"Soy un perfeccionista; siempre pongo pegas"
El zaragozano no se deja llevar por la euforia, aunque se muestra muy optimista de cara al futuro de un equipo al que ve capaz y con ganas de revertir la situación actual.
La semana pasada tenía que reanimar a la gente y ahora le toca frenarla...
Sí, intenté transmitir ilusión y actitud para dar alegría al grupo. El equipo estaba muy tocado y con cara de circunstancias. Toda la semana trabajamos en ese aspecto y la verdad es que el grupo ha reaccionado sobre el campo como se vio el sábado. Pero ahora lo que toca es todo lo contrario, tener los pies en el suelo, ser humildes y saber que si trabajamos como lo hicimos en el partido ante el Atlético, y con esa actitud, se pueden hacer muchas cosas. De lo contrario iremos otra vez a donde estábamos antes.
¿El del Zaragoza era un problema futbolístico o anímico?
Futbolístico no creo, porque a los jugadores no se les olvida jugar al fútbol. Creo que era una cuestión de ánimo. El grupo venía de cuatro derrotas, no había alegría, no se transmitía nada Era un equipo plano pero entre todos logramos que volviera a ser el que queremos todos. La Romareda tiene que ser un fortín. Hasta ahora hemos dado ahí un rendimiento más regular. Ahora nos toca jugar fuera donde, por las circunstancias que sean, el equipo no ha rendido. Debemos trabajar y jugar igual que en La Romareda, estamos capacitados para ello. Esa es la idea que voy a transmitir cara al domingo. En este punto hay que hablar también de la afición. Que recibiera tan bien al equipo y tirara de él en los momentos complicados fue beneficioso.
¿No tiene eso mucho que ver con usted, con la aparición de un hombre de la casa?
No voy a olvidar nunca la ovación que me dieron el sábado al decir mi nombre por la megafonía. Se me puso la carne de gallina. Y de alguna forma todo esto me activa más. He vuelto a mi casa y no ha habido ninguna voz discordante. Ha sido increíble, todos han estado de mi lado y eso te obliga a pensar más las cosas y a intentar transmitir más. Yo me crezco ante esas situaciones porque, cuando recibes cariño y todo lo bueno que he recibido yo, tienes que intentar devolverlo con más trabajo si cabe.
¿Le ha sorprendido la buena acogida que ha tenido, siendo una apuesta tan inesperada?
Lo primero que me sorprendió es que me llamaran. Hasta cuando hablé con Pedro Herrera para ir a comer con Agapito Iglesias, Miguel Pardeza y él, entonces ni siquiera sabía que Irureta estaba fuera. Me sorprendí un poco, pero dije que vendría enseguida, aunque primero había que hablar con el Huesca. Me sorprendió todo, y lo del recibimiento... No es normal que toda la grada ovacione a un entrenador, aunque sea un hombre de la casa.
Se había hablado mucho de que este equipo no está acostumbrado a jugar con la presión de la zona baja, pero el sábado no pareció ser así.
Hombre, quizá muchos jugadores no han estado nunca luchando por no descender, pero eso no es ninguna excusa para que el equipo no pueda rendir al máximo. Al fin y al cabo a los jugadores lo que se les pide es rendir al cien por cien, esté el equipo arriba o abajo.
Después de esos años en el segundo plano, ¿hasta qué punto teme uno quedar desactualizado? ¿Ha rejuvenecido en el Huesca?
Desde luego. Cuando me quitaron del filial, algo que está claro que no me gustó, estuve tres años en la secretaría técnica viendo fútbol, pero no es lo mismo. Reconozco que, si hubiera pasado de un despacho al campo, hubiera tenido que sufrir una fase de adaptación como me sucedió cuando aterricé en el Huesca. Entonces me costó un poco durante el primer mes retomar la rutina de entrenamiento, de hablar con los jugadores, de elegir el sistema, de trabajar la estrategia Afortunadamente, ahora estaba en activo y he pasado de una plantilla a otra. Aquí tengo que hacer prácticamente las mismas cosas que hacía en el Huesca.
¿La ciencia del vestuario es la misma en un equipo de Segunda B y uno de Primera?
