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Buena imagen, mal resultado

Liga de Campeones | Roma 2 - Real Madrid 1

Buena imagen, mal resultado

Buena imagen, mal resultado

Se volvió a escapar un partido que parecía ganado. Raúl adelantó al Madrid, pero remontaron Pizarro y Mancini. Van Nistelrooy disparó al palo

Me anticipo al desmayo general: no pasa nada. Queda la vuelta, el Bernabéu y el Madrid. Además, nadie dijo que esto fuera a resultar fácil. Nunca lo es. El problema es que nos avisaron del peligro y nos lo creímos poco. Roma, ja. Eso pensamos. Todos, no lo nieguen. Y Roma, jo.

Se comprende la decepción del madridismo porque el equipo mereció más, concretamente empatar, a dos o a tres, en eso no entro. Pero visto lo sucedido, la competencia debería ser estimulante, porque queda pendiente una revancha deliciosa contra el destino y contra el enemigo. Buen enemigo, por cierto.

Ocurrió eso. El Madrid jugó un buen partido contra un buen rival y esta vez ganó el otro. Diría que con los mismos hierros que suele matar el Madrid, con idéntico sentido de la oportunidad, despreciando la guarnición y atacando el solomillo. La suerte también fue suya, pero la suerte no es argumento. A estas alturas, la suerte es buen plan que te salió mejor.

En otros tiempos nos felicitaríamos por el gol fuera de casa y nos frotaríamos las manos soñando con la próxima noche europea. Pero nos lo impide tanto el partido que imaginamos como el que vimos, la superioridad del Madrid, su dominio, las ocasiones, el palo y el penalti que pudo ser. Vale.

Sin embargo, hay adversarios que necesitan balas de plata y estaca en el corazón. Hay rivales escurridizos, inteligentes y venenosos. Hay enemigos que prueban si mereces ganar la Copa de Europa. Como el Roma. De manera que en lugar de entender la derrota como un mal augurio, convendría asimilarla como lo que es: el primer dragón. Nada más y nada menos. Ser héroe mancha.

Arriba. Sentadas las bases del optimismo, pasaremos a analizar el encuentro. La primera parte fue un sinvivir. Y la segunda, también. No existió eso que se llama transición y que consiste en dar las buenas noches, cómo está, venía a liquidarlo, o justo lo contrario, si ella es romana y usted atrevido. No. El pitido inicial abrió la compuerta de un océano. Y salió el Roma para defender el honor de Julio César y se volcó el Madrid para conservar el prestigio. Correr tanto y tan pronto fue una hermosa imprudencia temeraria que convirtió el juego, desde el primer instante, en los últimos diez minutos de cualquier partido agónico, medias bajas y lengua fuera. Puro disfrute, vamos.

Para responder al protocolo, el primer achuchón fue local y advirtió del coraje enemigo. Sin embargo, el Madrid rompió el hielo. Torres lanzó a Robben desde el centro del campo, banda zurda, y el holandés corrió con ese estilo tan característico, como quien se desplaza con patines. De camino superó a Panucci y, cuando tocó buscar al delantero centro, envió a la media luna, donde aparecía Guti. El disparo fue durísimo, pero resultó mortal cuando Raúl lo tocó. Gol, gol y gol. Admito que nos descontrolamos un poco.

Y el asunto fue a más cuando descubrimos que el Roma estaba groggy. Entonces, el Madrid rondó la sentencia, los cuartos y las campanadas. No exagero. En los minutos que siguieron, el árbitro anuló un gol a Van Nistelrooy por fuera de juego y acertó, pero pudo equivocarse, porque es humano. El delantero reclamó penalti poco después y nadie le escuchó, aunque nunca miente.

Y al acoso se sumó Robben, que ha encontrado el ángel, la velocidad, el desborde y hasta la melena de Igartiburu. Ayer ejerció de extremo y fue como recuperar a un animal extinguido o una novia extraviada. En pleno éxtasis, se coló por la izquierda, se metió por la derecha, y desde ambos flancos repartió balones con lazo.

