Schuster se fortifica por la amenaza de Totti
Heinze y Diarra entrarán en el once. Equipo de lujo en el Roma

El Madrid se enfrenta a un club peculiar. Apoyado sólo por millón y medio de seguidores en todo el país, lo que corresponde al 6% de los 26 millones de italianos aficionados al fútbol (la Juve cuenta con el 31% de los tifosi: once millones de fieles), el Roma está rodeado de enemigos. Se creó en 1927 para contrarrestar "el viento del norte", de modo que señaló como enemigos fundacionales a Juventus, Inter y Milán. Poco después, su identificación con la Roma obrera le enfrentó con el Lazio. Y entretanto cada viaje a Nápoles fomentó una rivalidad que trasciende el deporte.
Se trata de un club de rango medio que adoptó los colores de Roma (el oro de Dios y el granate del Imperio) y que, huyendo de la periferia lazial, encontró cobijo en el centro, como puede comprobar cualquier turista.
No faltaríamos a la verdad si dijéramos que Totti es tutti. Nació en Porta Metronia, a un paseo del Circo Massimo, y se ha convertido en un símbolo de fidelidad a los colores. Resistió las tentaciones de los grandes y rechazó una oferta de Florentino. Excepto el protagonismo con la selección, donde nunca se le recuerda, a sus 31 años ha logrado todo lo que ha estado a su alcance: dos Ligas (de las tres logradas por el club), una Copa y una Bota de Oro (26 goles en la 2006-07).
En muchos sentidos se parece a Raúl (31 años en junio). Por fiel, por constante, por capitán y por no tener un Balón de Oro. De manera que no sorprende que Totti reclamara ese premio para su colega, porque también lo pedía para sí mismo. Hoy se encontrarán en el campo y protagonizarán un entrañable duelo personal. Ambos con achaques. Cuentan que Totti arrastra molestias en la espalda y en un tobillo (13 goles pese a todo). Y sabemos que Raúl (14 goles como si nada) nos ofrece buenas noches y otras no tanto. Así es la eternidad: desgasta.
Respecto al partido de hoy, los antecedentes son engañosos. El Madrid ha ganado en sus tres visitas al Roma, con cierta facilidad y con exhibiciones de Guti. En esos encuentros se mezclaba la superioridad merengue con un complejo que deriva de la admiración. Para un equipo con tantos enemigos, el Madrid es un vengador, el verdugo habitual de Juve, Inter o Nápoles.
Pero hay un dato que pasa más inadvertido: hace 20 años que el Madrid no elimina a un equipo italiano a doble partido. Fue el Nápoles de Maradona.
Ya lo ven: la confianza debería estar prohibida. Además, el Roma es un equipo con buena fama. Su entrenador, Luciano Spalletti, hizo de la necesidad virtud y el año pasado suplió la ausencia de un ariete acumulando centrocampistas ágiles y adelantado a Totti. Lo bordó. Ganó la Copa y se clasificó para la Champions, la asignatura pendiente del club (finalista en 1984) y del capitano. La pasada campaña los romanistas cayeron 7-1 en Manchester, en cuartos.
Esta temporada el Roma sorprende menos, pero se mantiene en el segundo puesto de la Liga. Construido desde un portero brasileño (Doni: Donieber Alexander Marangon), el equipo cambia de dibujo según los movimientos de Totti, y así pasa de escudo a flecha.
Defensa.
Schuster se protegerá dando entrada a Heinze y Diarra. El argentino probó ayer de lateral zurdo (por Marcelo) y de central. Esta última opción desplazaría a Ramos al lateral diestro y colocaría a Torres en la otra banda. El africano parece seguro en el doble pivote, junto a Gago. Guti avanza y Baptista sale del once.
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Spalletti ha convocado a 23 jugadores, incluidos Aquilani y Panucci, que se enfrentaron el domingo, aunque no llegaron a las manos, sólo a las madres. Hoy habrá cinco descartes. La plantilla, por cierto, está repleta de nombres que fueron del Madrid (Panucci, Cicinho), pudieron serlo (Mexes) o aún podrían firmar (De Rossi, Mancini).
No es un partido más. Es lo más. La Liga es la vida, pero la Copa de Europa es la inmortalidad. Pregunten a Di Stéfano.



