Messi ya no está triste
Dos goles del 'Pulga' sirven para remontar al Celtic


Glasgow es una ciudad que vive el fútbol. Lo siente, lo palpa, lo necesita como los litros de cerveza que acostubran a tragar a diario sus habitantes. El clima, la escasa actividad cultural y el aburrimiento de sus habitantes hacen que cada partido sea una motivación tan especial que cuando acuden al estadio en familia, con amigos o en solitario, decidan dejarse el alma en pos de sus colores. Cada acción de sus amados e idolatrados futbolistas es celebrada como si fuera la última que fueran a ver. Es un espectáculo paralelo al que ofrece el terreno de juego. Y ayer no fue menos. Vibraron con las aproximaciones del Celtic al área de Valdés (dos en la primera parte, dos goles de cabeza; falló Milito), pero muchos no acababan de entender por qué se habla mal del juego del Barcelona.
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Dio la sensación de que el equipo de Frank Rijkaard (ayer en la grada, suspendido) disfrutó. Los de arriba tuvieron infinidad de ocasiones que bien remataron fuera o simplemente Boruc desvió de su objetivo. Leo Messi y Thierry Henry devolvieron la igualdad al marcador por dos veces (18' y 52'), comandados por un buen Deco que quiso la pelota e ideaba por él y por sus compañeros. En los casi 65 minutos que el portugués estuvo en el terreno de juego, los Fantásticos comenzaron a identificarse con el apelativo mediático impuesto el pasado verano. Henry arrancó fuerte (dos remates claros), dio la sensación de desaparecer un rato para volver a golpear con fuerza, acierto y mucha dulzura en el inicio de la segunda parte, a la escuadra de Boruc. Messi inició el partido enganchado en la diestra. Tocó y retrasó su posición hasta que se cansaba y se iba al centro, creando mucho peligro. De vez en cuando visitó a su amigote Ronaldinho (merece capítulo aparte), demostrando que el potro necesita libertad para ser feliz. Hizo dos goles (lleva seis en lo que va de temporada en Europa), pero mereció muchos más. El argentino, criticado en las semanas últimas por un teórico bajón, hizo lo posible para matar el partido. El Barça se reencontró con la presión arriba, algo vital en su esquema de juego. Participaron todos los atacantes, incluído Ronaldinho. Sí. El brasileño demostró haber mejorado, aunque cierto es que su marcador (Caddis) siempre le daba un metro de margen para maniobrar y pensar. Hubo noticia, ya que el crack logró irse un par de veces, desbordando y entrando en diagonal al área.
Se cumplió la lógica y el Barça ganó. Con Xavi comandando en el tramo final y demostrando que del banquillo se sacan buenas conclusiones. ¿Habrá aprendido Ronaldinho? Parece ser... Los culés caminan a cuartos. Glasgow gritó y disfrutó, pero el Barcelona impuso su juego, hizo goles y acabó remontando.