Se notó que el Roma no tenía este vídeo, porque el equipo se desconcertó por completo y no encontró otra solución que guarecerse y dar un paso atrás. Fue en ese tramo cuando Raúl cabeceó junto al palo una asistencia de Robben e hizo estremecer el estadio Olímpico.

El Madrid dominaba y metía miedo, pero había algo que no terminaba de encajar. Por evidente decisión de Schuster, Diarra se movía por delante de Gago, y el asunto, que no era grave en defensa, entorpecía los movimientos de ataque. En la posición que exige el último pase o el primer disparo, el africano bastante tenía con asear la pelota, con salvar el tipo.

El Roma empató al rato. El capitano Totti condujo, abrió para Mancini y el centro del extremo fue aprovechado por Pizarro en segunda jugada. El chileno puso el alma en el remate, pero el balón se activó al tocar en Gago. De eso se lamentó Casillas, que puede con los tiros humanos, pero le cuestan más los divinos.

Totti, que acusaba claros problemas físicos (tobillo, espalda, años), había resultado decisivo en el gol y se mantenía como eje del equipo romano. Sin alardes, como los cuarentones que juegan con los niños y que jugaron antes. Supliendo con cabeza lo que le negaban las piernas.

Se lo puede permitir quien tiene por detrás a Daniele De Rossi, un jugador que se multiplica por cinco, incansable, robando, pegando, un Gattuso pasado por Armani, un magnífico futbolista dedicado a labores de fontanería, un rubio que se ha rapado para no parecer blando.

El Madrid no se afectó mucho. Continuó tocando y algunas combinaciones hubieran arrancado olés de no estar en el circo romano. Una de las mejores finalizó con el disparo de Van Nistelrooy, cerca de la escuadra, después de una sutil asistencia de Raúl.

Y la segunda mitad no cambió el discurso. Al poco de la reanudación, Van Nistelrooy, muy activo, hizo un sombrero a Mexes, que vio cómo Doni le maquillaba la distracción.

Las claves. Sin poder contar con Giuly (muy desafortunado), los romanos seguían frotando las mismas ramas hasta hacer fuego: Totti, Mancini, Totti, Mancini... Y saltó la llama. Sucedió en el único fallo de Heinze en todo el encuentro. De Rossi centró y el argentino quiso anticiparse al control de Totti, pero llegó tarde. El capitano se giró y levantó la cabeza. Entonces ocurrió lo peor. Pensó. El resto fue inevitable. Totti leyó el desmarque de Mancini por la espalda de los defensas, y el brasileño completó la faena al regatear a Casillas y rematar al fondo de la red.

Hubiera sido increíble si no se lo hubiéramos visto mil veces al Madrid, con otros protagonistas, más variados. Pegada, así lo llamamos cuando es favorable, y lo destacamos. Sopapo, cuando resulta en contra. Como ayer. Y entonces surge la injusticia.

A partir de ese momento se concentró aquello de lo que debe sentirse más orgulloso el Madrid. Hablo de la lucha, de la resistencia, de jugar bien y no rendirse. De la dignidad y del prestigio.

Sergio Ramos lo intentó con un disparo lejano con la zurda. Pasó cerca. Robben se inventó una ocasión de la nada y Raúl estuvo a punto de aprovechar el fallo de Doni.

Schuster dio entrada a Baptista y Drenthe (por Diarra y Robben) y el equipo siguió avanzando. Van Nistelrooy remató al palo a falta de once minutos. Los romanos ya estaban encerrados sin rubor. Baptista recibió un último pase de Raúl con el pecho, pero chutó al cielo.

El Madrid volvió a perder un partido que tenía ganado, esa es la mala noticia. La buena es la imagen, el honor intacto. Y la mejor es la vuelta, el Bernabéu, el miedo que tendrán ellos.

El detalle: Ramos no jugará la vuelta por sanción

Ramos, que era el único madridista advertido de sanción, vio una amarilla que le impedirá jugar la vuelta, ya que cumple ciclo. En el minuto 68 fue a por un balón en largo, pero Juan llegó antes y Ramos, en vez de frenar, derribó al brasileño. Nada más hacerlo se dio cuenta de su error, pero ya era tarde.