El mensaje es el mismo. Yo hablo igual con un jugador de Segunda B que con uno de Primera: voy siempre de frente, miro a los ojos y el respeto que yo voy a tener a los jugadores lo quiero también para mí. Yo planifico el entrenamiento con Roberto Cabellud y él ejecuta la sesión. Cuando entramos ya en sistemas y el aspecto táctico tomo el mando yo. Trabajamos primero la preparación física y, según va pasando la semana, nos centramos ya en juego del equipo contrario, en el aspecto individual y colectivo, su sistema de juego, cómo lo desarrollan y luego ya centrarnos en nosotros. Cuando el jugador salta al terreno de juego sabe ya lo que tiene que hacer de pe a pa. El que no lo haga será porque no puede o porque no quiere. Si no puede se le cambia; y si no quiere es peor, entonces se toma una determinación. Pero pienso que hay buen feeling con los jugadores. El problema es cuando a la cara se dice una cosa y por detrás se hace otra.
Quizá al equipo le hacía falta un aglutinador de sensaciones que centre a los jugadores.
Al fin y al cabo lo que yo hago es ayudar a los jugadores a que se centren cada uno en lo suyo. Cuando por ejemplo se habla de Matuzalem, un jugador que por sus características no puede ser un marcador... Donde tiene que explotar es cuando tenemos el balón, porque técnicamente es un jugador muy bien dotado. Entonces, a cada uno hay que darle una labor adecuada en beneficio del equipo.
Aparte de lo anímico, hay un cambio de sistema...
Ahí hemos trabajado mucho. Quizá el equipo estaba acostumbrado a jugar de una manera y yo pienso que, en estos momentos, no veo tan equilibrado ese sistema para los jugadores que tenemos. Ahora creo que tenemos una mejor ocupación del terreno y que desarrollamos un juego mejor. Pero claro que hemos tenido fallos, pese a las alabanzas. Tuvimos también algunos despistes atrás, pérdidas tontas de balón en el centro del campo, incorporaciones que no se producían cuando no teníamos la pelota En cuatro días no se pueden hacer todo. El 4-1-4-1 es nuestro sistema, pero tiene que haber un sistema táctico en cada partido con arreglo a los contrarios. En un momento determinado puede variar a un 4-2-3-1 o un 4-4-2, dependerá de nuestra situación.
¿Cómo le explicó su suplencia a Ricardo Oliveira?
Le dije que me resultaba muy difícil explicárselo, porque estoy convencido de que es uno de los mejores delanteros de España, pero que tiene que entender que lo hago en beneficio del equipo porque creo que es lo mejor. Yo no doy explicaciones ni cuando pongo ni cuando quito, pero creo que Ricardo era una excepción.
¿Le queda mucho para alcanzar el estilo que busca?
Soy un perfeccionista y siempre le voy a poner pegas a las cosas. Creo que nos queda mucho camino por delante porque también hay jugadores fuera que pueden estar dentro del equipo. Tuvimos 75-80 minutos en los que estuvimos muy centrados, pero hubo un momento en el que perdimos un poco el norte. Sobre todo cuando el Atlético se nos vino encima al final. Ahí nos faltó orden a la hora de defender y eso es lo que tenemos que evitar por encima de todo. Después de su gol hubo también un momento de duda, pero empatamos pronto. Debemos tener la suficiente fuerza mental para pensar que podemos remontar un resultado en contra.
La del sábado fue la primera remontada del curso
Sí, lo he leído. Cosa que habla mucho y bien de los jugadores. Tenemos jugadores en general bastante inteligentes y han captado todo bien. Y los que tienen más experiencia y han vivido todas las situaciones son los que deben tirar más del equipo.
En el análisis que hace usted de la primera media hora de partido, en la que el Atlético se adelanta, ¿pesa más la calidad del Atlético o los errores del Zaragoza?
Si el equipo tuvo una virtud en esos momentos es que defendió con todo. Lo peor quizá fue que tuvimos miedo a salir un poco más hacia adelante. Yo siempre digo una cosa: cuando el partido se pone mal, el equipo que defienda bien, que luego siempre tendremos opciones de llegar arriba. Hay que tener en cuenta que veníamos de cuatro derrotas y eso empuja a un equipo hacia atrás. La clave fue empatar, una vez que marcamos el equipo se soltó, se fue hacia arriba.
Jugando con sólo un punta, la llegada de los medios y por las bandas es vital.
Está claro. Hay gente que juega con dos o incluso tres delanteros, pero resulta que tienen menos llegada que un delantero y cuatro que vienen por detrás. Hay que mirar al resto del terreno, tenemos dos laterales con vocación ofensiva. Entonces, si lo hacen bien, tenemos que aprovecharnos de ello siempre que no repercuta en defensa. Por eso, cuando sube Diogo se tiene que quedar Juanfran. Y al revés. El equipo debe estar siempre escalonado.
