahora cómo se las ingenian en los despachos y qué argucia utilizan para limpiarle a los gallitos europeos a un futbolista que se revaloriza en cada entrenamiento. Que tengan suerte.



