Aguirre se encerró casi una hora con la plantilla
Mensaje claro: "Debemos estar más unidos que nunca"

Fueron 50 minutos intensos, como hacía mucho que no se vivían en los vestuarios del Cerro del Espino de Majadahonda. Encerrados a cal y canto, lejos de los objetivos de las cámaras Aguirre y los suyos tuvieron un encuentro para analizar lo sucedido en el Calderón la noche anterior. No hubo paños calientes, ninguno, ni jugadores ni técnico, trataron de escudarse en el arbitraje de criterio cambiante de Medina Cantalejo ni siquiera en que su asistente diera validez al segundo tanto del Athletic. Se falló, sin excusas, en dos acciones puntuales y se pecó de confianza tras conseguir el primer gol. Todos estuvieron de acuerdo y coincidieron "ahora hay que estar más unidos que nunca". Esa frase se repitió varias veces durante la charla conscientes de que las palabras del presidente en las horas precedentes podrían haber hecho aparecer una fisura que desde el vestuario rojiblanco se niega.
Cerezo a la misma hora lanzaba una daga afilada a la prensa por sus críticas al equipo, algo que también fue objeto de diálogo en el seno rojiblanco durante la reunión. La plantilla entiende que se critique duramente el juego del domingo, pero no comparten que se cree un clima de alarmismo. "Seguimos cuartos y en Champions", se dicen. La misión de Aguirre, además de repasar los errores del domingo (el principal fue cómo permitieron sus hombres que Javi Martínez recorriera más de 60 metros con el balón para asistir a Susaeta), fue recuperar la autoconfianza de sus jugadores. "Somos los mismos del mes de octubre y podemos sacar los partidos adelante de igual modo", se autoconvenció la plantilla. No sin antes hacer un notable propósito de enmienda. Sólo se había dado una reunión similar esta temporada. Fue tras empatar con el Murcia fuera de casa en la primera vuelta. Después de aquella reunión, el Atlético enlazó tres victorias consecutivas en la Liga.
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Los tres puntos que se perdieron ante el Athletic y los dos que se cedieron al Murcia en casa han supuesto un duro contratiempo en el seno rojiblanco. El Atlético miraba de reojo a varios equipos que venían por detrás, entre ellos Sevilla y Valencia. La idea era aguantar con un colchón de ventaja sobre los hispalenses antes del reinicio de la Champions. De haber ganado al equipo bilbaíno se hubiera dejado la ventaja en ocho puntos, un colchón pensando en que Jiménez debería ahorrar esfuerzos y dosificar a sus hombres en la Liga para acometer los partidos contra el Fenerbahçe. Ahora la diferencia es de cinco puntos.