Sorprendió ver a Óscar, habitual por la banda desde hace tiempo, en el centro. ¿Le piensa dar continuidad ahí?
Fue una decisión específica de este partido. Primero, porque creía que Sergio García le podía causar más problemas a Varela que a Antonio López. Segundo, porque conozco bien a Óscar ya que me mandaron a verlo antes de ficharlo e hice hasta cinco informes sobre él cuando estaba en el Valladolid. Le conozco y sé dónde puede rendir más, pero eso no quiere decir que no vaya a jugar en banda Y en tercer lugar, porque tenemos un lateral como Diogo que se incorpora mucho al ataque y tenemos a Óscar, al que algunas veces le cuesta regresar. Con lo que la posición de Gabi en banda no era la de un hombre muy avanzado, sino que era un jugador que estaba muy pendiente de las roturas de Óscar en ataque y de las subidas de Diogo, hacía un poco de catapulta siempre. Decidí equilibrar con la inclusión de Gabi y para mí hizo un partidazo y un derroche de energía tremendo.
Matuzalem era quizá el jugador con el ánimo más bajo después de cinco meses sin jugar. ¿Cómo le animó?
Hablé con él y le pregunté si estaba cómodo en la posición en la que había ensayado con él en los entrenamientos. Me dijo que sí. Entonces le comenté que lo que tenía que intentar era hacer correr el balón y hacer jugar al equipo. Se dice que no llega mucho, pero tuvo dos o tres llegadas que pudieron haber sido goles. Aunque él tiene que elegir, no tiene que llegar y llegar. En el centro del campo hay un hombre defensivo que es Luccin, él tiene que dar el primer paso para intentar jugar cuando tenemos la pelota. Luego tenemos un organizador, que es Matuzalem, y un llegador, que es Óscar. Ese sistema no quiere decir que Matuzalem no pueda llegar en un momento determinado. Sobre todo en momentos en los que se termine la jugada, porque Matu no es un hombre de recuperar rápido. Si Óscar es un hombre también de llegada arriba, entonces tenemos que tener a Luccin ahí para hacer de stopper en momentos determinados. Por eso no es sólo un sistema, es un sistema que luego se desarrolla sobre el campo. Luego puede no funcionar y entonces hay que cambiarlo, aunque en este momento creo que funciona bastante bien. Hay que mejorar cosas, pero estoy contento.
Se ha hablado mucho de la defensa esta campaña, ¿se ha encontrado un problema estructural?
Si hablo de lo que me he encontrado o no, eso a lo mejor va en detrimento de los entrenadores anteriores y eso lo voy a respetar por encima de todo. Lo único que puedo decir es que quiero cuatro defensas y un jugador por delante. El contrario juega siempre con un punta y un mediapunta o dos puntas, así que ese stopper tiene que estar en contacto con los centrales en la salida del balón y a la hora de marcar. También ha de estar atento a los laterales, apretando cuando viene el balón y cerrando cuando se incorpora el lateral rival. En momentos determinados, cuando sale un central a presionar, Luccin debe estar atento para cerrar el puesto Tiene que haber una compenetración total entre esos cinco jugadores. Luccin estuvo muy bien en el medio, quizá con los laterales hubo desajustes que tenemos que corregir.
¿Cómo afronta esta nueva etapa en el Real Zaragoza?
Con una ilusión y una alegría tremendas. Con todos los antecedentes que había, no porque crea que no valgo para esto, no podía pensar ahora en que sucediera algo así. Cuando bajó el Zaragoza, yo estaba en el filial y el equipo era primero, entonces hubo un momento en el que quizá pensaba más que ahora que podía haber estado en el equipo. Ahora, desde que se marchó Víctor, no pensé en poder estar aquí, pero de repente me llaman y tengo unos deseos tremendos por mejorar esto y, también, unos deseos tremendos de que al Huesca le vaya fenomenal.
Aún faltan cuatro victorias.
Ese es el mensaje que hay que transmitir. Sólo hemos ganado un partido. El equipo ha dado una medida, pero tiene que seguir igual. Si pensamos que con una victoria ya está todo hecho vamos mal. Vamos a tener que sufrir y trabajar, pero soy optimista porque veo que el equipo está respondiendo.
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¿Tiene la ilusión de seguir la próxima temporada?
No me lo planteo, porque ahora lo que importa es sacar de ahí al equipo. Aunque no cabe duda de que estoy contento y orgulloso y, si de aquí al final el equipo hace una buena campaña y logramos el objetivo, me agradaría enormemente esa posibilidad.



